
La intervención de los hijos de dios o gigantes sagrados impulsó el renacer de la civilización.

POR VOLUNTAD DIVINA
Asociada con lo sagrado por muchas culturas, la región del Cáucaso es el lugar donde se asentó
Noé
, según el relato del Génesis. La historia de este personaje contiene una clara referencia al enclave donde la humanidad renació tras haber abandonado su hogar antes del
Diluvio
. De hecho, numerosas tradiciones antiguas señalan el Cáucaso como el lugar donde el hombre reinició su proceso civilizador. Los griegos situaron allí la casa de Prometeo, el héroe que llevó el fuego de Dios a la humanidad, y éste parece ser el principal argumento en el que inciden muchas mitologías: el Cáucaso era la morada de los «héroes», de los portadores del saber, entidades que se nos muestran con las mismas características que se les atribuyen en la Biblia.
Según el relato bíblico, los Vigilantes –Irín, en arameo–, a los que describe como criaturas impías, tuvieron relaciones sexuales con las hijas de los hombres, fruto de las cuales surgió una estirpe de gigantes o Nephilim.
El texto bíblico alude a que
los Vigilantes
eran entidades subordinadas a la voluntad divina: «
Había gigantes en la tierra
en aquellos días y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos. Estos son los héroes de la antigüedad, hombres de renombre».