InicioParanormalTwelve-Acre Plot - Parte 5 - Asylum.

CopyPaste de la intro de la , , y

Acá les traigo otra historia de r/nosleep. Para los que no saben, es un subreddit donde los usuarios cuentan historias de terror. En este caso, es más bien de misterio/suspenso.

La autora es u/YelloWallpaper, yo sólo me limité a traducirla.

La historia completa no tiene nombre, pero la 1er parte se llama "Twelve-Acre Plot", que es "Terreno de 12 acres" siendo "acre" una medida (1 acre = 4046.86 metros cuadrados).

Son 6 partes.

Disfruten!

Con "Asylum" se refiere a "asilo psiquiátrico", donde internan a los pacientes con trastornos de dicho tipo.

→ Post dedicado a @---Agus-- y a @LegarioJ




No volví a ver a Jeremy jamás. Nunca llamó, mandó mensajes o vino para ver cómo estaba. Nunca lo agregué a Facebook, no quería. De alguna forma asumí que tomó el siguiente vuelo a Irlanda. Sabía que yo lo haría si estuviera en sus zapatos. Y creo que estábamos felices pretendiendo jamás habernos conocido. Por mi parte, estaba de acuerdo.

Ahora, el tema de las cartas. No sé qué tenían esas infelices, pero no pude destruirlas. Por días me quedaba ahí sentada, mirándolas fijo y desdeñosamente en mi escritorio, diciéndome a mí misma un millón de formas distintas de volverlas cenizas. Perdí el sueño por ellas (como si tuviera algo para perder, en primer lugar), sólo mirando esa pila de cartas amarillas, sintiendo que eran parte de mí. Como si yo fuese parte de esa historia y como si romperlas fuera como matar una pequeña parte de mí.

Por un tiempo, no hubo nada fuera de lo común. No había voces en mi cabeza, parálisis de sueño ni desmayos. Pensé que quizás se había terminado. Quizás a Dios finalmente le había dado lástima y me había dejado en paz. Sé cuán tonto era eso. Créanme que ahora realmente aprecio la frase "la calma que antecede a la tormenta".

Quizás fue mi propia culpa, mi incesante curiosidad. Quizás debí haber dejado la universidad en ese momento y mudarme a medio país de distancia. Pero creo a veces que no hay nada que podría haber hecho para cambiarlo - ese deseo, esa necesidad ardiente de saber, de entender... Bueno, no sé si era yo completamente. No estoy segura de muchas cosas que hice en esa época de mi vida fueron cosas que pude haber controlado. Era como si estuviese poseída por el pasado, e incluso aunque estuviera petrificado por él, estaba comprometida a saber.

Así que lo encontré. Encontré a Theodore Bennett.

Estaba vivo todavía, probablemente cerca de los 70 años, supuse. Según las páginas amarillas, vivía como a 25km, en el condado vecino. No tenía ni foto ni teléfono. Fui hasta ahí, sin saber nada de él, esperando lo mejor. Cuando llegué a la dirección, noté con decepción que era una especie de asilo de ancianos. Traté de pensar en una forma de explicarme mientras me acercaba al escritorio del frente.

"Eh...Hola," empecé, tratando de llamar la atención de la mujer sentada detrás del escritorio de madera enorme. El lugar era oscuro y pesado, con plantas en maceta en los pasillos. La temperatura del aire era como 5 grados más fría adentro, aunque ya era Noviembre. Las paredes eran rosa pálido con pinturas desgastadas de playas y caracoles marinos. No me gustaba. Olía a viejo.

La mujer miró a la pantalla de su pc, aburrida. "Qué puedo hacer por vos?"

"Ehm, me preguntaba si podría hablar un uno de los residentes..."

"Sos familiar?" dijo, sin entusiasmo.

"No, pero eeh, soy...una amiga.." traté.

Levantó una ceja y se cruzo de brazos. "Esto es una institución privada, jovencita. Ofrecemos a nuestros residentes el total y mayor respeto. No nos agradan los visitantes."

"No!" Protesté. "Sólo quiero hablarle.."

Sonaba estúpido, me di cuenta. Por qué una chica de ventipico de años iba a querer hablarle a un hombre de sesenta-y-tantos que no era su abuelo? Mientras pensaba en algo mejor para decirle, fui interrumpida por un grito de angustia de detrás del escritorio, más hacia adentro.

"Virginia!"

Miré hacia arriba, shockeada al ver a un hombre loco de pelo blanco y jorobado tratándose de parar de su silla mecedora. Tiró un envase de plástico, volcando leche por todo el piso de baldozas. La secretaria del escritorio del frente se paró inmediatamente, corriendo a su lado.

"Señor Bennett," le susurró. "Está bien, está a salvo acá."

La miró como un nene asustado y asintió, volviéndose a sentar. Ella vino hacia mí, algo enojada. "Conocés al Sr Bennett?" preguntó impacientemente, con su mano en la cadera. Como si habría de estar en problemas si decía que sí.

Asentí. Ella revoleó los ojos y me dio un sujetapapeles, pidiéndome que llenara la planilla de entrada.

"Así que conocés su condición?" preguntó. En realidad no, pero asentí de todas formas. Frunció el ceño y caminé rodeando su escritorio. Seguí instintivamente.

Teddy Bennett. Él miraba fijo al piso mientras me acercaba, con sus ojos lanzándose hacia atrás y adelante como si contara rápidamenta las baldozas a sus pies. Podía decir que él estaba confuso. Un hombre roto por dentro y cansado. Mi corazón se llenó de compasión.

Cuando estaba cerca, él de repente me notó, sus ojos se trabaron en los míos. "Virginia?" casi susurró, con los ojos brillando de lágrimas. La condición de la que ella hablaba debía ser Alzheirmer.

Tartamudeé por un momento, sin saber qué decir. Para ser honesta, nunca me sentí muy cómoda entre personas mayores. Siempre tuve la impresión de que había que tratarlos tanto como personas adultas como si fueran bebés. Y no tenía idea de cómo hacer eso.

"No, no soy Virginia," dije, apoyándole mi mano suavemente. Oh, era muy flaco, muy huesudo. Traté de sacarla y él envolvió esos dedos huesudos alrededor mío, acercándome a su cara arrugada. Me inspeccionó, haciendo angostos sus ojos hundidos, inseguro. Dándose cuenta de que no me conocía, se reclinó en su silla, derrotado.

Me alcancé una silla y me senté. "Mi nombre es Charlotte," traté. Su cabeza se reanimó por un momento, como si el nombre significara algo para él. Achicó los ojos de nuevo, tratando de recordar, pero suspiró y se rindió.

No sabía por dónde empzar, así que saqué la pila de cartas de adentro del bolsillo de mi sobretodo. Poniéndolas en sus manos, dije, "Creo que son suyas."

Miró hacia abajo, a sus manos con incredulidad por un momento, un centelleo de reconocimiento apareció en sus ojos. "Mis cartas."

Le di un momento mientras él las sentía propias. Los bordes de su boca se transformaron lentamente en una sonrisa mientras él las desdoblada delicadamente y las leía. Mientras él seguía leyendo, yo miré cómo su boca se amargaba de nuevo, y sus cejas mostraban un gesto de tristeza. Me las devolvió.

"Él las encontró," dijo, con su voz temblorosa. "Él hizo esto."

"Quién?" pregunté, confusa.

"Joseph. Él los mató, e hizo que ella lo hiciera."

No entendía a qué se refería.

"Traté de protegerla, tenés que creerme," el hombre me rogaba. Asentí mientras le decía que le creía. "Él no era el mismo. No después de la guerra. No podía recordar nada. Siempre estaba enojado. Nunca se acordó de mí, o de Virginia. Pero estaba muy enojado. Él me la sacó, pero ni siquiera la recordaba!"

Ahora, él lloraba. Miré por la habitación preguntándome si debería llamar a la enfermera para pedir ayuda. Él tomó mi mano de nuevo y me miró fijo, serio. "Virginia, traté de protegerte."

Perdida, sólo dije: "Lo sé. Prometo que lo sé."

Se detuvo, exhausto, limpiando su cara con su mano temblorosa. Sólo manchaba las lágrimas en su cara. Inhalando bruscamente, se compuso, con su voz viniendo más clara, más segura. "Era borracho y malo. Ella lo dejaba afuera cuando él venía del bar, pero él sólo daba la vuelta a la casa. Golpeaba brusco en la puerta. La aterrorizaba."

Él miró hacia el techo. "Al menos ella tenía a los perros. Pero el hijo de putas se los sacó también. Les martilleó los cráneos." Cerró sus ojos y trató de calmarse, pero podía verlo temblar con enojo. "Cuando encontró las cartas."

Teddy rápidamente perdió su compostura. "Él hizo que ella lo hiciera!" gritó fuertemente. "Dios, Virginia, no tenías que hacerlo! Esa pobre nena no había hecho nada!"

"Qué nena?" Pregunté. Pero fue inútil. Él ya estaba en otro lado.

"Dicen que ahogarse es una de las peores formas de morir," dijo vacíamente. Luego sus ojos volvieron a mí, mirándome de arriba a abajo. "Sos la nueva enfermera? Qué hay para almorzar hoy?"

Suspiré, llevándome las cartas de nuevo. Claramente sólo hacían más daño que bien. Me paré, frotándome las piernas y le agradecí por su tiempo. "Fue lindo conocerte, Teddy," dije, sonriéndole. En serio me compadecí por él por estar en ese estado. Pero no sabía qué más podía hacer. Me di vuelta para retirarme, sin estar segura de haber aprendido algo nuevo. Pero justo cuando iba a dejar atrás el escritorio del frente, él me detuvo.

"Esperá," dijo, lúcido de nuevo. Me di vuelta para encararlo. "Andá a Estado Oriental."

Y con eso, volvió a mirar para todos lados, sin saber dónde estaba. Parecía como si estuviera a punto de armar un berrinche, pero se detuvo, sabiendo de alguna forma que había pasado por esa rutina muchas veces antes. Se forzó a respirar y se hundió de nuevo en su silla, cerrando sus ojos y apretando sus dientes.

"Adiós, Teddy," dije casi para mí misma, con una parte de mi corazón marchitándose mientras salía por la puerta.

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El Estado Oriental era el Hospital del Estado Oriental, un lugar para la gente mentalmente enferma. Por lo que pude ver en internet, parecía estar en funcionamiento en las afueras de la ciudad. Busqué una dirección y me subí a la camioneta, sin saber qué era lo que estaba buscando. Necesitaba respuestas, e iba a encontrarlas.

Llevé una cámara conmigo, desconfiando de poder discernir la realidad. Decidí que para recordar, iba a documentar todo - no tiene mucho sentido ahora, pero en ese momento parecía una buena idea. Subí varias de las fotos

Cuando llegué al lugar indicado por MapQuest, rápidamente noté que este lugar ciertamente no seguía abierto. Me había tomado algo de tiempo encontrarlo porque los caminos estaban algo descuidados y los carteles de las calles parecían viejos y fuera de fecha. Las ventanas estaban entablonadas de adentro, la puerta estaba cerrada con llave, y las pilas de basura llenaban la parte trasera.

Afuera había viejos muebles que archivaban cosas, doblados y rotos con nombres de doctores todavía escritos en ellos. Escritorios y sillas, camas y colchones estaban apilados en un montón, botellas de medicina habían sido tiradas contra los escombros oxidados. Saqué una foto y seguí. Sabía de alguna forma que lo que necesitaba no iba a estar en esa pila, sino adentro.

El problema era entrar. Todas las ventanas y puertas estaban bien entablonadas, y una pared de ladrillos rodeaba todo el lugar, incluyendo un jardín en el patio trasero en mal estado. Me imaginé que era para que los pacientes caminaran. La pared era como de 1 metro 80 de alto, pero cuando salté para mirar por el borde, noté que del otro lado habían como 3 metros y medio. Tenía sentido, supongo. No querían que nadie se escapara.

Volví hacia la pila de basura y arrastré un enorme pedazo de madera de un mueble de los escombros. Parecía como si alguna vez había sido usado como un podio, o algo para pararse, quizás. De todas formas, descubrí que podía servirme para bajar. Lo tiré al otro lado y trepe. Supuse que muy probablemente la puerta de atrás también iba a estar cerrada. Pero cuando llegué a la puerta gruesa y de hierro, giré el picaporte y se abrió.

Antes de poner un pie dentro, me sentía bien. Era el mediodía, así que había buena visibilidad que se filtraba por la luz de las ventanas. Pero algo del lugar hizo que mis tripas se retorcieran una vez que entré. Estaba frío y húmedo, muchos de los accesorios se estaban desmoronando. La pintura se estaba descascarando en franjas masivas, colgando del techo como hongos en una cueva subterránea.

Extrañamente, aunque parecía que el lugar no había sido tocado en años, era como si recién se hubiesen ido. Todo seguía ahí - camas, muebles, medicamentos, notas de los doctores, baños. Los papeles se habían arrugado y estaban dispersos a lo largo del pasillo, las sábanas estaban echadas arrugadas y colgaban en el borde de las camas.

El asilo tenía dos corredores principales y dos pisos principales. En el corredor de la izquierda de la planta baja había una puerta cerrada con llave. Había un área de observación con ventanas de vidrio y un escritorio. Asumí que los enfermeros ocupaban estas cabinas, mirando a sus pacientes mientras pasaban el día. Un escalofrío se alzó en mi carne cuando escuché una puerta cerrarse detrás mío. Me giré pero no vi nada fuera de lo ordinario. Quizás había sido de otro piso?

Escuché otro slam, definitivamente desde abajo, pero que venía en otra dirección. Mi corazón empezó a acelerarse. Traté de encontrar un lugar para esconderme cuando miré hacia el pasillo largo y oscuro, dándome cuenta de que una de las puertas se estaba abriendo lentamente.

Casi lista para morir de un ataque cardíaco, la puerta se abrió ligeramente por un momento breve y luego se cerró de nuevo. Escuché más "slams" cada unos segundos. Sin ver a nadie más salir, caminé ligeramente a lo largo de la pared, tratando de discernir la fuente del ruido. En este corredor parecía haber una serie de pequeñas habitaciones, cada una con una mirilla enorme de 5 centímetros de diámetro. La puerta de enfrente mío empezó a abrirse.

Quise gritar, pero nada salió de mi garganta. La puerta se abrio completamente y no había nadie detrás. la habitación estaba vacía. Dentro había sólo una silla y una ventana abierta por completo, con vides creciendo y entrando. Suspiré aliviada. Era sólo el viento abriendo y cerrando puertas. Continué con mi búsqueda.

Cada habitación en el corredor era igual a la otra. Una ventana, una silla. Era un lugar depresivo para imaginar quedarme. Era fácil ver cómo la gente podía pensar que estaba loca al vivir en un lugar como este. Saqué un par de fotos más y (como si no lo supieran) la batería de mi cámara murió. Debí haber tomado eso como una señal fuerte de que debía irme, pero puedo ser muy cabeza dura a veces.

Cuando llegué al final del pasillo, vi uan puerta distinta al resto. No tenía mirilla, y podía cerrarse desde adentro y no desde afuera. A la derecha había un placard, sin el nombre. Toqué el metal del picaporte de la puerta y supe qué necesitaba.

Dentro de la habitación hacía un estudio, probablemente perteneciente a uno de los doctores. Los muebles era mucho más lindos que las sillas y camas en el pasillo principal. Roble o caoba con un acabado brillante. La humedad y la falta de protección contra los elementos ciertamente degradaron su apariencia, pero era fácil ver que estaba hecho para alguien de mucho más nivel.

Inmediatamente revisé los archivos de los cabinetes. Era claro que un ladrón o quizás un sin-techo había abierto el cajón de alguna forma, quizás buscando cosas con valor. El papel viejo era un desastre dentro, y empecé a excavar, preguntándome cómo podía posiblemente saber que esto era donde tenía que estar. Pero lo encontré.

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ARCHIVO DEL CASO: VIRGINIA SHAW

PSIQUIATRA DE PRIMER CUIDADO: DR. MORTENSON


Enero 1, 1971 Evaluación de ingreso: comportamiento agitado, no responde preguntas. No se sabe si el paciente entiende la magnitud de sus acciones. Va a ser evaluada por posible desorden neurológico. Posible daño cerebral por repetido trauma contuso en la cabeza. Sospecha de abuso doméstico. Va a requerir consulta. Le preguntaron por relación con la hija, la paciente se volvió agresiva, inconsolable. Tratada con Clorpromazina. Se va a tratar de nuevo mañana.

Enero 2, 1971 Más calma hoy, parece casi abatida. Sólo se interesa en mirar por la ventana. No interactuó con otros pacientes todavía. Sigue sin hablar. Se va a tratar la próxima semana.

Enero 14, 1971 La paciente sigue sin hablar, posiblemente deprimida. Se considerará el uso de terapia eléctrica. Va a requerir consulta.

Enero 15, 1971 Se hizo un progreso, la paciente habló. Pregunta: "Por qué mataste a tu hija y a tu esposo?" Respuesta: "Él me hizo hacerlo." No fui capaz de provocarle otra respuesta.

Marzo 23, 1971 Debe ser preparada para transferirla a la penitenciaría. Evaluación: histérica, deprimida, psicótica. Se va a recomendar cuidado indefinido en una institución de salud mental al fiscal.

Abril 4, 1971 La paciente V.S. fue reincorporada a nuestra institución a pedido de la corte. Se debe determinar un curso de tratamiento adecuado. Se va a recomendar Haloperidol.

Abril 15, 1971 En el curso de los últimos meses, la paciente parece haber ganado peso. Parece estar embarazada, se va a realizar un test para estar seguro.

Abril 16, 1971 De acuerdo a lo dicho por el Dr Madhani, la paciente V.S. lleva como 18 semanas de embarazo. Va a ser informado al Servicio Social.

Abril 20, 1971 Al paciente se le permitió un visitante - un hombre llamdo Theodore Bennett. La paciente parecía relajada en su presencia y perturbada cuando se fue.

Junio 2, 1971 Fueron introducidos perros para terapia experimental para pacientes con Trastorno de Estres Post-Traumático. Al verlos, la paciente V.S. empezó a sollozar histéricamente.

Julio 4, 1971 La paciente habló de nuevo. Pregunta: "Por qué ahogaste a tu propia hija?" La paciente se pausó y contestó: "Él me quitó todo. Yo le quité algo."

Agosto 31, 1971 La paciente V.S. dio a luz a un niño saludable. Servicio Social llegó y se llevó al nene. La paciente se puso agresiva e inconsolable de nuevo. Se le administró Clorpromazina.

Septiembre 4, 1971 La paciente no se levantó para el desayuno, el Dr Richards reportó una puerta cerrada a llave. Los enfermeros la rompieron (había una silla debajo del picaporte). La paciente V.S. fue encontrada ahorcada, colgando de la tubería del aire acondicionado por una sábana. Se hizo contacto con la policía, se va a recolectar información para la investigación.



Nos vemos en la parte 6
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