“Incubus y Sucubus espíritus del sexo”
En una sociedad en donde la sexualidad juega un papel fundamental ni siquiera el mundo paranormal se encuentra al margen de ella.
Dentro de toda la vasta clasificación de seres del mundo espiritual nos encontramos con el incubo que se definen como unos demonios impúdicos y lascivos, que cohabitan con las mujeres, sin distinción de estado ni edad, efectuando el coito, o concúbito, con ellas sin importarles que sean viejas repelentes o jóvenes bellisimas, y sin conceder ningún valor al hecho de que sean solteras, casadas o viudas; aunque atendiendo al detalle de ser siervas o esposas de Dios, de allí que casi todos los Incubos hayan mostrado una marcada preferencia por las monjas. Entre estos demonios incubos se encuentran Aiperos, Hermione, Zabulón, Alpiel, Efelios, Ausitifo, Brifot,…Pero los mas famosos serían Isaacaro, adjunto del gran Leviatán y Belaam.
La parte antagónica se la llevan Los súcubos que son aquellos demonios que adoptan forma de mujer para tentar a los hombres y arrastrarlos a los placeres carnales, copulando con éstos como si fuesen hembras auténticas, los mas conocidos son Abrahel, Baltazo, Bietka, Filotano, Florina Vasordiel, Mancerinio,… uno de los que mas relieve ha tenido en la Demonología es Lilito, que se trasformaba en una mujer de opulentas formas y que gustaba de seducir a los artistas para que la utilizasen como modelo en sus creaciones, especialmente si se trataba de motivos religiosos.
Incubos y súcubos, son términos que provienen de incubare y sucubare -estar acostado debajo, o encima-
Los súcubos «se someten a los machos y reciben su semen. Con astuta habilidad, los demonios conservan su potencia, y después, con el permiso de Dios, se convierten en íncubos y lo vierten en los depositarios femeninos». Los productos de esas uniones con mediación del demonio, también reciben la visita de los demonios. Se forja un vínculo sexual multigeneracional entre especies.
Su historia está ligada a la existencia de la humanidad desde la creación misma ya la literatura hebrea habla de Lilith de quien se dice fue la primera compañera de Adán que fuera creada de la arcilla y que se caracterizaba por su intenso carácter ligado a su fuerte sexualidad y que al no ver satisfechos sus deseos abandonó voluntariamente el paraiso, por sus caracteristicas sexuales y por haberse enfrentado a Dios se le cataloga como el primer espiritu súcubo, después de haber abandonado el edén entonces es que Dios decide hacer a Eva según continua la historia.
Sin embargo, esta no es su única aparición en la historia porque se le ha identificado en varias épocas históricas y en diferentes formas asociandose incluso con la reina de Saba.
Los dioses y las diosas de la antigüedad obraban de un modo más limpio y mucho más noble. Júpiter en persona había sido el íncubo de Alcmena y de Semele. Tetis en persona había sido la súcubo de Peleo, y Venus la súcubo de Anquises, sin necesidad de recurrir a los subterfugios de la diablería.
Su existencia se vincula a todas las civilizaciones y a todas las religiones En correspondencia con los íncubos están los djinn árabes, los sátiros griegos, los bhuts hindúes, los hotua poro de Samoa, los dusii célticos y muchos otros atribuyendo incluso a ello las caracteristicas que permitieron ser lideres a muchos personajes no sólo de la mitología sino tambien de la historia entre ellos se pueden contar Merlin, Hércules, Rómulo, Remo, Octavio Augusto, Julio Cesar, Alejandro Magno así mismo el pueblo de los Hunos, que aterrorizo a Europa bajo el manto de Atila, se creyó procedente de la unión de incubos de la estepa, con brujas de oriente, tambien mencionan una especie de humano denomino Canbions y que se trataría del hijo de un incubo y un súcubo.
Una de las condiciones en que difieren los incubos y los súcubos radica precisamente en una caracteristica que es identificable en muchas culturas y que es la subyugación de la mujer por lo cual mientras el incubo no muestra apego alguno por aquellas a quienes toma como amantes y según la creencia su finalidad aparte de pervertir es la de crear el anticristo, al contrario de estos se han podido identificar entre los súcubos algunos que han demostrado la más absoluta obediencia al humano a quien tomaban por compañero (algo extraño si se toma en cuenta la razón por la que Lilith abandonó el paraiso) son destacables los casos de el que luego sería Papa (Silvestre II) quien estuvo en relación amorosa con una bella súcubo durante mucho tiempo, cuando era simplemente Gerberto de Aurillac. Después de estudiar en su tierra natal y en el monasterio de Ripoll (Cataluña, España), llegó a Reims a los 34 años de edad. En esa ciudad, de la que fue arzobispo nueve años después, cimentó su fama de erudito, sobre todo en matemáticas y astronomía; fama que, unida a su vertiginoso ascenso en lo eclesial y en lo político, indujo a muchos a pensar que practicaba la nigromancia y se servía de medios mágicos para alcanzar cuanto se propusiera. Recién llegado a Reims, Gerberto estuvo a punto de abandonar su carrera tras un fracaso amoroso, fue ayudado a superar el trance por una hermosísima y acaudalada mujer llamada Meridiana, que se convirtió en su amante y protectora. En realidad era un súcubo, pero, lejos de burlarse del futuro Papa, se mantuvo fiel en el lecho y en el uso de las artes mágicas, concediéndole noches de placer y apartando los obstáculos que pudieran estorbar su ascenso al trono de San Pedro. El que no resultó fiel fue él, pues, llegada la hora de la muerte, confesó públicamente sus pecados y se arrepintió, renegando así de una amante de la que no había obtenido otra cosa que favores y lo cual según las narraciones convirtió su tumba en uno de los sitios más aterradores de Roma. Otra súcubo famosa fue Armellina, amante de un sacerdote réprobo, al que Giovanni Francesco Pico della Mirandola (no confundir con su tío homónimo, el célebre pensador italiano) se refirió en su La Strega (La bruja), el primer libro sobre brujería que se editó en italiano, tras el éxito obtenido por su versión original en latín: “…Ese malvado sacerdote, al que ya me he referido, decía que sentía mucho más placer acostándose con un súcubo llamado Armellina, que con cualquier otra mujer. Ese desgraciado hombre estaba tan enamorado de Armellina, que ella lo acompañaba frecuentemente en sus paseos por la plaza.”
La fábula de Aracné
Aracné era la hija de Idmón de Colofón, un tintorero famoso por teñir la lana de púrpura de Tiro. Era famosa en Hipepa (Lidia), donde tenía su taller, por su gran habilidad para el tejido y el bordado.
Las alabanzas que recibía se le terminaron subiendo a la cabeza y terminó tan engreída de su presteza como tejedora que empezó a afirmar que sus habilidades eran superiores a las de Minerva, la diosa de la sabiduría y la guerra además de la artesanía. La diosa se enfadó, pero dio a Aracné una oportunidad de redimirse. Adoptando la forma de una anciana, advirtió a Aracné que no ofendiera a los dioses. La joven se burló y deseó un concurso de tejido, donde pudiera demostrar su superioridad. Minerva se quitó el disfraz y el concurso comenzó.
Minerva tejió la escena de su victoria sobre Neptuno, que inspiró a los ciudadanos de Atenas a bautizar la ciudad en su honor. Según el relato latino de Ovidio, el tapiz de Aracné representaba veintidós episodios de infidelidades de los dioses, disfrazados de animales: Júpiter siendo infiel con Leda, con Europa, con Dánae, etcétera.
Incluso Minerva admitió que la obra de Aracné era perfecta, pero se enfadó tanto por la irrespetuosa elección del motivo. Perdiendo finalmente los estribos, destruyó el tapiz y el telar de Aracne, golpeándolos con su lanzadera, y también a la joven en la cabeza. Aracné advirtió su insensatez y quedó embargada por la vergüenza. Huyó y se ahorcó.
En el relato de Ovidio, Minerva se apiadó de Aracné. Rociándola con jugo de acónito, aflojó la soja, que se convirtió en una telaraña, transformándose la propia Aracné en una araña. La historia sugiere que el origen del arte de tejer es una imitación de las arañas y que se consideraba que fue perfeccionado primero en Asia Menor.
El relato de Ovidio de la metamorfosis de Aracné proveyó material para un episodio de la sátira heroica de Edmund Spenser Muiopotmos. La adaptación de Spenser, que «reinterpreta la historia ovidiana en términos del mundo isabelino», está diseñada para proporcionar una explicación racional al odio del descendiente de Aracné Aragnoll hacia el héroe-mariposa Clarion.
La historia de Aracné inspiró uno de los cuadros más interesantes de Velázquez: La fábula de Aracné, popularmente conocido como Las hilanderas, en las que el pintor representa dos de los momentos importantes del mito. Al frente, el concurso de Aracné y la diosa (las tejedoras joven y vieja), y al fondo un Rapto de Europa que es un copia de la versión de Tiziano (o quizá de la copia de ésta hecha por Rubens). Frente a éste aparece Atenea en el momento en que castiga a Aracné. Se transforma el mito en una reflexión sobre la creación y la imitación, el dios y el hombre, el maestro y el pupilo (y así sobre la naturaleza del arte).
Las Moiras y las Parcas, las hilanderas del destino.
Las Moiras son las personificación del destino de cada cual, de la suerte que le corresponde en este mundo. En principio, todo el mundo tiene su Moira, que significa su parte (de vida, de felicidad, de desgracia, etc.).
Luego, esta abstracción se convirtió muy pronto en una divinidad, tendiendo a parecerse a Ceres, aunque sin llegar nunca a ser un demonio violento y sanguinario como ella. Impersonal, la Moira es inflexible como el destino; encarna una ley que ni los mismos dioses pueden transgredir sin poner en peligro el orden del universo.
La Moira es la que impide a tal o cual dios acudir en socorro de un héroe determinado en el campo de batalla cuando ha llegado su “hora”.
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“El triunfo de la muerte o los tres destinos” de Andreagrossmann.
Poco a poco parece haberse desarrollado la idea de una Moira universal que domina el destino de todos los humanos, y, sobre todo, después de la epopeya homérica, la idea de tres Moiras (Parcas), Cloto, Láquesis y Átropo que, para cada mortal, regulaban la duración de la vida desde el nacimiento hasta la muerte, con ayuda de un hilo que la primera hilaba, la segunda enrollaba y la tercera cortaba cuando la correspondiente existencia llegaba a su término.
Estas tres hilanderas son hijas de Zeus y de Temis, y hermanas de las Horas, divinidades de las Estaciones y que en una época más tardía llegaron a personificar las Horas del día. Según otra genealogía, eran hijas de la Noche, como las Ceres, y, por consiguiente, pertenecían a la primera generación divina, la de las fuerzas elementales del mundo.
Tienden a veces a formar un grupo con Ilitía, divinidad, como ellas, del nacimiento. Asimismo se encuentran citadas junto a Tique (la Suerte), que encarna una noción afín.
Las Moiras no poseen leyenda propiamente dicha. Apenas son más que el símbolo de una concepción del mundo, mitad filosófica, mitad religiosa.
Las Parcas
En Roma, las Parcas son las divinidades del Destino, identificadas con las Moiras griegas, de las cuales se han asimilado casi todos los atributos. Al principio, parece que las Parcas fueron, en la religión romana, demonios del nacimiento. Pero este carácter primitivo despareció muy pronto ante la atracción de las Moiras. Se las representa como hilanderas que limitan a su antojo la vida de los hombres.
Como las Moiras, son también tres hermanas: una preside el nacimiento; otra, el matrimonio, y la tercera, la muerte.
En el Foro, las tres Parcas estaban representadas por tres estatuas, llamadas corrientemente las Tres Hadas (tria Fata, los tres “destinos”), y sus nombres eran Nona, Décima y Morta.
Lilith, la primera mujer que dijo no.
El origen de Lilit parece hallarse en Lilitu y Ardat Lili, dos demonios femeninos mesopotámicos, relacionadas a su vez con el espíritu maligno Lilu. En los nombres de esta familia de demonios aparece la palabra lil, que significa ‘viento’, ‘aire’ o ‘espíritu’.
Los judíos exiliados en Babilonia llevaron a su tierra de origen la creencia en esta criatura maligna, cuyo nombre, adaptado a la fonética del hebreo como לילית (Lilith), se puso en relación con la palabra parónima hebrea ליל, lil, ‘noche’.
Se trata de un demonio femenino de la noche, similar a un súcubo, que vuela por los aires, mata a recién nacidos y seduce a los hombres para poder dar a luz a más demonios.
Las leyendas sobre Lilith son realmente antiguas. En una versión de la épica de Gilgamesh, la diosa Ishtar (en Sumeria su nombre era Inanna) planta un sauce sagrado en su santuario, planificando utilizar la madera para construir un trono mágico. Pero cuando intenta talar el árbol, descubre en la base a una serpiente que no consigue hechizar, a un pájaro zu anidando en sus ramas y a la Doncella de la Oscuridad, Lilith, viviendo en el tronco. Cuando Gilgamesh mata a la serpiente, Lilith huye.
Este mito puede ser el origen de las representaciones gráficas de Lilith como una bella mujer desnuda que sostiene el anillo y la vara del poder, tiene alas y muestra patas de pájaro zu en lugar de pies.
Una leyenda musulmana afirma que formó pareja con Satanás y que el fruto de esa unión fue el demonio Djiin. Para castigarla por su desobediencia, Dios mata a algunos de sus hijos diariamente.
En venganza, Lilith se dedica a capturar recién nacidos, en especial varones. En tiempos tan actuales como el siglo XVIII, era muy común que en Europa se protegiera a los recién nacidos con un amuleto que llevaba las imágenes de Adán y Eva, los nombres de los tres ángeles que fueron enviados a traer a Lilith nuevamente a los brazos de Adán y las frases “prohíbe la entrada a Lilith” y “protege a este niño de todo daño”.
Durante siglos, el personaje de Lilith ha sido usado desde los púlpitos como ejemplo moralizante de lo que podía suceder a una mujer en caso de no guardar sumisión ante su esposo. Afortunadamente, aunque no en todos los lugares ni culturas, las Liliths ya no están consideradas como demonios sino todo lo contrario y este mito a quedado como un símbolo retrógado. Por desgracia, como he dicho anteriormente, todavía existen muchos países en los que la suerte de las mujeres corre análoga a la de Lilith cuando se niegan a situarse bajo sus esposos.
El “Gran Smog” de 1952. La niebla que mató a miles de londinenses
Historia de la niebla asesina
Situémonos en Londres, a finales del año 1952, en un día gris y tremendamente frío. Muchos de vosotros habréis visualizado la escena con la típica niebla densa y opaca que ha quedado grabada en nuestros subconscientes gracias al cine y a la literatura; esa niebla por la que Jack el destripador se movía como pez en el agua o esa niebla que se entremezclaba volátil con las volutas de humo de la pipa de Sherlock Holmes.
Ciertamente, la típica niebla londinense, pese a que hoy en día es apenas inexistente, fue algo bastante habitual en la capital británica durante buena parte del siglo pasado. Se podría decir que los londinenses estaban bien adaptados a ella o que, por lo menos, la soportaban sin mayores problemas. Pero la niebla que cubrió la ciudad desde el 4 al 9 de diciembre de 1952 no fue una niebla normal, el “Great Smog” o “Big Smog”, como se la bautizó, mató nada más y nada menos que a 12000 personas.
Transcurrían tiempos duros tras la guerra en el valle del Tamesis y hasta los inviernos parecían más crudos de lo normal, cuando un gran anticiclón se posó sobre la ciudad atrapando las capas de aire frío en la zona inferior con otras de aire más cálido en las zonas más altas. A las chimeneas de las fábricas que quemaban carbón a espuertas para mover sus maquinarias, se unieron las de miles de hogares que prendieron sus chimeneas para combatir el terrible frío y, ya de paso, la de miles de vehículos que circulaban por las calles con sus motores diesel. El cocktail ambiental fue letal creando una niebla contaminante tan espesa y opaca que apenas se podía ver a un par de metros de distancia. La ciudad quedó completamente paralizada ya que la circulación era prácticamente imposible y los transeúntes tan solo podían moverse en metro o caminando.
Los hospitales comenzaron a llenarse de gente que acudía allí con todo un abanico de problemas respiratorios como hipoxia, cianosis, bronquitis y bronconeumonías causados por los agentes contaminantes que quedaron atrapados en la niebla a causa de la quema desmesurada de un carbón de muy baja calidad con elevados niveles de azufre. El dióxido de azufre, junto con el hollín y el dióxido de carbono unidos al ambiente frío y húmedo se llevó por delante durante los primeros días a 4000 personas, mayormente niños, ancianos y gente que ya acarreaba problemas respiratorios.
Al caos hospitalario también habría que sumar el policial, ya que la densa niebla fue el escenario perfecto para que vándalos y demás aprovechados se dedicaran al saqueo y al pillaje con total impunidad. Entre la niebla, los únicos vehículos que podían circular eran las ambulancias y los vehículos policiales que se iban guiando por las luces de los agentes de a pie que se situaban en puntos estratégicos a modo de faros humanos.
Cuando la niebla se esfumó, se comenzó a tomar conciencia de lo terrible que había sido y se recapacitó sobre su problemático origen. Durante los meses y años siguientes, otras 8000 personas fallecieron por los problemas respiratorios que tuvieron durante esos aciagos días de diciembre.
El “Gran Smog” del 52 dio pie la firma del Acta de aire limpio, que se formalizó en 1956 para eliminar las combustiones de carbón en las industrias y hogares y evitar un nuevo suceso de tal magnitud, pese a ello, ese mismo año de 1956 fue testigo de nuevo de otra niebla asesina con 1000 víctimas, en 1962 murieron de nuevo 700 personas por el mismo motivo, siendo este el último reporte de este tipo de nieblas en la capital londinense.
Por otro lado, la del 52 no fue la primera, ya que en 1880 se tiene constancia de que una niebla tóxica ya había matado a 2200 londinenses.