La estadounidense Jalonta Freeman le compró a un desconocido un iPad pero cuando llegó a su casa se dio con la sorpresa que era solo un espejo.
Mientras Jalonta se encontraba cargando combustible en una gasolinera texana, un sujeto se le acercó y le ofreció una codiciada tablet de Apple a 800 dólares. La mujer fue regateando el precio, hasta llegar a un acuerdo por 200.
¿Freeman dudó?, ¿Se negó?, ¿Llamó a la fuerza de seguridad más cercana? Nada de eso. Completamente convencida de la buena voluntad del vendedor, pagó los 200 dólares sin siquiera fijarse lo que había adentro de la caja. Así es, la inefable Jalonta a pesar de la actitud algo nerviosa del hombre (“El decía ‘ok, date prisa’, y esas cosas”, explicó) no solo pagó al contado, sino que tampoco se preocupó por ver que versión del iPad había comprado.
La ganga, sin embargo, resultó un fraude cuando Jalonta llegó a su casa y, al dárselo a su hermana ambas descubrieron que se trataba únicamente de un pedazo rectangular de espejo.