Hola gente de Taringa!. aca les dejo un relato de ciencia ficcion nose si es el estilo de Taringa! que suban relatos, cuentos, historias. Si es asi diganme asi subo varias historias de géneros variados algunas escritas por mi oreas no. Las que son mia avisare que es mia. espero que les guste y Gracias por pasar. por mi Post
¿PUEDE SER QUE A TODOS LOS MUERTOS SE LES OCURRA HABLARME HOY?
Puede decirse que lo estudié bastante al muerto, por unos días lo seguí a todas partes, lo suficiente para saber sus costumbre corrientes, molientes y pesarosas.
Se despide de su horrible mujer, que lo empuja fuera de su casa a las siete en punto de la mañana, sin ver los pájaros ni aquella hoja que cayó cerca de su zapato sin lustre alguno, y camina por el barro cinco cuadras hasta la parada del colectivo que va a tardar. Él y yo sabemos que va a tardar como media hora, si es que no adelantó su horario, y entonces tiene que esperar el siguiente que va a demorarse un poco más, pero a él todo le cuesta un poco más y creo que está habituado. Ese hábito suyo es lo que más me molesta, es lo que me impide a veces llevar a cabo mi labor humanitaria y a veces hasta elaborarla, porque la gente que se resigna es como que sufre menos, eso creo, que sufre menos, y eso es por culpa de la costumbre, la maldita costumbre hace que todo, aunque pésimamente, se desarrolle con absurda normalidad y él camina, camina con paso tardío pero no tiene el aspecto de un hombre vencido, no todavía, porque el sol recién salió, se podría decir como paradoja que el sol está fresquito y algo en el aire que todavía puede respirar le da optimismo o esperanza cuando lo mejor para él sería perder ambas cosas, pero el ser humano es estúpido y si no fíjense cómo toma ese colectivo lleno de gente y paga para viajar en el estribo, incluso cuando llueve o hace mucho frío, porque teme llegar tarde a su trabajo de esclavo en el que está a las órdenes de un hijo de mil putas diez horas por día y sólo almuerza un miserable sandwich de mortadela plástica porque caballos no hay más, alguien mató a los caballos, alguien les pegó un certero martillazo en la testuz y han caído, con la dignidad de un cruzado, o nomás han caído, y los espíritus bondadosos de siempre han cavado grandes pozos, hondos pozos que llegan al centro mismo del planeta para que descansen en paz sin aperos ni riendas como las que lo sujetan a él a esta vida que no es vida, porque en el trabajo no habla con nadie, lo he comprobado, y sólo puede interrumpir su labor para ir dos veces por día a la sucia letrina que parece esperarlo como una alternativa de su hogar.
Hoy viene a hablarme, creo que a todos se les ocurrió hablarme hoy, pero él es el más insistente y me cuenta que ha dejado cosas sin hacer, castigos que no cumplió, martirios por los cuales tenía que haber pasado antes de que yo interviniera en su estúpida vida, y no ve, no quiere ver a su alrededor o no puede, esto no lo sabré nunca, pero corro las cortinas para que vea cómo, a una semana de su ausencia, su amada mujercita está repantigada en el sofá con cualquiera mientras sus hijos organizan las fiestas a las que él siempre puso reparos, y le muestro, le hago ver retazos de su miserable vida, lo llevo en el sucio y abarrotado colectivo a su gris oficina, y dejo que escuche las bromas que sobre él dicen sus ex compañeros y la yegua de Marta, que cuenta imaginarias intimidades porque nunca un desliz, jamás una traición, algo para matizar esa vida de mierda que lo llevaba de su espantosa casa hasta el trabajo en donde el energúmeno del jefe lo martirizaba, y de aquellos martirios sufridos por él es que se ríe junto a sus colaboradores más cercanos entre los cuales está la infaltable Marta, el colectivero y el cocinero de mortadelas plásticas que parece ser el más infeliz de todos los que lo rodearon, y por eso, o por esa mirada misericordiosa con la que lo miró, va a ser el próximo.
Se despide de su horrible mujer, que lo empuja fuera de su casa a las siete en punto de la mañana, sin ver los pájaros ni aquella hoja que cayó cerca de su zapato sin lustre alguno, y camina por el barro cinco cuadras hasta la parada del colectivo que va a tardar. Él y yo sabemos que va a tardar como media hora, si es que no adelantó su horario, y entonces tiene que esperar el siguiente que va a demorarse un poco más, pero a él todo le cuesta un poco más y creo que está habituado. Ese hábito suyo es lo que más me molesta, es lo que me impide a veces llevar a cabo mi labor humanitaria y a veces hasta elaborarla, porque la gente que se resigna es como que sufre menos, eso creo, que sufre menos, y eso es por culpa de la costumbre, la maldita costumbre hace que todo, aunque pésimamente, se desarrolle con absurda normalidad y él camina, camina con paso tardío pero no tiene el aspecto de un hombre vencido, no todavía, porque el sol recién salió, se podría decir como paradoja que el sol está fresquito y algo en el aire que todavía puede respirar le da optimismo o esperanza cuando lo mejor para él sería perder ambas cosas, pero el ser humano es estúpido y si no fíjense cómo toma ese colectivo lleno de gente y paga para viajar en el estribo, incluso cuando llueve o hace mucho frío, porque teme llegar tarde a su trabajo de esclavo en el que está a las órdenes de un hijo de mil putas diez horas por día y sólo almuerza un miserable sandwich de mortadela plástica porque caballos no hay más, alguien mató a los caballos, alguien les pegó un certero martillazo en la testuz y han caído, con la dignidad de un cruzado, o nomás han caído, y los espíritus bondadosos de siempre han cavado grandes pozos, hondos pozos que llegan al centro mismo del planeta para que descansen en paz sin aperos ni riendas como las que lo sujetan a él a esta vida que no es vida, porque en el trabajo no habla con nadie, lo he comprobado, y sólo puede interrumpir su labor para ir dos veces por día a la sucia letrina que parece esperarlo como una alternativa de su hogar.
Hoy viene a hablarme, creo que a todos se les ocurrió hablarme hoy, pero él es el más insistente y me cuenta que ha dejado cosas sin hacer, castigos que no cumplió, martirios por los cuales tenía que haber pasado antes de que yo interviniera en su estúpida vida, y no ve, no quiere ver a su alrededor o no puede, esto no lo sabré nunca, pero corro las cortinas para que vea cómo, a una semana de su ausencia, su amada mujercita está repantigada en el sofá con cualquiera mientras sus hijos organizan las fiestas a las que él siempre puso reparos, y le muestro, le hago ver retazos de su miserable vida, lo llevo en el sucio y abarrotado colectivo a su gris oficina, y dejo que escuche las bromas que sobre él dicen sus ex compañeros y la yegua de Marta, que cuenta imaginarias intimidades porque nunca un desliz, jamás una traición, algo para matizar esa vida de mierda que lo llevaba de su espantosa casa hasta el trabajo en donde el energúmeno del jefe lo martirizaba, y de aquellos martirios sufridos por él es que se ríe junto a sus colaboradores más cercanos entre los cuales está la infaltable Marta, el colectivero y el cocinero de mortadelas plásticas que parece ser el más infeliz de todos los que lo rodearon, y por eso, o por esa mirada misericordiosa con la que lo miró, va a ser el próximo.
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Julio Carabelli nació en Buenos Aires en 1940. Vive en la actualidad en la ciudad de San Miguel de Tucumán, Argentina. Sus cuentos, poesías y ensayos se han publicado en diarios y revistas literarias de Buenos Aires, del interior y del exterior del país, habiendo sido traducido al inglés, al portugués y al italiano. Es co-fundador del Grupo Literario y Editor de "Además" y del Grupo "Poesía Peregrina". Fue secretario de la Fundación Argentina para la Poesía. Participó en el staff de las revistas "NEXO LITERARIO" y "BARATARIA". Es colaborador de "LA LUNA QUE...", director de la revista literaria "ARTES, BECAS & CONCURSOS" y de LETRARTE (Encuentro Internacional y Congreso Nacional de Escritores, 1998 en Tucumán y 1999 en Mendoza). Organizó el Café Literario "Café y Letras" en la SADE Central y colaboró con el Café Literario "Poetas de la Plaza" de San Miguel de Tucumán. Junto a "LA LUNA QUE..." organizó la Primera Tourneé Poética por La Rioja, Catamarca y Tucumán. Es autor de tres obras de teatro y de algunos monólogos teatrales (uno llevado al cine). Actualmente dirige el Ciclo Café Literario del Centro Cultural Eugenio F. Virla dependiente de la Universidad Nacional de Tucumán, un taller literario personalizado y la edición de una colección de poesía para una editorial nacional