Buenos dias gente de taringa les traigo la segunda parte de enigmas y misterios espero les guste.
El evento de Tunguska
Todavía hoy los científicos continúan dilucidar este misterioso impacto, o más bien explosión. Por que el objeto en cuestión explosionó a unos cinco kilómetros de altura sobre la tierra dejando su marca radial sobre los bosques rusos. Científicos italianos aseguran haber descubierto un posible cráter abierto por el objeto extraterrestre que chocó con la Tierra en la región siberiana de Tunguska en 1908. Los investigadores afirman, en la revista de geología ‘Terra Nova’, que el lago Cheko, situado a 8 kilómetros del epicentro de la explosión, llena el cráter producido por el choque de un fragmento de la roca.
El suceso de Tunguska aún intriga a los científicos . Todavía no se sabe si el objeto que impactó en Siberia el 30 de junio de 1908 fue un asteroide, un pequeño cometa o un fragmento de un cometa. Aquel día, hacia las 7.15 horas, habitantes de la región vieron una bola de fuego, procedente del sureste, que cruzaba el cielo a gran velocidad. Poco después, una gran explosión arrasaba 2.200 kilómetros cuadrados de bosque, el equivalente a Guipúzcoa, en las cercanías del río Podkamenaya Tunguska. La energía liberada fue entre 10 y 15 megatones, unas mil veces la de la bomba de Hiroshima.
La explosión de Tunguska es el mayor impacto de un objeto extraterrestre en época histórica. Tumbó unos 80 millones de árboles, las ondas sísmicas fueron registradas por observatorios de todo el mundo y, durante los dos días siguientes, las noches fueron tan brillantes que en Londres podía leerse el periódico en la calle a medianoche.
El primer investigador en llegar a la zona fue el mineralogista Leonid A. Kulik, a finales de los años 20, y no encontró ningún cráter, pero sí el epicentro de la explosión, gracias la distribución radial de los árboles. A raíz de que el escritor Alexandr Kazantsev identificó en dos cuentos de ciencia ficción en 1949 el suceso con un accidente de una nave alienígena, algunos ufólogos abrazaron esa disparatada idea.
Ahora, un grupo de científicos liderado por Luca Gasperini, del Instituto de Ciencia Marina italiano, defiende que el lago Cheko -ovalado y de unos 450 metros de largo- ocupa la herida abierta por el choque a baja velocidad de una roca de 10 metros de diámetro. «El proyectil que formó el lago Cheko pudo haber sido un fragmento del objeto que explotó en la atmósfera a entre 5 y 10 kilómetros de altura», dicen. A su favor, añaden que no hay pruebas -testimonios ni mapas- de la existencia del lago anteriores a 1928.
El geólogo británico Gareth Collins declaraba ayer a la BBC que las pruebas presentadas por Gasperini y sus colaboradores no son concluyentes y se preguntaba cómo podía haber hoy en día alrededor del lago árboles cuya apariencia apunta a que tienen más de cien años. Collins añadía que los fragmentos desprendidos del objeto habrían sido, en cualquier caso, demasiado pequeños y lentos como para abrir un cráter del tamaño del lago.
Siempre me ha intrigado este asunto por su falta indicios y su gigantesca devastación.
Si observáis alguna luz en el cielo, tapaos vuestras cabezas, porque si sucedió una vez,puede suceder de nuevo.
El Santo Grial de la criptografía

Pocos manuscritos hay en la historia más misteriosos e intrigantes que el manuscrito Voynich, un libro que fue escrito hace unos quinientos años en un extraño idioma (al que se le ha denominado como voynichés) y que a día de hoy todavía no ha podido ser descifrado por ninguno de los muchos expertos que lo han intentado. Si esto es poco, el libro está repleto de ilustraciones de diversa temática, que van desde la botánica, la astrología y la cosmología, hasta la biología y la farmacéutica.
Hasta aquí podría parecer un antiguo tratado sobre conocimientos varios de los muchos que existen de dicha época, a no ser porqué los dibujos del manuscrito Voynich nos muestran una serie de plantas, animales y situaciones cotidianas desconocidas en nuestro planeta. Se podría decir que es como un “manual de botánica y ciencia de otro planeta”. A parte, en el manuscrito se representan una serie de instrumentos que bien podrían ser microscopios y lentes de aumento rudimentarias, junto con ilustraciones de lo que podrían ser células y bacterias, algo bastante inusual si se tiene en cuenta que alguna de las teorías de su autoría lo sitúan en el siglo XIII.
Arriba, microscopios del siglo XVIII, abajo artefacto similar del Voynich que algunos dicen que eran tarros para guardar las hierbas.
Arriba, ilustración del Voynich. Abajo, microscopio siglo XVII
El Voynich está considerado por muchos como el Santo Grial de la criptografía histórica. A lo largo de su existencia ha sido objeto de intensos estudios por criptógrafos profesionales y aficionados, pues todas sus páginas se están disponibles y se pueden estudiar en la red. Pero ninguno ha logrado descifrar ni una sola palabra del libro, en este punto son muchos los que opinan que el manuscrito es un engaño, un fake medieval que alguien escribió por motivos desconocidos y que todo su texto no es más que una secuencia azarosa sin ningún sentido.
Sin embargo, pese a que parece ser que en diversas páginas se repiten los mismos signos, todo el manuscrito cumple la ley de Zipf, que viene a decir que en todas las lenguas conocidas la longitud de las palabras es inversamente proporcional a su frecuencia de aparición. Esto hace pensar que el texto está redactado en un lenguaje concreto y natural, ya que en lenguajes artificiales creados a propósito, como los élficos de Tolkien o el Klingon de Star Trek no se cumple esta regla.
Esto es debido a que la explicación a esta ley se basa en la economía lingüística: las palabras que más utilizamos son más cortas y así requieren menos energía, por ello es el uso de una lengua el que acaba por imponer esta ley. Es prácticamente imposible que el autor del manuscrito Voynich conociera la ley de Zipf, enunciada muchos siglos después, y por tanto que la aplicase a una lengua inventada por él.
Ilustraciones de botánica de plantas de las que no se conoce su existencia.
En muchas de las ilustraciones se pueden observar baños conjuntos de mujeres desnudas en extrañas piscinas y tubos…
El manuscrito debe su nombre a Wilfrid M. Voynich, quien encontró el libro en 1912 en una biblioteca jesuita del colegio de Mondragón, cerca de Roma, donde parece ser había sido donado por Athanasius Kircher (criptólogo alemán) a finales del siglo XVII, quien a su vez lo habría conseguido de Johannes Marcus Marci, rector de la universidad de Praga en aquella época y que a su vez lo habría conseguido de Georgius Barchius, alquimista que trabajo en la corte de Rodolfo II, el que ha su vez lo habría conseguido de Jacobus Horcicky de Tepenecz, también alquimista, quien se habría apoderado del manuscrito tras la muerte de Rodolfo II, a quien pertenecía el libro hasta el 1622. Es posible que el libro llegara hasta la biblioteca del sacro emperador romano de manos de Johannes Kepler, quien entre los años 1584 y 1588 vivió en la corte de Rodolfo. Kepler, gran aficionado a la alquimia, matemáticas, astrología y astronomía, era un gran admirador del trabajo de Roger Bacon y atesoraba muchos de sus manuscritos originales. Es por este motivo que el manuscrito Voynich se atribuye por muchos al tal Roger Bacon, quien supuestamente lo habría escrito casi cuatro siglos antes. Roger Bacon fue un monje franciscano y alquimista del que se dice habría creado un código para camuflar sus investigaciones sobre la piedra filosofal y el elixir de la vida.
Extracto del texto de una página cualquiera
Como veis, el manuscrito Voynich se pierde en una marea de manos de personajes más que curiosos en el que es difícil seguir el hilo de su historia. Las teorías sobre su origen son muchas y variadas. Están los partidarios sobre la atribución real a Roger Bacon, quien fuera el inventor de la lupa y con el que se especula sobre la invención de microscopios y telescopios mucho antes de su invención reconocida. Están los que opinan que el manuscrito fue obra de Johannes Marcus Marci, que junto a Raphael Missowsky habrían creado el manuscrito para poner en ridículo a Athanasius Kircher, quien ya había sido estafado con un texto fraudulento por el orientalista Andreas Mueller.
Otra teoría pone en el tablero a dos nuevos personajes que también residieron en la corte de Rodolfo II (personalmente es la que más me convence). Estos personajes son Francis Bacon, escritor y aficionado a todos los temas ocultos y su buen amigo, Cornelis Drebbel, quien fuera jefe alquimista en la corte de Rodolfo II en la época en la que supuestamente aparece por allí el manuscrito. Curiosamente, Drebbel era un gran aficionado a los microscopios y telescopios y él mismo los fabricaba y vendía. Francis Bacon escribió un libro titulado “La nueva Atlántida” en 1626, donde los paisajes, lugares y costumbres descritas coinciden más que sorprendentemente con las ilustraciones del Voynich. Es más que probable que el manuscrito fuese escrito por Drebbel a modo de apoyo para el libro de Francis Bacon. Como una biblia de la nueva Atlántida que envolvería la obra de Bacon como algo real, no fictício, y que impulsaría su éxito.
Supuestas ilustraciones de vida celular
Resumiendo. No se tiene ni idea de quién fue el verdadero autor del manuscrito, no se sabe si su texto es falso o en realidad tiene algún sentido. No se sabe en qué época fue escrito ni por qué motivos… Interesante ¿Verdad?
Actualmente el manuscrito Voynich se encuentra en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale, catalogado como el ítem MS408.
Se utilizó pluma de ave para escribir el texto y dibujar las figuras con pintura de colores; según se puede apreciar, el texto es posterior a las figuras, ya que en numerosas ocasiones el texto aparece tocando el borde de las imágenes, algo que no ocurriría si éstas hubiesen sido añadidas posteriormente.
El libro tiene alrededor de 240 páginas de pergamino, con vacíos en la numeración de las mismas lo que sugiere que unas 28 páginas se habían extraviado ya antes de su compra por Voynich.
Ilustraciones sobre astrología.
Aqui puedes leer el libro completo y tratar de decifrarlo: Voynich
El enigmático pozo de la isla del roble
La isla de Oak (Roble), en Canadá, tiene montones de leyendas sobre posibles tesoros enterrados por los piratas que, en un tiempo, pulularon por la zona.
En un día de verano de 1795, tres chicos pensaron en ellas cuando se encontraron ante un hoyo de tierra circular, de tierra excavada ya sedimentada y bajo las ramas de un roble, de las que colgaban restos podridos de aparejos de un barco.
Eran tres amigos: John Smith, Daniel McGinnis y Anthony Vaughan. Al cavar sacaron en un principio tierra blanda que cubría un pozo, de duras paredes de arcilla. A los 60 centímetros encontraron una capa de piedras lisas, cortadas a propósito y de un tipo de piedra que no se encontraba en la isla. Evidentemente se encontraban ante un pozo construido a conciencia.
A los 3 metros hallaron una plataforma de troncos de roble, incrustada horizontalmente, pero no encontraron bajo ella el tesoro anhelado sino de nuevo tierra sedimentada. Era evidente que se trataba de una construcción trabajosa y nada apresurada. Pero no sabían hasta qué punto…
A los 6 metros había otra plataforma de roble y debajo, de nuevo, tierra sedimentada. La decepción y el agotamiento les hizo desistir. Sin embargo no pudieron olvidar el enigmático pozo y años después, en 1803, participaron como miembros destacados en la expedición Onslow, que trató seriamente de aclarar el asunto.
Cada 3 metros aparecía una plataforma de roble, pero no idénticas. Algunas eran especialmente gruesas y reforzadas con fibras de coco, masilla y carbón vegetal.
A los 27 metros encontraron una losa de pórfido, material prácticamente inencontrable no sólo en la isla del roble sino en toda Norteamérica. Y en la losa una inscripción en un alfabeto desconocido para todos los miembros de la expedición. En este punto hay varias hipótesis. Algunos expertos quisieron traducirlo en una frase un tanto pueril y absurda, basándose en un código de cifras sencillo, que diría: “trece metros más abajo están enterrados dos millones de libras”. Pero otros, como el profesor Barry Fell, un experto en lenguas antiguas, llegó a la conclusión de que se trataba de un dialecto copto mediterráneo, cuyo significado sería religioso.
A partir de entonces se especuló con el posible contenido del pozo, aventurando la posibilidad de que no fuera un tesoro lo enterrado allí, o al menos no un tesoro monetario, sino de otro tipo, o quizás una tumba de alguien especial. Incluso algunos especularon con la posibilidad de alguna relación con Egipto, no sólo por el posible dialecto copto, sino por el propio material de la losa, el pórfido. Pero en ese caso… ¿cuándo y por qué trasladar materiales desde tan lejos?.
Al seguir excavando, a la altura de los treinta y pocos metros, el agua empezó a filtrarse en el pozo, pero ya atardecía y a pesar de que tocaban una nueva capa de algo duro, quizá otra capa de troncos de roble, decidieron que retomarían el trabajo al día siguiente.
Pero al día siguiente el agua había subido hasta 10 metros y seguía subiendo. Y dado que los miembros de la expedición eran gente de la zona, que no podía abandonar su trabajo más tiempo, se dieron por vencidos.
Durante los años siguientes hubo otras varias expediciones, con parecidos resultados. Y sus tres jóvenes descubridores siguieron participando en ellas hasta que murieron de viejos.
A lo largo del tiempo se descubrieron datos importantes y curiosos: una extensa zona de playa en Smith’s Cove era artificial. No sólo eso, tenía un sistema de desagües que abastecían túneles, conectados directamente con los niveles más bajos del dichoso pozo. Y a pesar de la tecnología moderna, se llegó a la conclusión de que parece imposible cortar el flujo del agua, porque además del agua de mar existen otras corrientes subterráneas muy potentes (se ha especulado con un pantano del centro de la isla, entre otras cosas)
En la ya citada zona de playa artificial de Smith’s Cove se han encontrado restos de inmensos troncos con lo que parecen inscripciones en números romanos, y se ha especulado con la posibilidad de que formaran parte de un dique para la construcción y excavación de todo ese sistema de canales, túneles y desagües.
Algunas expediciones trataron a su vez de construir algún dique para bloquear el túnel de agua principal, pero todos fueron destruidos por la fuerte corriente atlántica. Es decir se añadía un nuevo misterio: cómo lo consiguieron los constructores del dique primitivo. ¿Sencillamente porque el nivel del mar sería muy inferior?. En ese caso se tendría que hablar de mucho tiempo antes…
Las expediciones se han seguido sucediendo hasta ahora, sin lograr nada, excepto el encuentro con más detalles que aumentaban el misterio del dichoso pozo, como por ejemplo, lo obtenido en 1849 por una excavadora que subió a la superficie eslabones de una cadena de oro y un fragmento de pergamino, que dio lugar a nuevas y especulativas teorías queriendo vincular al lugar a uno de los personajes que siempre se quieren relacionar con todo tipo de misterios: Francis Bacon.
En 1897 volvieron a encontrarse restos de pergamino con borrosas iniciales o letras.
En 1967-69 se encontró madera del siglo XVI y un pedazo de latón muy antiguo.
En 1972 una cámara submarina captó lo que podrían ser un par de cofres en medio de todo un laberinto de túneles, lo que parecía un cadáver y hasta una mano cortada. Pero la visión no fue nada clara por lo turbio del agua debido a la gran cantidad de sedimentos y todo quedó en meras posibilidades.
Pero volviendo al siglo XIX nos encontramos con un personaje más o menos enigmático. Se trataba del capataz James Pitblado, que en 1849 robó algo que salió enganchado en la perforadora ante un testigo, que le pidió inútilmente que lo devolviera, o al menos lo enseñara. El capataz se negó, abandonó la isla, poco después trató de comprarla sin éxito y murió en un accidente laboral, al margen del pozo, y sin hablar de su descubrimiento.
Hablando de muertos surgió una leyenda que afirmaba que el misterio se resolvería cuando murieran 7 personas. En 1861 la explosión de una caldera mató a un hombre. En 1897 murieron otras dos personas. Y en 1965 las cuatro últimas en un mismo día. Y no es la única leyenda. Se empezó a hablar de apariciones extrañas de seres y animales, o fantasmas de soldados ingleses del siglo XVIII.
Para complicar más las cosas el geólogo Bob Dunfield utilizó una excavadora gigantesca para extraer toneladas de arcilla y lo que logró fue destruir detalles curiosos y significativos, como por ejemplo, un triángulo y un dibujo de piedras que parecían indicar la dirección del pozo desde las cercanías, que se había descubierto en 1897.
Un grupo de exploración (traducido: La Compañía de exploración de la Isla del Roble) ha comenzado a tratar los problemas de ingeniería globales de la excavación, llegando por ahora a la conclusión de que es imposible controlar las inundaciones subterráneas del pozo, que comunican directamente con el océano Atlántico, además de no entender las estructuras subterráneas de la isla.
En fin, las teorías siguen pululando locamente en torno al misterioso pozo. Por supuesto no faltan las de siempre ¿estaría allí enterrado el tesoro templario desaparecido tras la eliminación de la orden?…
Sea como sea las intenciones de los constructores son contradictorias. Por un lado convertir lo enterrado allí en inalcanzable y por otro señalar su ubicación… Como si lo importante fuera el efecto creado en la gente. No sólo despertar su codicia sino espolear la necesidad de misterios, que es igual o mayor en todos los seres humanos. Incluso tiene algo que me recuerda al pretexto típico utilizado por Hitchcock en sus películas. Es decir presentar al principio un detalle que, aparentemente, fuera el desencadenante de la historia, para enseguida abandonarlo para ser sustituido por otro motivo y otra trama. O, como en el poema de Itaca del poeta Kavafis, lanzar un señuelo que sirva de motor para ponerse en marcha, pero desvelar con el paso del tiempo que lo importante no es alcanzar ese objetivo sino el viaje en sí mismo. Es más, llegar a descubrir que lo deseable es que ese objetivo no se alcance nunca, para así prolongar el viaje hasta la muerte.
Y rozar así el sentido del sinsentido. Yo al menos me quedo con eso. Con tantas y tantas cosas que en la vida apuntan, una y otra vez, en esa misma dirección. Con lo cual espero que nunca se llegue al fondo del pozo. Pero si alguien tiene ganas de aventuras, ahí sigue la isla del Roble en la costa atlántica de Canadá, esperándole con todo el tiempo del mundo. Le deseo suerte y felices y enriquecedoras experiencias.
CRONOLOGIA
1795: Daniel McGinnis encuentra el pozo del dinero. McGinnis, John Smith, y Anthony Vaughan cavan 30 pies de profundidad en la tierra temporalmente.
1803: La Onslow Company junto con los 3 buscadores originales comienzan la excavación. Consiguen cavar 90 pies, pero esta excavación se inundó debido a conductos y túneles que comunicaban con el océano.
1804: La excavación paralela que realizó la Onslow Company a 110 pies, también fue inundada al querer acceder al túnel principal donde se encontraba el tesoro.
1849: La Truro Company comienza a cavar. Perforan mediante 2 barriles llenos de “loose metal”. Además recuperaron 3 conexiones hacia el túnel principal hacia el tesoro.
1850: Canal subterráneo y playa artifical donde encontraron en la cala de Smith.
1861: La Isla del Roble se cobra la primera vida humana. Una caldera que estalló mató a un hombre.
1861: El fondo se hundió debido al conectar con tres túneles que se cruzaban entre sí a una profundidad de 100 pies.
1893: Fred Blair y la Oak Island Treasure Company comienzan sus investigaciones. Investigaron el túnel del derrumbamiento.
1897: La formación de rocas en triángulo fue descubierta.
1897: El cemento y el pergamino encontrados fueron descubiertos durante la perforación.
1897: La isla se cobró la segunda vida cuando Maynard Kaiser bajó por el túnel.
1899: El segundo túnel inundado, el túnel del sur de la orilla, fue descubierto.
1936: Fue encontrada la segunda piedra con inscripciones y se descubrieron más evidencias sobre el tesoro.
1965: En un día la Isla del Roble volvió a cobrarse la vida de cuatro hombres: Bob y Bobbie Restall, Karl Grasser, y Cyril Hiltz
La sacerdotisa maldita
La hoy conocida como “Princesa de Amon-Ra” o “Sacerdotisa de Amon-Ra” vivió alrededor del año mil quinientos antes de Cristo. Cuando murió fue depositada en un bello sarcófago de madera, embalsamada y enterrada en una cripta en Luxor, junto a la ribera del Nilo. Más de tres mil años después, a finales de 1890, cuatro jóvenes adinerados de Inglaterra visitaron las excavaciones que se desarrollaban en ese lugar.
Allí pudieron contemplar el hermoso sarcófago de la princesa recién extraído de la cámara mortuoria. Pujaron por él hasta que uno de ellos fijó una suma demasiado alta para los demás e hizo que algunos nativos trasladaran la valiosa pieza a su hotel. Horas más tarde, el nuevo propietario del sarcófago se internó solo en las arenas del desierto y no volvió a ser visto jamás. Al día siguiente, uno de sus tres compañeros perdió un brazo tras ser herido accidentalmente por el disparo de uno de sus criados egipcios. La maldición atacó a los dos restantes al volver a Inglaterra: uno descubrió que sus ahorros se habían esfumado; el otro quedó inutilizado por una grave enfermedad y terminó sus días vendiendo cerillas en la calle.
Tiempo después, y tras la racha de infortunios, el sarcófago llegó a Inglaterra dejando un rastro de desgracias. Su nuevo dueño, un empresario del lugar, sería una nueva víctima de la cadena de extraños percances: tres de sus parientes resultaron heridos en un accidente de coche y su casa se incendió. La superstición pudo con el caballero, y donó la pieza al Museo Británico. La supuesta maldición actuó ya durante el transporte del objeto, ya que el camión se puso en marcha de forma inesperada y atropelló a un peatón. Además, uno de los operarios que lo llevaba se rompió una pierna y otro murió a los pocos días aquejado por una enfermedad desconocida. Los problemas se agravaron cuando el precioso ataúd se colocó en la sala egipcia del museo: los vigilantes escuchaban golpes y sollozos que venían del interior del sarcófago; otras piezas se movían sin causa aparente; se encontró a un guardián muerto durante la ronda y los otros dejaron el trabajo; las limpiadoras se negaban a trabajar cerca de la momia… Por fin se decidió trasladar la pieza al sótano para evitar problemas. No funcionó. Uno de los conservadores murió y su ayudante cayó muy enfermo.
La prensa comenzó a hacerse eco de la maldición. Un reportero hizo una fotografía del sarcófago. Cuando la reveló, había una horripilante cara humana en lugar del pacífico rostro bellamente pintado en la madera. Se dice que, tras contemplar la imagen durante un rato, el fotógrafo se fue a casa y se pegó un tiro. Finalmente, el Museo Británico decidió desprenderse de la “Princesa”. Un coleccionista la compró y, tras la clásica cadena de muertes y desgracias, la encerró en el desván y buscó ayuda.
El llamamiento del asustado caballero fue atendido por Madame Helena Blavatski, toda una autoridad en el mundillo ocultista de principios del siglo XX. Nada más entrar en la casa sintió como una presencia maligna emanaba del desván. Descartó la idea del exorcismo y suplicó a su propietario que se deshiciera de ella con urgencia. ¿Pero quién, en toda Inglaterra, iba a querer comprar una momia maldita? Nadie. Afortunadamente, fuera del país surgió un comprador: un arqueólogo americano que achacó las desgracias a una cadena de casualidades. Se preparó el envío a Nueva York. La noche del 10 de abril de 1912, el propietario consignó los restos mortales de la princesa de Amon-Ra en un barco que se disponía a atravesar el Atlántico con dos mil doscientos veinticuatro pasajeros: el trasatlántico clase Olympic R.M.S. Titanic.
¿Leyendas? ¿Una serie de acontecimientos y casualidades frutos del azar? ¿O quizas… ?
Los perros malditos
Se pueden encontrar enormes y terroríficos perros negros, de mirada fiera y brillante, en el bestiario mitológico y folclórico de prácticamente todos los países y culturas. Desde tiempos inmemoriales, las leyendas sobre estos canes infernales han atormentado a mayores y a pequeños, llegando en algunos casos a traspasar la delgada línea del mito para convertirse en contundente realidad. Las víctimas de algunas de estas legendarias bestias, como en el caso de la bestia de Gévaudan, se pueden contar por decenas.
Perros negros fantasmas
Estas criaturas forman parte del folclore de casi todos los condados ingleses y Bélgica cuenta con su propia versión. A pesar de que existen variantes regionales, la mayoría de los perros negros tienen el tamaño de terneros, sus ojos rojos son grandes como paltos y destacan por su pelaje enmarañado. Hacen su aparición en vías antiguas, cruces de caminos, cementerios y horcas, que son lugares asociados a supersticiones y acontecimientos misteriosos.

Se dice que durante las tormentas eléctricas aparecen algunos perros negros. Una veleta de Bungay Market, en Suffolk, muestra la imagen de un perro negro conocido como Black Shuck, y un rayo. El domingo 4 de agosto de 1577, cuando la iglesia de Santa María se encontraba rebosante de feligreses, una terrible tormenta sacudió el edificio. De pronto un enorme perro negro iluminado por descargas eléctricas hizo su aparición en la iglesia y atacó con sus garras y dientes a un gran número de personas. La mayoría de los testigos consideró que la bestia era un demonio, un emisario del diablo.
Barghest y Mauthe
En algunas poblaciones se cree que los perros negros auguran la muerte. Una de estas criaturas, llamada Barghest, aparece en localidades del norte de Inglaterra, en especial en Yorkshire. Se creía que quienes veían al animal con claridad morirían poco después, mientras que quienes sólo lo avistaban de lejos vivirían unos meses más antes de sucumbir.
Una criatura similar, llamada perro Mauthe, suele aparecer en el cuartel del castillo de Peel, en la isla de Man. Para probar su valentía, un soldado ebrio entró en una ocasión en el cuartel a solas, pero perdió el habla y murió tres días después.
Kludde
El perro negro belga se llama Kludde. A pesar de que suele tener el aspecto de un perro gigantesco, también se manifiesta como un gato, una rana, un murciélago o un caballo. En todas sus formas puede ser identificado por las cadenas que se arrastran por el suelo y por la llama azul que brilla alrededor de su cabeza. El Kludde salta sobre la espalda de los viajeros y los ataca con sus dientes y garras.
Cerbero
Cerbero, mítico ancestro de los perros negros del folclore europeo, es un monstruoso demonio que custodia la puerta del infierno en la mitología griega, asegurándose de que ninguna persona viva pueda acceder al mismo a la vez que guarda de que ningún espíritu consiga escapar.
Bestia de Gévaudan
Algunas leyendas sobre perros negros se basan en acontecimientos reales. Entre 1764 y 1767, una misteriosa criatura similar a un lobo supuestamente atacó y mató a entre sesenta y cien personas en la zona del centro-sur francés. Llamada bestia de Gévaudan, la criatura era tan grande como una vaca, y tenía el pecho amplio, una cola larga terminada en un mechón de pelo, orejas grandes y puntiagudas y una boca enorme con colmillos salientes. Los habitantes de la zona creían que se trataba de un hombre lobo o una hechicera que había adoptado la forma de un monstruo para alimentarse de carne humana.
El método de ataque de la bestia resultaba particularmente atemorizante. Solía centrarse en la cabeza de su víctima, que aplastaba o arrancaba. También parecía preferir presas humanas, en particular mujeres y niños, en lugar de animales de granja. A pesar de que el rey francés Luis XV envió a sus mejores cazadores de lobos a perseguir al animal, la bestia fue finalmente derrotada por un cazador de la zona, Jean Chastel, quien aseguró haber rezado y leído la Biblia antes de su triunfo.
Otras leyendas
Sería imposible recopilar las numerosas y extensas leyendas sobre los perros negros o sus variantes, como el Striker, el Padfoot o el Hooter, así que tan solo os dejo un par de ellas, a los más curiosos e interesados seguro que no les cuesta mucho encontrar un buen número de ellas en la red.
El perro negro de El Escorial y las Puertas del Infierno
Según la leyenda, durante la construcción del monasterio de San Lorenzo de El Escorial,(Madrid) un misterioso perro negro aterrorizaba a los obreros por las noches, obstaculizando las obras. Quizás el perro infernal protegía el lugar, pues se ha atribuido a El Escorial el ser una de las puertas del Infierno que se extienden por el mundo (otra de las cuales es la ciudad italiana de Turín); ésta fue una de las razones por las que Felipe II mandó construir el monasterio en este lugar: para mantener cerrada dicha puerta.
El perro fue encontrado y se ordenó que se le ahorcase en una de las torres del monasterio, donde permaneció mucho tiempo.
Cuando Felipe II regresó definitivamente a El Escorial para morir, desde su lecho de muerte (acompañado de multitud de reliquias de santos), siguió oyendo los ladridos de ese perro infernal, que ya había sido sacrificado hacía años.
El cadejo
Un cadejo es un animal legendario de la región mesoamericana extendida entre las zonas rurales e incluso urbanas de Centroamérica. Se dice que es un mítico perro (o dos perros) que generalmente se le aparece a quienes deambulan a altas horas de la noche y al cual se le atribuyen poderes misteriosos.
Representación de Cadejo.Las diferentes versiones de la leyenda en centroamérica describen a un cadejo blanco y uno negro (generalmente benigno y maligno respectivamente), o simplemente un solo cadejo negro (generalmente beningo). La leyenda del Cadejo es el vestigio de una antigua creencia que supone que todo humano posee un animal de compañía. Este mítico animal es el doble del hombre, de tal manera que la enfermedad o la muerte del primero conllevan la enfermedad o la muerte del segundo. En la actualidad, se puede establecer comparaciones de lo anterior con el pensamiento cristiano, que expresa que el hombre tiene un ángel guardián que lo protege de los peligros. La creencia supone la existencia de un animal compañero para cada hombre. Ese animal es el Cadejo blanco. También este personaje tiene su resonancia precolombina maya en un espectro bienechor guardián de los caminos.
Dicho animal acompaña al hombre en todos sus viajes solitarios por la noche; y en la versión de dos cadejos, el blanco lo protege y lo defiende contra los malos espíritus encarnados en El Cadejo negro, color tenebroso que simboliza la muerte, o sea, el mal en todas sus manifestaciones.
Aqui la parte 1 por si la quieren ver.
Aqui algunos post mios por si los quieren ver.