Estaban en la presentación oficial del nuevo sistema operativo: Windows 98. Bill Gates (que sólo con pensar en el dinero que tiene ya da respeto) y un pobre trabajador de Microsoft. La sala llena hasta la bandera. El público exultante ante la demostración del nuevo Windows que, según prometían, no se iba a colgar jamás. Y de repente….¡Pum! se colgó… buenísima la cara de Bill Gates. Cuando te pasa algo así o que debes hacer es reír (reír por no llorar, se entiende). La reacción del público no tiene desperdicio. El día de la presentación se les cuelga el programa… y vamos nosotros, los usuarios, y compramos, nada más y nada menos, que 2.000 millones de copias. Mira que somos tontos…


Fiesta del martillo explosivo