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Informe coleccionable para mujeres: los regalos de él

Humor11/7/2009

Informe coleccionable para mujeres: los regalos de él te permiten saber si ese tipo te conviene




A propósito del famoso artículo "]”, [/color]hemos decidido profundizar un poco sobre este extraño comportamiento natural, con una minuta sobre cómo determinar la identidad y en lo posible el perfil psicológico y la situación patrimonial de un desconocido, a partir de un regalo sorpresa.


(Se excluyen los presentes que por su exotismo o costo sólo podría hacerlos un magnate, como automóviles, un fin de semana entre Marruecos y la Costa Azul o una cena en el Soho con Brad Pitt y Angelina Jolie, que suspendieron el rodaje de las dos películas más caras de la historia para conocerte)

He aquí algunos ejemplos.



Flores



Se trata del regalo sorpresa y de remitente secreto más popular del mundo occidental. Las flores son efímeras por naturaleza, y más cuando han sido despojadas del tubito que las une al suelo. Esta simple constatación (que también hace el regalón, inconscientemente) implica que habrá más regalos, tal vez, incluso, más flores.



Guarda cuando te regalan flores.



Hay un par de excepciones para interpretar este obsequio: las flores que recibimos cuando estamos en el hospital después de haber sido atropellados por un conductor despiadado, que son una forma de decir “lo siento, arreglemos esto sin abogados”, y las flores que recibimos cuando estamos muertos, en cuyo caso no hay que hacerse demasiados problemas.



También están las “flores-bomba”, las flores con micrófonos ocultos y los extraterrestres disfrazados de flores, pero nos ocuparemos de ello en otra columna. El resto de los supuestos en los que –usualmente– una mujer recibe flores, se pueden analizar a partir de la especie y variedad de la flor.



Rosas.



Este regalo es la flor y nata de la convocatoria bucólica, mimosa, adherente. La intencionalidad que encierra una rosa es universal, pero la cantidad de ejemplares puede decirnos mucho del remitente. Por ejemplo, el tipo que te regala una sola rosa, o es un seco (las rosas son caras), o es un dandy que te propone un solo polvo perfecto. El que te regala una docena o más también puede ser un seco que rompió el chanchito o el dueño de una distribuidora de gaseosas que tiene guita para jugar con las ilusiones de una pobre chica y está convencido de que así como puede pagarle a un travesti de la Plaza España, a vos te mete en un bolsillo por ciento veinte pesos.



Azucenas, amarilis, orquídeas.



Son poco comunes y tienen una inequívoca connotación erótica, fálica. Ese sujeto te puede llegar a atar en lo más alto de la estructura de los silos de La Fabril, y darte matraca mientras su mirada se extravía en las lejanas luces del puente Chaco-Corrientes. En tu lugar, me pondría zapatillas para la primera salida.



Tulipanes. Es un drogadicto, un traficante o un íntimo de Berlusconi. Metele para adelante.




Margaritas con planta, maceta y todo. Tu admirador secreto tiene menos tacto que el Pelado Rossi, pero ama la Naturaleza y en ocasiones hasta puede ser divertido. Dale una oportunidad sólo si la maceta no viene con el logo de Greenpeace.



Una flor de plástico con una estampita genérica que dice “Si el amor fuera una cosa, tú serías esta rosa”. No hace falta que te diga que este muchacho no te conviene.



Cosas ricas



Las golosinas son otra forma universal de levantarse una mina. A veces llegan después de las flores, cuando el padrillo invisible asume que ya estás para el sacrificio. Es verdad que el chocolate y el licor significan sexo y nada más que sexo, pero también podemos estar frente a un manipulador obsesivo que, entre líneas, te está diciendo: “A ver gordi si sos capaz de romper tu dieta”. Antes de dejarte por pusilánime y masoca, es probable que el muy sorete te pida que te acuestes con todos sus amigos. No descartes hacerte famosa en internet. Veamos ejemplos.



Bombones y otras confituras de Bonafide o Cadbury. Son el equivalente azucarado de las rosas. Si además no han perdido la cadena de frío, estás ante un obsesivo compulsivo que anda por todas partes con un frigobar, o en presencia de un genuino macho proveedor. Eso sí: si cuando abrís el paquete descubrís que falta un solo bomboncito, no lo dudes: tu amigo invisible la mira con cariño.



Garotos y confituras brasileñas I. A pesar de que se venden en los mercados paraguayos y tienen la fecha de vencimiento borrada; a pesar de que a los “paseros” la caja pudo habérseles caído al agua del río mientras la acomodaban; a pesar de que estas inmundicias artificiales tienen, en general, gusto a bananita dolca contaminada, el tipo te quiere bien. Puede ser un vendedor de seguros que, si está en la buena, por ahí te saca a pasear en su “Jut Tsi Flash 125” tuneada y terminan comiendo unas tiritas de falda en la parrilla de Central Norte. En la primera cita, si es que aceptás, no eches todo a perder diciendo que te apasiona la obra de Takeshi Kitano en su primera etapa.



Garotos y confituras brasileñas II. Como la procedencia de estas porquerías siempre es dudosa, hay otra posibilidad: que el tipo sea inspector o cana, y que haya tomado un par de cajas de un decomiso para ver si pica alguna bandida. Ojo con esas cosas.



Una bolsita de caramelos masticables. Aunque sean de esos que tienen chocolate adentro, o pasta de café, no le des cinco de pelota a ese grasa que, además, está acostumbrado a adquirir mercaderías a granel porque tiene no menos de cinco hijos.




Una bolsita de caramelos “menta cristal”. Este, aparte de busca, es un desubicado. ¿Qué intenta decirte? ¿Qué tenés mal aliento? No, que se pele: no le des ninguna oportunidad.




Libros

Ésta es acaso la categoría más problemática. Recibir un libro de un remitente desconocido nos traslada al campo de la especulación más retorcida: ¿Sabe leer? ¿es eso lo que intenta decirme? ¿Le gusta lo que me mandó o cree que me va a gustar a mí? Si lo que me mandó es una mierda, ¿cree que yo también soy una mierda? Además, ¿un intelectual? ¿a eso aspiro el resto de mi vida? ¿a estar con un cornudo que vive encerrado en la biblioteca? En fin, todo un laberinto de posibilidades.



Osho, “Cuando el zapato es cómodo… te olvidas del pie”.



¿Qué te parece? Si el chabón la pensó, es evidente que vos sos la típica modelito que está rebuena, y como tal es probable que no entiendas una sola palabra de esta guía. No se me ocurre otra razón por la que un amigo invisible pueda regalar algo así. Que tengas suerte.



Paulo Cohelo, “El Alquimista” o “Manual del Guerrero de la Luz”.



En fin, éste seguro tiene un rottweiler entrenado para matar al primero que pase por la vereda, porque de ese modo, al proyectarse en el perrito, compensa su inseguridad natural y el hecho incontestable de que la tiene chiquita. Es un muchacho taciturno amante de las películas de la Segunda Guerra Mundial y filatelista vocacional. En la primera cita podrás enterarte de por qué los RPG-7 de los británicos fueron la perdición de los Pucará argentinos en la Guerra de Malvinas. Por favor en ningún momento te rías cuando te recite de memoria el “Acta de Rendición Incondicional” de Menéndez. Podría enojarse.



Pablo Neruda, “Los versos del capitán”.



Es un tipo politizado, empleado público, de mediana edad y con problemas de fertilidad. Vive con la madre. Canaliza su libido mirando documentales en Canal Encuentro y su habitación es como un teatro en miniatura que te transporta a la década del ochenta: muñequitos de Marvel prolijamente acomodados en una repisa, barquitos de modelismo sin sacar de su embalaje, cassettes de Silvio mezclados con long plays de Virus y Los Abuelos, varios álbumes de fotos de la secundaria (de donde probablemente te conozca) y, colgado en la cabecera de la cama, un enorme lienzo con una foto del Che.

Atesora, entre sus pertenencias más queridas, un bestiario psicobolche con poemas del propio Guevara Lynch, de Lenin adolescente, de Mao Tse Tung traducido al español, y de Chacho Álvarez antes de emprender su revolución secreta; se llama “Sonetos a punta de fusil” y te lo leerá entero en la primera cita, mientras en el radiograbador suene la aguerrida arenga de Viglietti, “A desalambrar, a desalambrar”.



El célebre recetario “Cocina Fácil para la Mujer Moderna”. Bueno, imaginate dónde te quiere el turro éste.



Kant, “Crítica de la Razón Pura”, versión comentada con letra chiquita. No, el pibe no te odia. Es que la acumulación de esperma que sufre desde su nacimiento le ha nublado el juicio. Si lo querés lastimar, devolvele el libro con una notita que diga: “Lo lamento, prefiero a Hegel”. Si un par de días después recibís un ejemplar de “Fenomenología del Espíritu”, de Hegel, te sugiero que te mudes a otro barrio.



Varios autores, “La Santa Biblia”. ¡Dios, nadie regala la Biblia! Ese sujeto está jugando con tu mente. Es probable que estés a minutos de ser descuartizada. Aprovechá el regalo y ponete a rezar.



Kama Sutra. Cuando lo conozcas: forro de amianto. Haceme caso.



Bien, como esto se extendió más de la cuenta, en el siguiente apartado simplemente vamos a enumerar otros obsequios frecuentes de admiradores secretos. Como ya leíste nuestra guía, seguramente podrás aplicar los conocimientos adquiridos para deducir qué hay detrás de cada uno. Besos y nos vemos la semana que viene, a la misma hora y en el mismo canal.



Otros regalos secretos

Adornos. Una carpetita tejida por la abuela (siempre se nota); un cisne hecho con palitos de helado; un galeón adentro de una botella; un candelabro judío (Menorah); un velador; un cuadro con una réplica de “Los Girasoles” de Van Gogh; un cuadro original, pintado al óleo, de fácil datación e interpretación y carente de la más mínima técnica; una estatuilla de cerámica con la forma de una de esas tallas eróticas que se encuentran en los templos de Khajuraho, en la India, con una notita en sánscrito que dice algo así como: “Soy un tipo tierno, si te agarro te emperno”.





Regalos extraños. Una caja de velas; un álbum de fotos de personas muertas; un mapa; un mapa con una estampita de San Cayetano abrochada en un ángulo específico; un animal embalsamado; tu mascota muerta una semana atrás, embalsamada; mancuernas; cuadros de payasos o de niños llorando; una gargantilla hecha íntegramente de piezas dentarias humanas; un pulgar humano; una pata de gallina con un moñito rojo; un vibrador de veinticinco centímetros.


Tarea para el hogar: si recibiste algún regalo que no esté dentro de nuestras categorías, es momento de contarnos cuál fue y qué pasó después.



http://www.angaunoticias.com.ar/variete/1463-losregalosysusignificado.html




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