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¿Querés levantarte una mina regalándole música?

Humor11/7/2009

¿Querés levantarte una mina regalándole música? Buscá una birome, vení y leé





Aunque el album solista de Tino, el de Los Parchis, sea como un tesoro para vos, a ella puede no impactarla.




En el programa de hoy vamos a hablar de “regalos musicales”, y más específicamente de soportes musicales con música adentro (pueden ser desde discos de pasta hasta blue-ray disks, o uno de esos cristalitos como el que usa Tom Cruise en Minority Report; pero también una tarjeta musical, un forro musical o un instrumento musical que toque solo). ¿Qué tienen de especial estas cosas? La música que llevan adentro, que tendrás que seleccionar con la agudeza de un francotirador para no terminar en el lodo.






De lo que no hablaremos, te voy avisando, es de música sin soporte o con un soporte efímero como el propio músico; vale decir, nada de serenatas.



Esta guía está dirigida a los oyentes de nuestro programa que no tienen (y enfatizo: no tienen) una relación estable con la mujer a la que le están por comprar un cidí. Más aún: intentarán levantársela con esa dádiva. El asunto, que es toda una ciencia, merece nuestra atención.



Ejemplo típico: una mirada que cazaste al vuelo en la oficina, un rictus romántico o un destello gatuno que creíste dirigido sólo a vos, te conmueven de tal forma que inmediatamente pensás en un tema musical acorde a ese lazo íntimo que acaba de materializarse. Y claro, como sos un grasa que encima la va de progre, le regalás los grandes éxitos de Bombita Rodríguez y desde entonces la mina te empieza a tratar como el payaso de la empresa.




Sí, loco lindo, las elecciones apresuradas podrían conducirte al fracaso antes siquiera de haberle tocado el pelo, así que no te hagás el canchero y prestá atención, porque igual que en el caso de las flores y otros obsequios, el regalo en sí mismo dice más sobre vos que sobre la otra persona.



Primero, el soporte elegido. En la época en que éstos eran, a lo sumo, dos (discos de vinilo y cassettes) vos podías definirte como un clásico o como un moderno de acuerdo a esa primera elección. Ahora es diferente porque no sólo hay un montón (incluidos cassettes y long plays), sino que además hay que discriminar el tipo de formato en el que estará compilada la obra.



Nada peor que regalar un blue-ray disk que nadie o casi nadie podrá escuchar, encima con las canciones en un formato de archivo que exige horas de búsqueda en foros de internet para saber cómo carajo abrirlos, y al final, cuando la mina se sienta y se sirve una copita de anís para relajar, en los parlantes empieza a sonar “Violeta”, de Alcides, en versión remixada.



Si sos de mediados de los ochenta para acá (y no te gustan las mujeres mayores) a tu candidata no le molestará que te le acerques con cara de Emo a su escritorio y, como quien no quiere la cosa, penetres el palpitante puerto USB de su máquina con tu pen drive pequeñito. Ella sabrá qué hacer, bajará los temas, escuchará un segundo y medio de cada track y te sonreirá sin decirte una sola palabra. Has ganado, aunque sinceramente no sé cómo seguirá reproduciéndose nuestra especie con ese tipo de conductas.



Si sos más viejito o un joven chapado a la antigua, tu método será más refinado, artesanal. Como decíamos antes, seguro hubo antes un gesto o una palabra que te llevaron a especular sobre los gustos musicales de la chica. Aunque es una estupidez creer que sabés lo que piensa una mujer, todavía tendrás la chance de elegir una o varias canciones que al menos no despierten su instinto asesino. Y por ahí, de pedo, como en una lotería, la mina resulte una fanática, igual que vos, de la música celta interpretada con instrumentos tradicionales, y se vayan a vivir juntos a los menhires de Stonehenge. Pero no te hagas ilusiones.




Volvamos al principio: no hace falta que contrates un detective para saber con qué tipo de artefacto la mina va a escuchar tu regalo; simplemente comprale un cidí, que es lo más común.



Recomendación encarecida: nunca, pero nunca lo grabes vos.



No seas rata y andá a la disquería. Si vivieras en una ciudad en la que no hay disquerías o el disco que buscás no está en stock, te aconsejo un buen ramo de rosas. Si de todos modos insistís en grabarle un cidí porque es personal y la mar en coche (te aviso que te estás suicidando), entonces ¡no se te ocurra hacerle dibujitos! ¡Nada de letritas maracas ni de caritas sonrientes! ¡No seas huevón, por el amor de Dios! La mina se va a aparecer al otro día en la oficina con el disco y se lo va a mostrar a todo el mundo, y vos te vas a dechavar por el rojo carmesí de tu cara de pajer* justo cuando ella le está diciendo a sus amigas: “qué tipo pelotud* el que me mandó esta mierd@”.



Ahora sí, vamos a la música.


Está claro: le tenés que regalar algo clásico. Clásico y popular. Pero como a diferencia de las flores y los bombones la música desnuda lo que tenés adentro, tratá de que no se te vean los intestinos. Que vos te hayas criado escuchando heavy metal no significa que a ella le tenga que gustar. Lo mismo se aplica al rock sinfónico y a la música dodecafónica. Suponiendo que la mina sepa quién carajo era Schönberg, ¿te la imaginás tomando una copa con vos mientras debaten sobre la “inversión retrógrada”?



No, no cometas esos errores: si te gusta King Crimson o te emocionás con las escalas de Rick Wakeman, escuchalos en tu cueva. Si le vas a regalar música, hacé apuestas seguras: The Beatles (¡la Banda del Sargento Peppers no, flaco!); alguna antología remasterizada de Janis Joplin o un disco de Pavarotti & Friends, o de Sinatra & Friends; cosas asequibles.



Si es jazz no te dejes seducir por el frenesí de Charlie Parker o por bandas nuevas tipo Niacin, porque vas a quedar como un drogadicto: que sea algo más tranqui, así, si no le gusta al menos no te va a odiar antes de que se revele tu identidad.



No le regales discos de bossa nova. No le regales discos de Silvio Rodríguez. Si querés jugarla de bolchevique postmoderno mandale algo de Buena Vista Social Club, que le gusta a todo el mundo. O sea, no te creas tan especial: asumite como un tipo corriente que ha caído en la desesperación de regalar lo que nunca se debe regalar.




Nunca te inclines por el tango.



El tango es triste aunque tenga contenido político o intente ser chistoso (Cafetín de Buenos Aires, El mosquito, Cambalache, te angustian desde el primer compás). El tipo que regala discos de tango es, por definición, un amargo, posiblemente hincha de Aldosivi. Si vas por ese lado, jugate con uno de esos experimentos electrónicos tipo Bajo Fondo o Gotan Project, que son cool y después podrán ponerlo en el combinado mientras estén chapando.



Cuidado con la música electrónica:



si es pendeja, preferirá el reggaeton antes que el último de Moby; recordá que no vivimos en Brooklyn. Aparte con la música electrónica está el problema de tu propia edad: ¿qué va a pensar la piba (que eventualmente podría acostarse con vos, pero nunca sentir que pertenecen al mismo universo) si un viejo verde le manda un disco de Calle 13? No te metas en camisa de once varas.



Si sos de los que piensan que hay un tipo de música llamada “clásica”, que va desde Chopin hasta Mozart e incluye al que compuso la banda de sonido de Titanic, llamate a silencio porque sos un animal. Aparte, la “música clásica” es para regalarla a las tías-abuelas. ¿Qué pasaría si la mina realmente supiera de, por ejemplo, música barroca? Vos te hiciste el langa y la quisiste impresionar con la partita para violín solo Nº2, BWV 1004, de Bach, sin saber (ella sí lo sabe) que la compuso en memoria de su esposa muerta, lo que es todo un mensaje para la mina que te querés levantar.





En fin, sigo pensando que si la chica te gusta mucho, lo mejor que podés hacer es encararla en vez de andar regalándole porquerías (y dejar las porquerías para cuando vivan juntos), pero si sos un romántico incurable, no te voy a detener.



Dale, contame qué música le regalaste, y si la respuesta fue la esperada.





http://www.angaunoticias.com.ar/variete/1479-levantemusical.html




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