El Gran Confucio y su señora grande
El gran maestro Confucio, que todo lo sabe y si no lo sabe se hace el sordo, se había casado con una señora china muy gorda y de muy mal carácter. A la gorda le decían la china Amalia, aunque más bien era de Taiwán, que también son chinos pero con más plata.
La china Amalia teníalo a maltraer al pobre maestro. Cada vez que él llegaba tarde en la noche lo esperaba escondida tras el ropero y dábale con el ventilador en la cabeza. Si el maestro le mentía (o mentíale) y le decía que se iba a meditar -pero en realidad se iba al boliche con los amigos-, la gorda Amalia se le aparecía en el bar a Confucio y se lo llevaba de los pelos mientras le gritaba "¡Vos qué vas a meditar! ¡Qué vas a meditar si vivís en pedo!".
El gran maestro, ya medio cansado de que los demás sabios lo cargaran en el bar, y también cansado de la mala vida que le daba la gorda, se retiró a meditar con su mazo de naipes, a jugarse un solitario con un vinito debajo de la parra.
Entonces, la china Amalia viole al maestro jugando cartas y bebiendo, mas no viole que estaba meditando, y eso la llenó de una incontrolable ira, y le gritó “Confucita, andá a cortar la parra", "Confucita, andá a cortar la parra", le dijo...
El gran maestro, juntó sus cosas en un bolso y nunca más regresó a aquella casa. Y según la policía, la china Amalia murió en forma accidental, mientras lustraba su escopeta.
¿Qué enseñanza nos deja esta historia?
Que algunos hombres equivocan el camino: se casan con la gorda fea y mala, en vez de casarse con la que está buena y no te jode. Y después para arreglarlo hay que tener amigos en la policía.
Así dijo el sabio. Porque el pájaro con sus alas hace maravillas en el cielo, pero yo prefiero muslo o pata.
Animal de Radio, Lalo Mir y Carlos Barragan