
Cuantas cosas en la vida son valiosas porque son caras? Diríamos que muchísimas, atendiendo al valor económico que le damos a las cosas. Pero no siempre resulta ser cierto. Por ejemplo, para los niños, valioso no significa caro. Ellos le dan un significado distinto al valor que al precio de una cosa.
Le regalas a un niño un juguete de mucho valor y alguien mas le regala una pelota plástica. Te aseguro que le hará mas ilusión la pelota plástica que no tiene ningún valor económico que ese juguete de moda súper caro.
Leí una historia de un padre que un sábado por la tarde no sabia que hacer con su hijo de 8 anos. Estaba pensando en llevarlo a un parque de diversiones. Se lo comento a la esposa y ella inmediatamente le dijo: pregúntale al niño que quiere hacer. Fue así como no fueron al parque de diversiones.
Fueron a un campo de béisbol cercano a su casa. El papá era pitcher, la mamá catcher y el hijo el bateador. En eso se fue casi toda la tarde. Después, cuando volvieron a casa, tomaron un helado de mango. Terminaron la jornada a la orilla de un lago donde vieron los fuegos artificiales que conmemoraban la independencia del país. El hijo, sentado en las piernas de papá. Día familiar perfecto.
En otro caso similar, un padre le presentó a su hija una lista con 10 posibles actividades: cine, mini-golf, parque de diversiones, boliche, patinar, bicicleta, paseo en canoa, etc. La niña escogió lo que no estaba en la lista: un día de campo en el parque.
Es así como vemos que lo más valioso para los niños no esta en el costo económico de una diversión, sino la convivencia con sus padres. Incluso, cuando desean ir a un parque de diversiones, muchas veces es porque estarán con papá y con mamá.
Los hijos, además, valoran las cosas de un modo distinto. Sus recuerdos más vivos no siempre coinciden con los pasatiempos más costosos, sino con los momentos que pasaron al lado de sus papás: cuando fueron de cacería, cuando reparaban la bicicleta, cuando iban de paseo, etc.
Muchas veces, sin darse cuenta, los padres tienden a adaptar la diversión de sus hijos a su propia agenda. Por lo que dice la experiencia, al revés funciona mejor. Hay otro motivo importante para fomentar la convivencia entre padres e hijos: sólo así se da una verdadera transmisión de valores. El niño aprende a ver el mundo como lo ven sus padres. Aprende a distinguir el bien del mal; entiende por qué las drogas son malas, por qué debe estudiar, por qué debe rezar e ir a misa, etc. Después de todo, tener hijos felices no es tan caro, al menos económicamente.
Le regalas a un niño un juguete de mucho valor y alguien mas le regala una pelota plástica. Te aseguro que le hará mas ilusión la pelota plástica que no tiene ningún valor económico que ese juguete de moda súper caro.
Leí una historia de un padre que un sábado por la tarde no sabia que hacer con su hijo de 8 anos. Estaba pensando en llevarlo a un parque de diversiones. Se lo comento a la esposa y ella inmediatamente le dijo: pregúntale al niño que quiere hacer. Fue así como no fueron al parque de diversiones.
Fueron a un campo de béisbol cercano a su casa. El papá era pitcher, la mamá catcher y el hijo el bateador. En eso se fue casi toda la tarde. Después, cuando volvieron a casa, tomaron un helado de mango. Terminaron la jornada a la orilla de un lago donde vieron los fuegos artificiales que conmemoraban la independencia del país. El hijo, sentado en las piernas de papá. Día familiar perfecto.
En otro caso similar, un padre le presentó a su hija una lista con 10 posibles actividades: cine, mini-golf, parque de diversiones, boliche, patinar, bicicleta, paseo en canoa, etc. La niña escogió lo que no estaba en la lista: un día de campo en el parque.
Es así como vemos que lo más valioso para los niños no esta en el costo económico de una diversión, sino la convivencia con sus padres. Incluso, cuando desean ir a un parque de diversiones, muchas veces es porque estarán con papá y con mamá.
Los hijos, además, valoran las cosas de un modo distinto. Sus recuerdos más vivos no siempre coinciden con los pasatiempos más costosos, sino con los momentos que pasaron al lado de sus papás: cuando fueron de cacería, cuando reparaban la bicicleta, cuando iban de paseo, etc.
Muchas veces, sin darse cuenta, los padres tienden a adaptar la diversión de sus hijos a su propia agenda. Por lo que dice la experiencia, al revés funciona mejor. Hay otro motivo importante para fomentar la convivencia entre padres e hijos: sólo así se da una verdadera transmisión de valores. El niño aprende a ver el mundo como lo ven sus padres. Aprende a distinguir el bien del mal; entiende por qué las drogas son malas, por qué debe estudiar, por qué debe rezar e ir a misa, etc. Después de todo, tener hijos felices no es tan caro, al menos económicamente.
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