CRÓNICA DE HUMOR
Es normal, hasta cierto punto, que los niños tengan amigos imaginarios, pero cuando los adultos tienen
enemigos imaginarios ya es otra cosa. Esto, que si le sucede a usted o a mí, cualquier psicólogo de
barrio diagnosticaría como paranoia galopante, en términos militares se conoce como maniobras. Es
decir, hacen de cuenta que tienen un enemigo y luego hacen de cuenta que luchan contra el mismo. Por
encima de lo poco sensato que parezca, hay que reconocer que es mejor que reconozcan que el
enemigo es fruto de la imaginación, cosa que otrora no admitieron y aprovecharon para darle con un
caño a más de cuatro inocentes.
Mil setecientos efectivos participaron de un ensayo de liberación, que suponía una invasión extranjera
a Maldonado. Alguien debería haberle explicado a nuestras Fuerzas Armadas que el Estado viene
trabajando hace décadas para que sean cada vez más los extranjeros que invadan Maldonado cada
verano, pues tampoco es cuestión de andar suponiendo que los soldados y el turismo estival van de la
mano. De ser así, durante los desfiles militares veríamos efectivos en shorts, prenda con la que ningún
militar suele lucir dignamente, excepto Alec Guinness en El puente sobre el río Kwai.
El ejercicio se llamó Ibirapitá, denominación sumamente patriótica en cuanto es ese el nombre del
árbol de Artigas, pero poco adecuada para referirse a cuestiones bélicas, en tanto el ibirapitá es un
árbol que cae fácilmente ante cualquier tormenta. La cosa empezó bien, al mando del general Wile
Purtscher, cuyo nombre sugiere que debe lucir los shorts con similar elegancia que Alec Guinness. La
flor y nata de nuestra soldadesca se enfrentó al imaginario enemigo. El radar aéreo tridimensional, una
supuesta novedad poco novedosa a no ser que lo que haga sea mostrar imágenes tridimensionales,
dado que un radar es un objeto y para ser objeto es físicamente obligatorio ser tridimensional, ayudó a
nuestros abnegados militares a enfrentar el imaginario enemigo.
Cómo hace un radar, por más tridi, cuatri o quintidimensional que sea, para ubicar un enemigo
imaginario, no solo es difícil de explicar, sino preocupante en cuanto a la salud mental de quienes lo
ven en pantalla. Lo mismo hicieron los aviones, que son último modelo pues difícilmente queden
modelos tan vetustos en alguna otra parte del orbe, y los buques de la Armada, que consideraron
victoria llegar a la zona de maniobras sin colisionar entre ellos
Las Fuerzas Armadas, actuando en conjunto según permite la nueva Ley de Defensa, hicieron de
cuenta que liberaban el país de nadie, para comprobar si los soldados de línea están capacitados para ir
a meterse en líos luciendo casquitos azules en los que es mucho más fácil hacer blanco, simplemente
porque sí, en nombre de las Naciones Unidas, vaya uno a saber dónde. Nadie explicó a los efectivos si
en caso de ser enviados a algún ignoto y remoto conflicto lograrán cobrar por su trabajo, algo que no le
ha sido fácil a quienes fueron y vinieron. Y guarda abajo porque aquí se viene la paradoja, si los tipos
no cobran hasta que ONU no paga, entonces las Fuerzas Armadas no fungen como empleador sino
como representante. Y si es así, no estaríamos ofreciendo efectivos militares sino mercenarios. Mirá
vos que pedazo de conflicto filosófico... imaginario, claro
Cortesía de:
Ernesto “Bimbo” Depauli
El Observador
PAGINA 5
Hace años se pedía que la imaginación llegara al poder, ahora es el poder militar quien se apoya en
ella. Un ejercicio militar no es otra cosa que jugar a matar a otros
ella. Un ejercicio militar no es otra cosa que jugar a matar a otros
Es normal, hasta cierto punto, que los niños tengan amigos imaginarios, pero cuando los adultos tienen
enemigos imaginarios ya es otra cosa. Esto, que si le sucede a usted o a mí, cualquier psicólogo de
barrio diagnosticaría como paranoia galopante, en términos militares se conoce como maniobras. Es
decir, hacen de cuenta que tienen un enemigo y luego hacen de cuenta que luchan contra el mismo. Por
encima de lo poco sensato que parezca, hay que reconocer que es mejor que reconozcan que el
enemigo es fruto de la imaginación, cosa que otrora no admitieron y aprovecharon para darle con un
caño a más de cuatro inocentes.
Mil setecientos efectivos participaron de un ensayo de liberación, que suponía una invasión extranjera
a Maldonado. Alguien debería haberle explicado a nuestras Fuerzas Armadas que el Estado viene
trabajando hace décadas para que sean cada vez más los extranjeros que invadan Maldonado cada
verano, pues tampoco es cuestión de andar suponiendo que los soldados y el turismo estival van de la
mano. De ser así, durante los desfiles militares veríamos efectivos en shorts, prenda con la que ningún
militar suele lucir dignamente, excepto Alec Guinness en El puente sobre el río Kwai.
El ejercicio se llamó Ibirapitá, denominación sumamente patriótica en cuanto es ese el nombre del
árbol de Artigas, pero poco adecuada para referirse a cuestiones bélicas, en tanto el ibirapitá es un
árbol que cae fácilmente ante cualquier tormenta. La cosa empezó bien, al mando del general Wile
Purtscher, cuyo nombre sugiere que debe lucir los shorts con similar elegancia que Alec Guinness. La
flor y nata de nuestra soldadesca se enfrentó al imaginario enemigo. El radar aéreo tridimensional, una
supuesta novedad poco novedosa a no ser que lo que haga sea mostrar imágenes tridimensionales,
dado que un radar es un objeto y para ser objeto es físicamente obligatorio ser tridimensional, ayudó a
nuestros abnegados militares a enfrentar el imaginario enemigo.
Cómo hace un radar, por más tridi, cuatri o quintidimensional que sea, para ubicar un enemigo
imaginario, no solo es difícil de explicar, sino preocupante en cuanto a la salud mental de quienes lo
ven en pantalla. Lo mismo hicieron los aviones, que son último modelo pues difícilmente queden
modelos tan vetustos en alguna otra parte del orbe, y los buques de la Armada, que consideraron
victoria llegar a la zona de maniobras sin colisionar entre ellos
Las Fuerzas Armadas, actuando en conjunto según permite la nueva Ley de Defensa, hicieron de
cuenta que liberaban el país de nadie, para comprobar si los soldados de línea están capacitados para ir
a meterse en líos luciendo casquitos azules en los que es mucho más fácil hacer blanco, simplemente
porque sí, en nombre de las Naciones Unidas, vaya uno a saber dónde. Nadie explicó a los efectivos si
en caso de ser enviados a algún ignoto y remoto conflicto lograrán cobrar por su trabajo, algo que no le
ha sido fácil a quienes fueron y vinieron. Y guarda abajo porque aquí se viene la paradoja, si los tipos
no cobran hasta que ONU no paga, entonces las Fuerzas Armadas no fungen como empleador sino
como representante. Y si es así, no estaríamos ofreciendo efectivos militares sino mercenarios. Mirá
vos que pedazo de conflicto filosófico... imaginario, claro
Cortesía de:
Ernesto “Bimbo” Depauli
El Observador
PAGINA 5