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Fantasías que excitan a hombres y mujeres de Argentina

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¿Cuáles son las fantasías que excitan a hombres y mujeres de Argentina?

Sabemos qué estímulos encienden la mecha del apetito sexual, pero no entendemos cómo operan en el cuerpo esas ansias irrefrenables de fundirnos con otra persona. Hasta ahora: este informe de la revista Viva revela por qué el ser humano es esclavo del deseo y qué excita a los argentinos.



Hace tiempo que a Fabián Orfano le venía dando vueltas la idea de tener un ménage à trois. El, su novia y alguien más. Aunque se encendía con sólo imaginar la situación, no pasaba de ahí. Dudó mucho en el planteo porque no sabía cómo reaccionaría ella; a lo mejor lo tomaba como una confesión de algo ya consumado: haberse enredado con otros/as sin que ella lo supiera. Y además, dice ahora, "no me daba lo mismo un hombre que otra mujer". Productor de películas porno, de 39 años, a pesar de su profesión asegura que nada lo enfría más que su trabajo. Como sea, algo tendrá que ver con su ratoneo grupal que, por otro lado, es una de las fantasías más recurrentes y excitantes confesadas por los argentinos. El sexo con más de una persona a la vez es un ingrediente altamente erótico compartido en igualdad de intenciones por hombres y mujeres de este lado del mundo.

Una encuesta de DAlessio IROL realizada especialmente para Viva resulta ilustrativa acerca de qué nos excita por estas pampas: el trío y el sexo grupal son las situaciones que más calientan las neuronas. Y más: los entrevistados confesaron tener al menos tres fantasías sexuales taladrándoles el cerebro. El imaginario (sobre todo el masculino) clama por retozar entre las sábanas tanto con varias personas a la vez, como con alguien de raza negra. Y si bien la mayoría de los encuestados afirmaron que sus ratoneos más estimulantes ya pasaron a la realidad, inquietos –o calentones, para qué usar eufemismos– van por más. Porque si hay algo que sube la térmica por acá, es que "el otro" (hombre o mujer) muestre una actitud provocadora. La seducción puede más que una yunta de bueyes y cualquier situación que tenga una mínima carga de "incitación a" será suficiente para novelar un encuentro. Lo que el otro muestra, cómo se mueve o lo que dice –incluso todo junto– es considerado una combinación explosiva.

Pero como nada es seguro, si hace falta alguna "ayudita" ese plus vendrá de la mano de alguna triple equis, un chiche erótico que vibre arriba del colchón (ideal para la cartera de la dama), lencería traslúcida de ocasión o pedir, como quien no quiere la cosa, que él diga esa palabrita chancha que, pronunciada en el momento justo, a ella la pone a punto de ebullición. Los más elegantes prefieren acompañar con un buen vino. Otro dato interesante de la encuesta es que en los caballeros persiste la idea de tirarse una canita al aire con la cuñada, placer "prohibido" que al parecer, no por viejo y conocido, deja de tentarlos. A las mujeres, por el contrario, no las entusiasma demasiado una aventura con el hermano de él. Al contrario, van por situaciones más audaces: las argentinas no sólo advierten que las ratonea el fetichismo (el uso de disfraces en primer lugar), sino que se encienden pensando en tener un buen orgasmo en un lugar público. Hacerlo en una playa, en una pileta de natación, contorsionándose dentro de un auto en medio de la ruta o en la calle, al aire libre, son algunos de los sueños húmedos femeninos más comunes. Y aunque sea por curiosidad, si el navegador de la compu pasa por una página erótica es posible que la oferta que viene desde una webcam con alguien mostrando sus zonas recónditas o su miembro a punto de estallar, invite a quedarse.

El cibersexo irrumpió para, al menos, saciar la inquietud del momento. Aunque los 653 entrevistados –sin diferencia de género, y tal vez sin decir del todo la verdad– aseguraron que internet no les interesa como ámbito de disfrute. Ahora bien, ¿qué resortes saltan para inundarnos con una batería de sensaciones difíciles de resistir? ¿Existe un patrón de excitación igual para todos? Las películas porno, por caso, ¿estimulan igualmente a hombres y mujeres? Algo es cierto: sabemos con qué, cómo y cuándo nos encendemos eróticamente. Un olor, las lolas de esa mujer, la virilidad de aquel muchacho; imaginarnos perdidos en un entrecruzamiento de brazos y piernas varias. Algo provoca cambios capaces de prepararnos –o facilitarnos– el camino hacia el placer. Sin embargo, no sabemos –de hecho, ni pensamos en entenderlo– por qué nos excita "eso" y no otra cosa. "No sabemos las causas reales que hay detrás de estas preferencias", escribe Michael Bader, en su libro Arousal: the secret logic of sexual fantasies (es decir, Excitación, la lógica secreta de las fantasías sexuales).

De hecho, sostiene, la excitación es una ventana a lo profundo de nuestra psiquis, y nos lleva directo a las raíces de lo más hondo de nuestro placer. O, incluso, de nuestro sufrimiento. ¿Será, entonces, que la excitación es un misterio romántico y poético como el amor? ¿O es sólo una cuestión hormonal y biológica? "Podríamos decir, en principio, que se trata de una fuerza que transforma nuestros imperativos biológicos en placer sexual –describe Bader en su libro–. El sexo es un vehículo con el cual expresamos otros sentimientos o satisfacemos un montón de necesidades." De modo que en ese plano podemos establecer o anular conexiones emocionales. Y no es difícil calcular que la excitación –o más bien su ausencia– puede darnos el preaviso de que en una relación, los problemas llegaron para quedarse. (Por Alba Piotto, revista Viva).


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