EL BOLUDO QUE EVOLUCIONA
En este tiempo de locura y violencia, los seres humanos de todo el planeta corren un riesgo tan irreversible como fatal.
Así como las epidemias suelen darse a conocer una vez que están expandidas y se cobraron varias vidas, este comportamiento camaleónico le costara a varios más que un disgusto. Y es que si, cuando comencé a sospechar que había conocido todo lo malo, o casi todo, me vengo a enterar que los boludos mutan como los anticuerpos de las ratas, y se van haciendo inmunes a todo repelente.
¿Cómo no lo note antes? Me lo recrimino una y otra vez. Porque mi dolor y arrepentimiento no es haberme dado cuenta recién ahora, sino verme consciente de que desde que existo, he conocido gente estúpida de todos los colores, y sigo cruzándomela, y siguen siendo igual de pelotudas.
¿Entonces? ¿Cómo pude haber pensado que en algún momento de la vida la estupidez era el bicho canasta que después se hacía mariposa, y nos dejaba vivir a todos en paz, deshaciéndose de su cascaron de estúpido para siempre?
Creo que soy un optimista. Y eso no me lo perdonare jamás. Siempre dije ser un pesimista, y siempre fui consciente de que un pesimista es un optimista con la información correcta. Pero esta vez hile demasiado fino, y saque el filtro de la canaleta, permitiendo que mucha gente se filtre contenta por la correntada de la inteligencia.
Es que Internet, por ejemplo, les ha dado a los pelotudos una nueva oportunidad. Internet es una herramienta única, casi profesional si consideráramos a la boludez como una profesión.
Internet es una fiesta de disfraces adonde todos asisten vestidos de lo que les gustaría ser. Y entre tanta careta y careta, no podemos verles la comisura de la boca salpicada de baba a los mogólicos ocultos.
Es la mujer que conoce a un hombre por internet y se desayuna en plena cita que está acompañada de un inútil de mierda. Es el tipo que sale con una mina y no sabe como matarla sin ir preso.
Internet le abrió las puertas a los pelotudos, y les dio abrigo y comida. Y como todos sabemos, llegaron para quedarse, y solo nos queda hacer un luto silencioso, de aceptación y resignación. Un suspiro profundo, una persignación religiosa, de aquel que baja de un tanque de guerra a pelear por su vida.
Y aun así, estamos desprotegidos. Porque un hijo de puta, un chorro, una mala persona, te roba a tu novia, te miente, o te engaña. Pero un pelotudo, no se da cuenta y deja el gas prendido y explota todo un edificio.
Los daños ocasionados por mala gente, son en su gran mayoría reparables. Sin embargo, los daños realizados por pelotudos son inexorables e incurables.
Por eso hay que estar más alerta que nunca. Caminar con una mano delante y otra detrás.
Arriba, arriba nuestro, valga la redundancia, deben estar los marcianos, agarrándose de la ropa para no caerse de la risa, mirando cómo pasan los años, estrenamos películas, inventamos curas para enfermedades antes letales, y se puede comprar una pizza por internet, pero el pelotudo que la reparte maneja mal y llega chorreada y fría.
Si te queres, si queres a la humanidad, torce tu cabeza por sobre tus hombros y sincérate. Mira a los ojos a esa persona que se sospecha boluda y deciselo, advertiselo, si no es por vos, es por mí, por tu familia, y por todos los que estaban trabajando en el edificio que el pelotudo va a explotar algún día.