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22 Años sin Cliff...

Info•Fecha desconocida

El post esta atrasado un par de dias, pero se lo merece.
El texto fue escrito hace 2 años cuando se cumplieron 20 años de su muerte, pero esta muy bueno.






UN MOMENTO DE SILENCIO POR CLIFF BURTON

Con un simple naipe como verdugo, varios Septiembres atrás muchos lamentaban la súbita pérdida de un referente obligado en el instrumento de cuatro cuerdas.
Hoy, cumpliéndose veinte años de su muerte y en estos tiempos en que se canoniza a los santos más rápidos de la historia, en los que un funeral es noticia incluso antes de que ocurra, ¿porque no honrar a un grande entre los grandes?. Esta es su vida, su muerte y su presencia y legado en una de las bandas de Heavy Metal más importantes de la historia… éste es Cliff Burton.



Como ya es de costumbre, los chicos ‘madrugaron’ a eso de las 3 de la tarde en aquel roñoso edificio ubicado en el barrio jamaicano de Queens, en los suburbios de Nueva York. La tónica diaria era simple, desayunar al almuerzo, beber y ensayar en la tarde y compartir las noches con sus co-inquilinos y amigos de Anthrax. Era 1983 y Metallica se encontraba en sus años iníciales, donde sobraba entusiasmo, pero escaseaba el pan. Anécdotas aparte, aquella mañana la rutina varió. De un sobresalto Dave Mustaine -actual frontman de Megadeth- fue despedido por James, Lars y Cliff, las cosas estaban claras: “hey, estas fuera del grupo”.
El resto es historia. Kirk Hammett -en aquel entonces guitarrista de Exodus- llegó a la ciudad esa misma noche y al día siguiente grabaron el primer gran éxito de la banda: ‘Hit The Lights’. Pero más allá de eso, fue esta simple decisión -o si desean llamarle capricho- la que desencadenó una serie de hechos fortuitos que, buenos o malos, condujeron todos los puntos a un único vértice de concordancia: la muerte de Cliff Burton.



EL CIELO DEL ROCK



Allá por el año 1982, las cosas estaban aún bastante más difusas para Metallica. Eran cuatro adolescentes llenos de acné nadando contra la corriente. Los Angeles, California -su cuna musical- era más adepto al estilo Glam que a los riffs desgarradores herederos de la New Wave Of British Heavy Metal: prácticamente no tenían un nicho comercial.
A eso, se le sumaba el estilo de vida autodestructor que la banda solía llevar. Si bien nunca fueron de drogas a la orden del día, lo que no fumaban o inhalaban, lo bebían, realmente eran muy buenos en eso.

Pronto, este modo de vivir les pasaría la cuenta. Apenas con dos años y medio como agrupación, las relaciones dentro de grupo ya estaban a bastante maltraer. Entre James y Lars todo bien, el problema es que Ron McGovney -otrora bajista- no soportaba la actitud de Dave quien, años después, diría: “yo tomaba y me ponía agresivo, y no es bueno que la gente violenta se junte con los idiotas cuando bebe”.
Tarde o temprano, todo llegó a su lógico fin. Ron no soportó más y se largó de la banda, dejando una vacante y la incertidumbre de no saber quién sería el nuevo bajista.

Ya en aquel entonces con su inicial faceta de hombres de negocio y contactos de peso. Lars, en una de las muchas conversaciones que mantenían, le preguntó a Brian Slagel -Metal Blade Records- sobre algún bajista que el conociera y que se adecuara al perfil de la banda. La respuesta les cambiaría la vida de ahí en adelante: “vayan al Troubadour y vean a Trauma, creo que el bajista les gustará bastante”. Aquella misma noche, los tres se dirigieron al bar con la sola ambición de salir de ahí con el nuevo integrante. Si bien los hechos no se dieron tan rápido, lo que verían sería simplemente increíble. Se trataba del músico más original y virtuoso que jamás habían visto. Un fuera de serie.

Con esa apariencia hippie que le caracterizaba y los típicos jeans acampanados, Cliff en su inicio les puso las cosas bastante difíciles. Aunque la propuesta, tanto de vida como musical, que le ofrecía Metallica le convencía bastante, le demoraría seis meses en tomar la decisión de unirse a la banda. A la postre, aceptó, pero la condición era que se mudasen al norte de San Francisco. Fue en este entonces que la expresión ‘L.A. sucks!’ se haría una broma recurrente en alusión al pésimo trato que allí recibieron.

Instalados en El Cerrito, San Francisco, su primer contacto llegaría pronto. Jonny Zazula y su esposa Marsha, dueños de ‘The Rock And Roll Heaven’ -una tienda local de discos- estaban dispuestos a hacerlas de managers y pagarles 75 dólares por ir de gira dentro del país. Tarde o temprano, fue ese mismo tour el que empeoró la actitud y conducta de Dave al interior de la agrupación y gatilló su posterior salida.
Se trataba del comienzo de un nuevo capítulo de sus vidas.



UN HEADBANGER DE NACIMIENTO

La prominente carrera de Clifford Lee Burton comenzó a labrarse durante sus primeros años de vida. Nacido el 10 de Febrero de 1962 en Castro Valley, California y criado en el seno de una familia atípica y con claras tendencias hippies, Burton fue mimetizándose con sus padres -Jan y Ray Burton- y adquirió rasgos de personalidad que, con el tiempo, tanto sus amigos como la prensa especializada percibirían: realmente era un tipo relajado que tenía como lema único el vivir cada día como si fuera el último (Carpe Diem).
El interés inicial que tuvo hacia la música se dio a la edad de seis años. Entre la Sicodelia y el Rock clásico que, por esos días, abundaba en el living de su casa, comenzó a tomar clases de cello, su primer instrumento. Es este hecho el que, de buenas a primeras, captaría su amor por los autores clásicos y su posterior, y siempre idílica aspiración junto a Metallica, de, algún día, llegar a adaptar las canciones del grupo para tocarlas con una orquesta. Como todos sabemos, en 1999 se honraría ese eterno anhelo y el cuarteto interpretaría sus principales éxitos junto al fallecido Michael Kamen y la orquesta sinfónica de San Francisco.

Tras graduarse en el año 1980 en la Castro Valley School, y ya con el bajo como su instrumento predilecto, Cliff tomó sus principales influencias -Black Sabbath, Blue Oyster Cult, Rush, The Misfits y Thin Lizzy- y comenzó a participar en una serie de proyectos que, aunque nunca alcanzaron el reconocimiento público, lograron pertenecer a una cultura underground y gestar una sólida base de seguidores. Uno de ellos fue Trauma.
Con dicha banda, rápidamente comenzó a tomar popularidad la figura de Cliff Burton. Prácticamente a un año de tocar en diversos pubs locales era, sin exagerar, el bajista más codiciado dentro del sector de la bahía en California. Y bien, no es una exageración.
Su inusual y extravagante forma de tocar el bajo no dejaba a nadie indiferente. Era simplemente cuestión de actitud sobre el escenario. Tocaba cada vez más fuerte, más rápido y siempre con un incesante cabeceo. Era algo recurrente que, en las mañanas siguientes a alguna de las tantas presentaciones que tenia junto a Trauma, se levantara comentando sobre el increíble dolor que sentía en el cuello. Más temprano que tarde, y no sin antes hacerse de rogar bastante, Cliff terminó uniéndose a las filas de Metallica.
El éxito tardó poco en llegar, pero el destino -si es que tal cosa existe- le deparaba otro plan.



AS DE ESPADAS



La aceptación masiva que trajo la edición de los tres primeros discos de Metallica es un hecho merecido e irrefutable. Pero más allá de esto, y sin quitarle merito al resto de los integrantes, fue la mente creativa y visión musical intransigente de Burton lo que, sin duda alguna, posicionó al cuarteto en el pedestal que hoy se encuentra. Su punto de vista era simple: nada de poses, nada de apariencias prefabricadas. “¿Para que cambiar cuando estamos sobre el escenario?, no queremos hacer nada grande ni elegante. Solo nos gusta ser nosotros y hacer lo que hacemos… nos gusta mantenerlo así”, dijo por el año 1986 el joven bajista.
En la primavera de ese mismo año, y cargando la mochila del éxito que tuvieron junto a Ozzy Osbourne durante el tour que mantuvieron como grupo soporte, la banda se lanzó a su tan esperada gira europea. Era un sueño que Lars siempre había tenido: volver a su tierra natal.
Una noche de Septiembre, el grupo se encontraba viajando en bus desde Estocolmo hacia Copenhague, la ciudad natal de Ulrich. El medio de transporte ocupado durante aquella gira en especial, era realmente malo, no como hoy en día que existen vehículos especialmente acondicionados para ese tipo de propósitos. Se trasladaban y dormían en esta chatarra que ni para cortinas daba -tapaban las ventanas con unas improvisadas cartulinas negras-. El grupo y su staff de técnicos y manager solían pasar muchas noches acá. Ya era una costumbre asumida.



Esa misma noche se entabló una disputa amistosa entre Kirk y Cliff acerca de cómo y dónde iba a dormir cada uno, todo concluyó con un juego de cartas. La primera que Cliff escogió del mazo fue un as de espadas. Obviamente, como ganador por sacar mayor numero, este le dijo a Hammet, “quiero tu cama”, a lo que el accedió sin problemas. Ya todos dormidos, y con una temperatura que seguramente bordeaba los cinco grados bajo cero, la calma de la noche pronto se quebrantaría.
Entre las 5 o 6 de la mañana, un chirrido de llantas despertó a casi todos. En cuestión de segundos el bus comenzó a deslizarse sin rumbo por la pista para terminar volcándose, estaban al revés. Con la conmoción de los hechos y con casi todos los pasajeros en ropa interior, la desesperación comenzó a primar. Todos gritaban y lloraban, todos menos Cliff. Aún hoy en día Kirk recuerda que “el conductor comenzó a tirar una manta que estaba debajo del vehículo”, pretendía cubrir el cuerpo de Burton.
La escena era dantesca. Con la fuerza del impacto, el bajista salió disparado por una de las ventanas laterales y el bus le cayó encima. Básicamente lo que pasó es que nunca más despertó.



Aquella madrugada del sábado 27 de Septiembre de 1986 todo cambiaria abruptamente. A la edad de 24 años, y con una corta pero increíble carrera musical a su haber, Cliff Burton moría a pocos kilómetros de la localidad de Jonvay.
En cuestión de horas la noticia daría la vuelta al mundo. Tras eso todo fue muy confuso. El grupo y su staff volvieron al hotel a intentar descansar. Sin embargo, y como buenos bebedores que eran, de ahí en adelante solo harían eso, tomar y tomar. De hecho, al día siguiente del trágico acontecimiento, el mismo Kirk Hammet recuerda “haber escuchado a James ebrio en la calle, a eso de las 4 de la mañana, gritando: ¡Cliff! ¡Cliff! ¿dónde estás?”.
El mito se había roto. Las bandas realmente no eran intocables y estar de gira podía traer consigo un sinfín de peligros, la gente muere, y fue muy difícil de digerir.



EL FANTASMA DE CLIFF:



Hoy, a veinte años de aquel trágico hecho, la realidad no puede ser más obvia. El tema, y con razón, aún es algo que afecta profundamente a Metallica. En un intento por conversar con ellos para esta publicación, HQ Prime -la multinacional que administra al grupo- declaró que “en estos momentos se encuentran en proceso de grabación y demasiado ocupados para hablar de dicha cuestión”.
Sea como sea, lo cierto es que el peso de este virtuoso de la música no pasa desapercibido para nadie. En los discos posteriores al “Master Of Puppets” -es decir del “And Justice For All” en adelante- la presencia de él era algo más que obvio. De nada debe extrañarnos que Jason Newsted abandonase el grupo hace un par de años. Lo impresionante es que haya soportado tanto. Con una pérdida tan grande y aún tan cerca, el nuevo bajista se convirtió en el chivo expiatorio de todos los males y penas de la agrupación.

Tema aparte, y bastante trillado por cierto, es esta la faceta más comercial que comenzaron a explotar y que, nos guste o no, tuvo como resultado cinco discos de estudio que, si bien no fueron del gusto de muchos, hizo recaudar enormes dividendos a Metallica.

Presunciones aparte, la verdad es que le llovió sobre todo mojado a Burton. Pasó a la historia como un objeto de culto y adoración para una subcultura que si alcanzó a escucharlo en vivo y que, hoy por hoy, lo ha transformado en algo que él nunca imaginó, y tampoco pretendió ser: un rockstar. A meses de que salga el nuevo disco del conjunto que lo vio nacer y con este inusitado despliegue de demos y nuevas canciones, sólo queda decir: vaya que te extrañamos por estos lados, Cliff.




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