Chasman y Chirolita - El doble adiós
Ricardo Gamero, conocido como Mister Chasman, fue un habilidoso ventrílocuo. Pero esta profesión es algo más que la técnica de poder hablar sin mover los labios. Para esa voz, es necesario encontrar una boca que se mueva, un rostro que refleje humanidad y un alma que transmita el mundo sensible de las emociones.
Todo esto era Chirolita, un muñeco que se transformó en el álter ego de Chasman. También era su compañero, su interlocutor, su confesor y su confidente, hasta el punto en que el muñeco, como Pinocho, llegó a tener vida propia.
El mismo de siempre
"Cuando yo tenía 13 años hice un trabajo manual y me salió este monstruito (Chirolita), con una simple mezcla de papel de diario, harina y agua, lo que se conoce como papel maché, y nunca lo cambié. Esa era la gran magia, no hubiese sabido hacer otro", declaró Chasman.
Con este "monstruito", que llegó a ganarse el corazón de los chicos y grandes, el ventrílocuo tuvo picos importantes en su carrera artística. Hijo y nieto de linotipistas, Ricardo Gamero aprendió la profesión, pero sus ojos estaban enganchados en las luces del circo del parque Retiro. Allí se ofrecía para pregonar las funciones y repartir panfletos, mientras aprovechaba la reunión de los cirqueros entre carpas para aprender la ventriloquia.
Dominada la técnica, la televisión ("Sábados circulares" y "Sábados de la bondad" ) le ofreció el contacto con el gran público y a partir de ahí comenzaron las giras por América latina, España y los Estados Unidos, sin que faltaran las incursiones en el interior.
En los últimos tiempos, por razones de salud, se vio alejado de la actividad. El corazón le jugó una mala pasada y con su desaparición quedó mudo aquel muñeco de pelo rubio y cachetes rozagantes.
Como un padre a su hijo, Chasman intentaba enseñarle modales al travieso y atrevido chirolita. Durante 46 años concurrió con su muñeco a toda clase de escenarios y, según cuentan, tenía dos armarios llenos de trajes: un modelo para él y otra copia idéntica, pero diminuta, para Chirola.
Casado dos veces y padre de dos hijos, Mister Chasman murió el 20 de mayo de 1999, poco antes de cumplir 61 años, y con el también se fue Chirolita.
Desde la muerte de Mister Chasman, Chirolita descansa en una caja de seguridad, custodiado por el hijo del ventrílocuo. El destino de Chirolita es seguramente difícil de decidir. Su tenencia, su presente, su inquietante paradero, es una incógnita que preocupa a todos. Exponerlo en un museo sin voz, o pasárselo a otro ventrílocuo sería como mostrarlo como una inercia que traiciona su proverbial irreverencia o implantarle un alma distinta al que lo hizo célebre.
Ricardo Gamero, conocido como Mister Chasman, fue un habilidoso ventrílocuo. Pero esta profesión es algo más que la técnica de poder hablar sin mover los labios. Para esa voz, es necesario encontrar una boca que se mueva, un rostro que refleje humanidad y un alma que transmita el mundo sensible de las emociones.
Todo esto era Chirolita, un muñeco que se transformó en el álter ego de Chasman. También era su compañero, su interlocutor, su confesor y su confidente, hasta el punto en que el muñeco, como Pinocho, llegó a tener vida propia.
El mismo de siempre
"Cuando yo tenía 13 años hice un trabajo manual y me salió este monstruito (Chirolita), con una simple mezcla de papel de diario, harina y agua, lo que se conoce como papel maché, y nunca lo cambié. Esa era la gran magia, no hubiese sabido hacer otro", declaró Chasman.
Con este "monstruito", que llegó a ganarse el corazón de los chicos y grandes, el ventrílocuo tuvo picos importantes en su carrera artística. Hijo y nieto de linotipistas, Ricardo Gamero aprendió la profesión, pero sus ojos estaban enganchados en las luces del circo del parque Retiro. Allí se ofrecía para pregonar las funciones y repartir panfletos, mientras aprovechaba la reunión de los cirqueros entre carpas para aprender la ventriloquia.
Dominada la técnica, la televisión ("Sábados circulares" y "Sábados de la bondad" ) le ofreció el contacto con el gran público y a partir de ahí comenzaron las giras por América latina, España y los Estados Unidos, sin que faltaran las incursiones en el interior.
En los últimos tiempos, por razones de salud, se vio alejado de la actividad. El corazón le jugó una mala pasada y con su desaparición quedó mudo aquel muñeco de pelo rubio y cachetes rozagantes.
Como un padre a su hijo, Chasman intentaba enseñarle modales al travieso y atrevido chirolita. Durante 46 años concurrió con su muñeco a toda clase de escenarios y, según cuentan, tenía dos armarios llenos de trajes: un modelo para él y otra copia idéntica, pero diminuta, para Chirola.
Casado dos veces y padre de dos hijos, Mister Chasman murió el 20 de mayo de 1999, poco antes de cumplir 61 años, y con el también se fue Chirolita.
Desde la muerte de Mister Chasman, Chirolita descansa en una caja de seguridad, custodiado por el hijo del ventrílocuo. El destino de Chirolita es seguramente difícil de decidir. Su tenencia, su presente, su inquietante paradero, es una incógnita que preocupa a todos. Exponerlo en un museo sin voz, o pasárselo a otro ventrílocuo sería como mostrarlo como una inercia que traiciona su proverbial irreverencia o implantarle un alma distinta al que lo hizo célebre.
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