Cinco parejas británicas, a punto de casarse, se han sometido a una biopsia para obtener células óseas y poder lucir estas alianzas hechas con sus propios huesos. Fracturarse, mutilarse, y llevar la cicatriz en el dedo anular: El matrimonio. Exhibir que perteneces a otro, hasta que la muerte os separe.
La biojoyería es un proyecto de los diseñadores Tobie Kerridge y Nikki Stott del Kings College de Londres, con la colaboración de Ian Thompson, un bioingeniero con el que desarrollaron un procedimiento para manipular material biológico con metales decorativos y crear Bioglass, una cerámica creada a partir de células óseas.
El proceso comienza con la extracción de una muestra del maxilar para obtener células del hueso,y poder cultivarlas en un molde en forma de anillo al que se le añade químicos para que solidifiquen. Al final se le pone plata para grabar los nombre de los novios, ese toque kitsch y eterno de las joyas.
La idea del proyecto, sin fines de lucro, es provocar con objetos que enciendan el debate en torno a la biotecnología.
“I love the idea that it’s precious only to us because it is, literally, us,”
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