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Las ladillas chupadoras

Info10/10/2008

La ladilla siempre ha gozado de muy mala prensa, pese a algunos intentos de humanizarla, aunque sea en forma de cómic, como es el caso de la simpática Marimar la ladilla.

Sí, las ladillas siguen aquí entre nosotros y aunque a muchos les suene a posguerra, prostitución serie Z o tugurio portuario, el también llamado piojo del pubis sigue campando a sus anchas. La culpa de todo lo tienen los picores genitales del otro día. Es hablar de ciertas cosas e inmediatamente sientes unas ganas terribles de rascarte, aunque no seas especialmente hipocondríaco o influenciable. Y, ya puestos, nada como una buena infestación de ladillas para saber lo que es el picor y la incomodidad perpetua. Su presencia en este post está justificada por su vía de transmisión, exclusivamente sexual.

Hay leyendas urbanas, o mentiras de infiel pillado en un renuncio, que hablan de tapas de inodoro como posible foco de la infestación. Lo cierto es que las ladillas no pueden resistir mucho tiempo alejadas del calor humano y sus patas no están diseñadas para caminar o desplazarse sobre superficies lisas. O sea, que si os vienen con este cuento, llamad a vuestro abogado. O dejad que se expliquen y divertíos, que resulta muy entrañable la fantasía y la capacidad de invención de algunas personas.




Su proceso de aparición suele ser discreto, pero al cabo de un par de días la colonización suele ser aparatosa, llegando a alojarse en sitios tan distantes de la zona púbica como las axilas, el bigote o las cejas... Un horror. Y pican mucho. ¿Cómo se reconoce una ladilla? Pues, aparte de por su mala leche, por su forma. Son como un cangrejo minúsculo que se alimenta de la sangre y que, como buen parásito, pasa por varias fases hasta llegar a su estado adulto. Las liendres, que son los huevos de la ladilla, suelen tardar en desarrollarse unos cinco días y se fijan firmemente en el tallo del pelo. La siguiente fase, llamada ninfa, es la de la juventud de la criatura. La ladilla empieza a moverse y a chupar sangre, lo que provoca los primeros picores en el portador, que día a día va notando como el malestar va a más y empieza a aparecer en otros lugares poblados por pelo como el abdomen o el tórax. Si se es especialmente peludito, la colonización es tal que ríete tú de lo de Irak.

Para solucionar el problema, antiguamente se recurría a métodos expeditivos como afeitarse todo el cuerpo. Hoy en día la ciencia pone a la disposición de dermatólogos y pacientes una amplia gama de champús que permiten eliminarlas en unos 15 días. Aún así, hay que estar muy atentos a posibles recaídas. Los médicos recomiendan lavar en agua caliente todas las prendas que nos hayamos puesto 15 días antes de la aparición del molesto parásito, especialmente toallas y ropa de cama. Y también resulta efectivo planchar toda la ropa, porque el calor se carga las liendres. Una auténtica pesadilla, vamos. Y os lo dice uno que odia planchar más que ir al dentista.

La promiscuidad tiene estos inconvenientes. Al menos, éste tiene fácil arreglo.



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