¿Cuántas veces ha venido Putin?
El señor Chávez distorsiona por completo la realidad cuando pretende hacer ver que la compradera de equipos militares a Rusia significa una especie de renacimiento de la Guerra Fría entre Moscú y Washington, ahora con Venezuela como punta de lanza de un segundo polo mundial en el Hemisferio Occidental. Semejante caricatura sería muy adecuada para el recordado Camaleón de Graterolacho, pero no tiene nada que ver con las relaciones internacionales.
Los rusos están encantados con el actual gobierno venezolano porque todavía no pueden creer el dineral que están ganando con la venta de aviones, helicópteros, tanques, otros blindados, fusiles y quizá hasta submarinos que, por lo general, no tienen demasiada demanda en el mercado global de armas. Para nadie es un secreto que la tecnología militar rusa está bastante rezagada de la estadounidense y europea, y ello explica que en el Kremlin hagan fiesta con los incesantes pedidos que vienen de Caracas.
Un buen amigo que viaja con frecuencia a Moscú y San Petersburgo me explica que para las autoridades de la nueva Rusia la única ideología que cuenta es la del rublo, el dólar o el euro. Por eso le extienden la alfombra roja al señor Chávez y sus emisarios: ya han gastado cerca de 5 mil millones de dólares en armamentos, quieren gastar otros tantos miles de millones más en lo mismo, y por si fuera poco le están asignando a dedo concesiones de hidrocarburos a los gigantes petroleros rusos, Lukoil y Gazprom, en la Faja del Orinoco.
Si así llueve que no escampe, comentarán los antiguos camaradas soviéticos ya devenidos en unas águilas para los negocios redondos. Si además no pocos funcionarios del oficialismo criollo, tanto de uniforme verdeoliva como de guayabera roja, también hacen su agosto con la danza de millardos, entonces el mandado esta hecho para que se sigan "estrechando los vínculos estratégicos" como dice el canciller Maduro para sorna de su anfitriones moscovitas.
Eso no quiere decir que Putin y Medvedev no aprovechen la manguangua bolivarista para fortalecer la presencia rusa en la región, incluso en el orden militar-publicitario. El envío de aviones y barcos al Caribe es una asomada de diente que no afecta el poderío gringo y en cambio puede reportar algún provecho en materia de nacionalismo doméstico. Como recuerda el viejo Domingo Alberto Rangel, si Putin a duras penas ha medio contenido a los chechenos no le va estar buscando pleitos transoceánicos a Estados Unidos.
La propia Cancillería rusa tiene ya una abultada carpeta con los comunicados de prensa que reiteran una y otra vez que las relaciones con Venezuela son estrictamente bilaterales y no contra terceros. Y en el orden bilateral, para constatar la importancia asimétrica que tienen para las partes, bastaría saber que el señor Chávez ha viajado 8 veces a Rusia, mientras que todavía estamos esperando que "el hermano" Putin conozca a Venezuela.
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