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El hombre que no podia olvidar

Info10/20/2008



Un dia, alrededor de 1920, un joven llamado S.V. Shereshevski entró al consultorio del ahora famoso neuropsicologo ruso Aleksandr Luria (1968). Fue con él para que examinara su memoria.

Examinar la memoria de una persona es, por lo común, una de las tareas mas fáciles que lleva a cabo un neuropsicologo. Pero en el caso de S, como lo llamaba Luria, era bastante mas dificil. Este autor leyó largas cadenas de palabras o números pero sólo consiguió que S las recitara con facilidad, como si leyera por encima del hombro de Luria. Incluso listas de 70 elementos no causaban ningún problema y S las podía repetir sin error como se le presentaban o, si Luria lo deseaba, en orden inverso. S tambien podía repetir lo que había aprendido el día anterior, una semana antes, un mes antes, un año antes e incluso, como se descubrió, 15 años antes o más-el hombre parecía nunca olvidar.

Luria intentó descubrir cómo era que S lograba estas extraordinarias proezas. Encontró que S utilizaba una combinación de sistemas mnemotécnicos, incluyendo el método de loci. Pero también experimentaba sinestesia, una síntesis de los diferentes sentidos. Un sonido, por ejemplo, podía producir una experiencia de luz, color, gusto, olor y tacto. Para S, un arcoiris no era simplemente una disposición de colores, era una multitud de sensaciones. Es evidente que estas experiencias contribuían a que cada situación fuera memorable.



Con toda seguridad, los estudiantes que escuchan sobre el talento de S lo envidian. Para él no era necesario pasar horas luchando por aprender formulas, fechas y acontecimientos historicos, trozos de poesía, la tabla periodica, o los principios del aprendizaje. Todo eso podía aprenderse con facilidad y recordarse años despues como si se estuviera leyendo de un libro invisible.

No obstante, la historia de S es bastante triste, no a causa de su extraordinario talento, sino en gran medida debido a él. Porque el talento de S lo absorbía tanto que interfería con su capacidad para hacer cosas comunes. En ocasiones se fascinaba tanto con las cualidades sensoriales de la voz de una persona que no podía atender a lo que ésta decía. Otras veces, S interrumpia una historia que le contaba Luria para decirle: "esto es demasiado. Cada palabra hace surgir imagenes; chocan unas con otras y el resultado es un caos. No puedo entender nada" (Luria, 1968, p. 65).

La cosa más insignificante despertaba toda una serie de experiencias, junto con todo tipo de sensaciones. La mayoría de las personas luchan por recordar, pero S no dejaba de hacerlo. Para él, el problema no era cómo recordar, sino cómo olvidar.

Aprendizaje y Conducta. Chance, P. 2001, p. 338





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