InicioHumorMi Suegra y mi Noche de Bodas
Esta es una historia que me encontre en internet:



Siempre pensé que las “señales” enviadas por mi suegra no eran más que la manifestación natural del instinto de protección de una hembra por su cachorro. Sin embargo, en mi noche de bodas, la muy perra sobrepasó cualquier instinto maternal de cualquier especie conocida. Al menos de las encontradas en el planeta Tierra.

La ceremonia ya habia quedado atrás, la fiesta habia terminado. Mi marido y yo estabamos en la habitación de un lujoso hotel – que una pareja de amigos nos brindó como regalo de bodas. Como se imaginarán, ya estabamos dispuestos – tras varias botellas de vino y champagne – a comenzar nuestra celebración privada cuando sonó el telefono. Atiendo.

- Hola, Marta, soy yo, Cristina. ¿Están bien?.

Tras un largo silencio.

- Hola. Sí, señora Cristina. ¿Cómo le va?. Nosotros estamos bien. ¿Pasó algo?. ¿Llegaron bien a casa?. ¿El Señor Manuel está bien? – me senti muy preocupada pensando que algo podría haber ocurrido. Que me arruinaría mi noche de bodas. La noche que tanto había esperado pasar junto a mi marido.

- Sí, chica, todo está bien. Solo queria saber como estaban ustedes. ¿Cómo está mi hijo?.

Otro largo silencio. No sabía si responderle o putearla. ¿Cómo carajo crees que está tu hijo?. ¡En la cama super excitado manoteándose y aguantando hasta que yo cuelgue el teléfono!

- Eh, nosotros estamos muy bien señora Cristina. Viendo alguito de televisión, y ya a punto de acostarnos a dormir – a ver si la vieja entiende de indirectas.

- Ah, sí. Fíjate que me puse a ver el noticiero. Parece que hubo asalto allí cerca del Hotel donde están ustedes, y tú sabes, me preocupé al ponerme a pensar que ustedes van a estar allí solitos toda la noche. Por cierto, están dando la nueva de Superman en el canal 73. Ustedes no la vieron en el cine, ¿verdad?.

Desde la cama, Fernando me miraba con ojos de tigre hambriento. Esperando que colgara el teléfono, pero confundido al mismo tiempo.

- ¿Qué pasó?. !Tranca! – dice Fernando.

- No, no la vimos todavía – le respondo a la vieja mientras le hago gestos a Fernando para que espere y se me ocurre que la mejor manera de zafar de la vieja es entregarle lo que vino a buscar – ¿Quiere hablar con Fernando?. Él está aquí al lado mio.

- Sí, pásame a mi hijito.

Le acerqué el telefono a Fernando.

- Es tu vieja que quiere saludarte. Apúrate.

Fernando tomó el telefono.

- Hola, mamá. Sí. Sí. Estamos bien. No, para nada. Sí, ella también está bien. No, mirando televisión. Claro, estamos muy cansados, sí. Sí, ya nos íbamos a dormir. No, claro. Sí. Sí.

Fastidiada por la inoportuna suegra entré al baño y empecé a quitarme el maquillaje. Comencé todo el prolongado y común ritual de limpieza de cutis conocido por todas las mujeres, mientras a lo lejos escuchaba a Fernando.

- Sí, mamá. ¿Claro. Un asalto por aquí?. No, pero nosotros estamos bien. Claro, nos vamos a quedar dentro de la habitación. No, pero te repito, nosotros estamos bien. No, acá no van a entrar ningunos malandros, tranquila.

Terminé de quitarme el maquillaje. Pasó media hora. Estoy que me quiero matar de la bronca. Mi noche de bodas y me la paso en el baño quitándome el maquillaje. Vieja de mierda. Escuché que Fernando trancó el teléfono y siento que estamos a tiempo de retomar el camino.

Al final no fue tan malo, pensé. Me dio rabia con la vieja que había llamado en el momento en que habíamos empezado a jugar y todo estaba saliendo espontáneamente. Que desubicada, pensé. Pero bueno, la vieja estaba preocupada con su hijo, y conmigo, pobrecita. Es entendible en realidad. Qué poco considerada soy. Hasta me hizo un favor, ya que mientras distrajo a su hijo en el teléfono me dio tiempo de limpiarme el cutis y ponerme mi crema humectante. Sí, la vieja me hizo un favor con ese pequeño entrometimiento. Al final contribuyó enormemente con mi lucha contra las patas de gallo.

Sali del baño y me di cuenta de que Fernando estaba en otro mood. Mirando la pelicula de Superman en el canal 73. La puta que la parió, pensé. Le dijo lo de Superman y ahora tengo que esperar que termine la puta pelicula para que a éste se le pare otra vez.

En fin, Superman estaba a punto de morir, mientras yo empezaba a dormitarme cuando Fernando sorpresivamente cambió de canal antes de que terminara la pelicula. Puso Venus. ¡Qué bien!, pensé. Volvió al mood antes de que terminara la pelicula. ¡Mi noche de bodas recien empieza!.

Empezamos a jugar y entrar en el viene y va. Revisión de motores, calibrar neumáticos, revisión del tanque. Todo lo que se hace antes de mandarse carretera adentro. Aquella era una de esas noches en las que Fernando tenia todos sus motores encendidos, el tanque lleno y que estaba preparado para un largo viaje. Y justo cuando estababamos a punto de embarcarnos en la jornada sonó el teléfono.

- ¡La puta que los parió!. ¿Quién será ahora?.

- ¿Pediste room service? – me preguntó.

- No, ¿estás loco?. ¿Con todo lo que comimos en la fiesta?.

- Atiende a ver.

- ¿Aló?.

- Hola, Marta, soy yo Cristina.

¿Qué?. ¿La vieja de nuevo?. ¿Es que no duerme?.

- Hola, señora Cristina.

- Disculpa que te moleste, pero es que a Manuel le cayó mal toda la comida esa del catering que tú conseguiste para la boda. Pobre, el tiene el colesterol alto y bueno, no te tengo que aclarar que las escogencias que hiciste fueron bastante subidas en grasas.

- Le paso a Fernando.

Vieja de mierda. No lo puedo creer. ¿Me culpa a mi de los excesos de su marido?. Siempre me tiene que sacar en cara las cosas que no le gustan. Nunca nada de lo que hago es suficiente para ella.

- ¿Qué pasó, vieja?. Okey, está bien. Me visto y en unos diez minutos estoy allá. Dame tiempo para pasar por la farmacia.

Nuevamente no puedo creer lo que esta pasando. Fernando va a salir de la Honeymoon Suite para hacer lo que sea que la madre lo mandó a hacer en nuestra noche de bodas.

- ¿Y?.

- No, mi viejo, que se siente mal y no tiene más medicina. Voy a ir a la farmacia y vuelvo.

Coloco en mi rostro las peores facciones de orto que puedo poner. Sin embargo, Fernando salió por la puerta como si fuese un día normal y corriente. Reflexiono unos instantes acostada en la cama, mientras mis ojos desenfocados perciben como en el fondo Silvia Saint esgrime los gemidos que habrían sido míos si Fernando se hubiese quedado.

Vieja de mierda, me arruinaste mi noche de bodas. Me consuelo al pensar que igual no era la primera vez que lo íbamos a hacer. Siento que la única solución es postularme a esos puestos de trabajo que ofrecen en Irak o en Kuwait. Tal vez Alaska no sea tan frío y malo como dicen. Cualquier lugar del mundo, con tal que la vieja no quiera ir a visitarnos. La verdad es que lo quisiera es que ella se mude, ¡pero a la puta que la pario!.



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