El caso del pequeño Oliver, secuestrado por algo que bajó del cielo en la Nochebuena de 1909, quedó finalmente archivado, pendiente de solución. Es uno más de los que están a la espera de ser resueltos junto a otras inexplicables desapariciones, algo en lo que más de un siglo después parece imposible. La gran cantidad de testigos, entre los que se encontraban personas de reconocida reputación, permitió descartar que la extraña historia de Oliver Thomas fuese algún tipo de engaño, una mentira urdida para ocultar tal vez algún crimen.
¿Un ave gigante?
Durante más de cien años han sido muchos los intentos de explicar lo que le ocurrió a Oliver Thomas. Desde un primer momento se barajó la posibilidad de que lo haya capturado algún tipo de pájaro.
En 1977 muchos se acordaron de este misterio después de que se conociese el ataque de dos enormes aves negras a un niño de diez años llamado Marlon Lowe. El suceso tuvo lugar en Michigan (EE.UU.) y no acabó trágicamente porque su madre intervino rápidamente y arrebató a su hijo de las garras de las aves cuando ya se estaban llevando por el aire al pequeño.
Casos similares han ocurrido en diversos lugares del mundo y en buena parte continúan siendo un misterio, pues según los testigos no se trata de aves conocidas.
En ocasiones se ha especulado que podría tratarse de algún superviviente de los teratórnidos (aves gigantes), unos parientes del cóndor de los Andes que vivieron hasta hace unos 10.000 años en América del Sur. Argentavis magnificens, el ave voladora más grande que jamás haya existido, tenía la envergadura de una pequeña avioneta, pero esa especie no se conoce en Europa y que haya sobrevivido, es casi imposible.
Silueta del Argentavis Magnificens a escala real.
Hay relatos de soldados durante la Guerra de Secesión de capturas de gigantescas aves en lugares remotos de las Rocallosas. A veces las descripciones que daban de estas criaturas eran aún más extrañas, pues parecían reptiles alados como los que vivían en la época de los dinosaurios.
Otra hipótesis, una más supersticiosa, recuerda que, según diversas tradiciones, durante momentos determinados del año, como la víspera de Navidad, de Todos los Santos o de San Juan, los límites de nuestro mundo parecen quedar más difusos, siendo posible que salten hasta nuestra realidad entidades malignas que normalmente no viven entre nosotros.
Santo Tomás de Aquino lo dijo: “El hombre sabe que podrá aguardar a Dios en la luz, pero solo Dios sabe quien aguarda al hombre en la oscuridad”, y tal vez sea así. Y será mejor, por ahora, no saber quién aguarda por nosotros en la noche. #
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