
Lo que les voy a contar ocurrió realmente. Era una tarde cualquiera casi rayando a noche, eran alrededor de las 7:30 de la tarde. Yo estaba con un amigo disfrutando de una tarde de juegos en la play, clásico entre nosotros dos. La estábamos pasando bien, y todo iba como de costumbre. En la sala de mi casa donde nos encontrábamos frente al televisor, detrás de nosotros se posaba un viejo y pesado radio que pertenecía a mi abuelo ya de los años 60 más o menos.
Mi amigo puso pausa y se levantó para ir al baño, dejándome completamente solo. En una parte de mi cabeza, sentí como si algo me dijera que estaba a punto de sonar. Un mal presentimiento recorriendo mi espina dorsal. De repente, a mis espaldas, el radio se encendió solo, cosa que por ser un viejo aparato de radio no se me hizo muy extraña.
- Debe ser por lo gastado que esta...- me dije. Naturalmente sentí ganas de levantarme y apagar la radio, pero mi pereza y mis ganas de seguir jugando de inmediato fueron más, y preferí ignorar ese impulso. Ahora que conozco las consecuencias de los hechos posteriores, les aseguro que siempre me arrepentiré de ese error.
Mi amigo regresó y al escuchar me preguntó porque había prendido la radio. Le respondí la verdad, que se había prendido sola.
- Debe estar poseído...- dijo el.
– No digas boludeces...- le conteste, sin darle mas importancia al asunto. Nos alistamos a seguir jugando como si lo que hubiera detrás nuestro no fuera nada, e incluso hasta algunas de las melodías que escuchábamos nos caian bien. Pero todo cambió de manera repentina. De un segundo a otro de la radio empezaron a emitirse sonidos extraños parecían ser notas de música pero algo andaba mal no sonaban como deberían... acompañados de una voz... no puedo decir si era de mujer o de hombre, pero sonaba demasiado... no tengo palabras para describirlo, sólo que esa sensación de escalosfríos que sentí antes se había intensificado.
- Apagá esa cosa...- dijo mi amigo con un tono de voz que denotaba cierto nerviosismo al escuchar ese débil alarido provenir de los parlantes de la radio...
- Ya se callará...- dije, esperanzado en que sea verdad, mientras que ese pequeño sonido se metía en mi cerebro... antes de que empezara a sonar ese horripilante ruido. Al principio pensé que también era culpa del estado del radio, pero pronto me di cuenta de que estaba equivocado.
Transmitía sonidos tan agudo y horribles que si alguien me lo hubiera relatado no los creería posibles hasta que los escuche ese día. Como si todo mi sentido del oido le provocara una alergia a mi cerebro, una sensación de ahogo. Una voz chillante casi burlona, acompañada de esa constante pulsación en los parlantes de la radio. Me di cuenta que no era el único que sentía esa extraña sensación en mi cabeza cuando vi que mi amigo dejaba caer el joystick al suelo, y al dirigir mi vista a su rostro... lo vi horriblemente deformado. Una mueca de angustia y locura se reflejaba en su mirada, una que yo jamás había visto hasta hoy, junto a un gesto en sus labios que deformaba totalmente su rostro. Ese ya no era mi amigo. Era otra persona.
- YA NO LO SOPORTO MÁS!!!- exclamé, yo también al borde de la locura. ¿Qué demonios era ese ruido infernal? Con las cada vez menores fuerzas que quedaban en mi sistema nervioso, me levanté rápido y corri como pude a apagar la radio. Sus confusos botones parecían burlarse de mi, al no reaccionar para nada ante mis desesperados movimientos. Toqué todos los botones y ese sonido no cesaba. De pronto, a esos sonidos se les sumó uno más. La misma voz perturbadora que había escuchado antes, repetía un sonido hipnótico y paralizador a nuestro cerebro. Sentía mis fuerzas desvanecerse, pero segui intentando detener ese sonido... esa tortura.
Senti la presencia de algo. En la puerta de mi casa, empecé a sentir golpes. No golpes de quien llama a tu casa, pues de ser así habrían tocado el timbre. Estos eran golpes violentos. Contra mi puerta, contra mi pared. Primero fue uno. Luego se sumaron más. Sumados a la paralisis cerebral que ese sonido estaba provocándome, sentí que ya nada tenía sentido.
A esos golpes y el sonido torturante, se sumó un grito. MI amigo había tomado la silla más pesada que había en mi casa y la estrelló contra la radio. Al ver la silla caer al suelo en un ruido seco, percibí que lo que estaba en mi amigo era más poderoso que él, pues la silla era muy pesada. El sonido no se detuvo. La radio ya no respondía a nuestros comandos. Yo cai al suelo, y en mi ya perturbada mente, vi a mi amigo golpear la radio con sus manos desnudas, totalmente poseido. Emitía gritos inentendibles... pero estos gritos fueron opacados inmediatamente. Los sonidos se intensificaron, se hicieron más fuertes, y entonces yo también cerré mis ojos y emití un grito desgarrador.
Fue entonces cuando los golpes en la entrada de mi casa se hicieron más y más fuertes, hasta que escuché la puerta romperse. Para mi ya todo daba igual.
Varias figuras ingresaron en mi casa. Figuras familiares. Las personas con las que convivo en mi barrio. Tuve el impulso de suplicar por ayuda, pero a medida que se acercaban, vi que sus rostros estaban también deformados. El sonido, ahora enloquecedor, despertaba algo en ellos. Algo que venía hacia mi. Casi sin fuerzas, estiré mi ya retorcido cuerpo intentando alejarme, pero era inútil. Hombres, mujeres, jóvenes... que ya no eran ellos. Sus ojos inyectados en sangre, sus labios retorcidos, sus respiraciones perturbadas... me dejé caer en el suelo, esperando que aquello que cada uno traía en las manos sirviera para terminar mi sufrimiento, mi tortura.
Cuando de repente, el sonido se detuvo. La radio llena de golpes volvió a quedarse muda. El chillido en mi cabeza se detuvo. Mi amigo se dejó caer en el suelo. Y mis vecinos, confusos, volvieron a su rostro normal. Todo había sido una pesadilla que finalmente había terminado. Con mucha agitación en mi pecho, me incorporé de nuevo. Todos nos miramos. Pero la primer palabra no la dijimos nosotros. La radio volvió a despertar con una voz masculina, que dijo con claridad:
"¿LES GUSTÓ? ¡AQUÍ LO TIENEN DE NUEVO!"
Y ese sonido de la tortura comenzó de nuevo. Todos volvieron a reaccionar fuera de sí, de manera maníaca. Mi amigo y yo no sabíamos si lograríamos resistirlo de nuevo y mientras recibíamos los primeros golpes, ese sonido volvía una y otra vez a nuestras cabezas. Ese sonido era ESTO .
La muerte no fue nada comparado a esa tortura.