Seguimos con las recetas del maestro Da Vinci, ahora un postre que fue sensación en la Europa del siglo XV, el famoso Pudín Blanco. Extraido del Codigo Romanof y "Notas de cocina de Leonardo Da Vinci".
No es éste un plato para aquellos que tienen la peste, ni tampoco para auellos que sufren del corazón. Es, en verdad, un plato muy pesado, que prejudica asi mismo a aquellos que tienen piedras en el hígado y molestias en la bilis, y es dañoso para la vista y los nervios todos. Pelaréis las pieles de las almendras y las pasaréis por la mano del mortero. Entonces, machacaréis las pechugas de media docena de capones, las mezclaréis con un poco de leche de cabra y aplastaréis todo en un cedazo. Lo agitaréis junto con la pasta de almendras, añadiréis cerca de veinte albúminas de huevo y algunas migas de pan blanco con un calgo algo graso, y lo pasaréis todo por un cedazo mientras lo vertéis en un sartén. Después de algun tiempo, rociadlo con agua de rosas y pepitas de granada y sedvidlo. Le he dicho a Batista que si vuelve a servir este plato otra vez en esta casa no estaré allí para probarlo.
Aquellos invitados que sufran las enfermedades más terribles, con lo que me refiero no a la peste, si no a aquéllos con sífilis o escrófula, asi como aquéllos que sufran enfermedades debilitantes o vergonzosas, y aquéllos otros cubiertos de pústulas y heridad abiertas, no han de ser sentados ( a menos que sean hijos de papas o sobrinos de cardenales) junto a mi señor, pero sí son compania adecuada de las personas de menor rango y los notables extrangeros, entre los que se les puede designar un asiento.
A aquéllos aquejados de hipos y de abundantes ruidos en la nariz, los que padecen ataques y agitaciones nerviosas y aquéllos otros con delirios, también mi señor prefiere apartarlos de su compañia pues su conversación le resultaria fastidiosa. Por esta misma razón no deben ser ubicados frente a otro con el mismo problema, pues se daria un espectaculo grotesco cuando intantasen hablar entre si, habra, entonces, que mezclarlos con los miembros menos importantes de la corte.
Mas a los invitados con mordeduras, los enanos y jorobados, los lisisados, los que no pueden moverse a su voluntad y los que se ven en la necesidad de ser llevados a la mesa, así como los que tienen la cabeza hinchada o muy pequeña, mi señor los encuentra aceptables y las permite sentarse junto a él.
respecto a aquéllos que sufren la peste, los sentaréis aparte, en una mesa solo para ellos que estará a la vista de mi señor ( pero no a su alcance, hecha de la madera mas vil para que depsues pueda quemarse, así como destruiris las vasijas en las que consumieron. Y los sirvientes que los atendieron deberán relevarse del servicio por una treintena de dias, de forma que veréis si la peste los ataca, y luego, si no ha sido así, ya podrán reanudar sus tareas; mas si estuvieran aquejados de peste serán despedidos sin demora por el bien de los otros.
Recuerde repasar la receta de Leon Marino con salsa de pasta:
Pudín Blanco
No es éste un plato para aquellos que tienen la peste, ni tampoco para auellos que sufren del corazón. Es, en verdad, un plato muy pesado, que prejudica asi mismo a aquellos que tienen piedras en el hígado y molestias en la bilis, y es dañoso para la vista y los nervios todos. Pelaréis las pieles de las almendras y las pasaréis por la mano del mortero. Entonces, machacaréis las pechugas de media docena de capones, las mezclaréis con un poco de leche de cabra y aplastaréis todo en un cedazo. Lo agitaréis junto con la pasta de almendras, añadiréis cerca de veinte albúminas de huevo y algunas migas de pan blanco con un calgo algo graso, y lo pasaréis todo por un cedazo mientras lo vertéis en un sartén. Después de algun tiempo, rociadlo con agua de rosas y pepitas de granada y sedvidlo. Le he dicho a Batista que si vuelve a servir este plato otra vez en esta casa no estaré allí para probarlo.

De la correcta ubicación de los enfermos en la mesa
Aquellos invitados que sufran las enfermedades más terribles, con lo que me refiero no a la peste, si no a aquéllos con sífilis o escrófula, asi como aquéllos que sufran enfermedades debilitantes o vergonzosas, y aquéllos otros cubiertos de pústulas y heridad abiertas, no han de ser sentados ( a menos que sean hijos de papas o sobrinos de cardenales) junto a mi señor, pero sí son compania adecuada de las personas de menor rango y los notables extrangeros, entre los que se les puede designar un asiento.
A aquéllos aquejados de hipos y de abundantes ruidos en la nariz, los que padecen ataques y agitaciones nerviosas y aquéllos otros con delirios, también mi señor prefiere apartarlos de su compañia pues su conversación le resultaria fastidiosa. Por esta misma razón no deben ser ubicados frente a otro con el mismo problema, pues se daria un espectaculo grotesco cuando intantasen hablar entre si, habra, entonces, que mezclarlos con los miembros menos importantes de la corte.
Mas a los invitados con mordeduras, los enanos y jorobados, los lisisados, los que no pueden moverse a su voluntad y los que se ven en la necesidad de ser llevados a la mesa, así como los que tienen la cabeza hinchada o muy pequeña, mi señor los encuentra aceptables y las permite sentarse junto a él.
respecto a aquéllos que sufren la peste, los sentaréis aparte, en una mesa solo para ellos que estará a la vista de mi señor ( pero no a su alcance, hecha de la madera mas vil para que depsues pueda quemarse, así como destruiris las vasijas en las que consumieron. Y los sirvientes que los atendieron deberán relevarse del servicio por una treintena de dias, de forma que veréis si la peste los ataca, y luego, si no ha sido así, ya podrán reanudar sus tareas; mas si estuvieran aquejados de peste serán despedidos sin demora por el bien de los otros.
Recuerde repasar la receta de Leon Marino con salsa de pasta: