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Creepypastas: un poco de terror

Paranormal10/28/2012

Hola amigos!

Este es mi post número 11!

En esta oportunidad voy a traerles algunos creepypastas que a mi me gustaron mucho y que, en noches en las cuales uno no tiene mucho que hacer, esta bueno leer

No son muy largas, asi que pueden disfrutarlas de verdad

La fuente de donde saque los creepy lo dejo en la fuente




Llámame mañana, ¿Ok?

Todavía no hay mensajes en mi teléfono.
Suponía que él no me llamaría después de todo. No puedo culparlo, quizá me vi un poco desesperada anoche. Me había fijado en él desde antes que él me notara. Su brillante cabello negro y sus preciosos y poco naturales ojos azules. Seguro que yo no era la única mirando. Sus movimientos eran elegantes, pero de una manera masculina. Y su sonrisa, ¡su sonrisa!
Moriría por esa sonrisa.
Sigue sin haber mensajes…
Pensé en llamarle, quizás disculparme por ser tan “aventada” anoche. Soy una cobarde, lo sé, pero no me atrevo a marcar su número. Además, el prometió en contactarme cuando esté listo.
Así que esperaré, paciente.
Yo sé que podría pasar casualmente por su casa. Sólo para ver si está allí. Quizás salió. Eso explicaría por qué no ha podido llamarme aún. Sólo vive a media hora. Seguro es tímido y tiene miedo de llamarme. Tontito, voy a tener que ir con él para decirle que no tiene por qué estar asustado. No me importa si necesita tiempo.
Él vive en un lugar bastante alejado en las afueras del pueblo. Puedo escuchar a las ovejas en los establos, mientras me acerco. Mi corazón se acelera cuando veo luces brillando dentro la casa. Debe estar allí, él me dijo que sus padres estarían fuera el fin de semana. Lo dejaron cuidando las ovejas por estos días. Pobrecito, debe ser un trabajo duro. Probablemente ha estado muy ocupado para llamarme. Tendré que quedarme aquí hasta que sus padres regresen y lo ayuden a cuidar estas ovejas.
Toco la puerta, pero él no responde. Probablemente se quedó dormido. El pensar en su hermosa cara, más suave por el sueño, me hace sonreír. Trato de abrir la puerta; está abierta. Rara vez hay crímenes por estos lugares, así que supongo que no es necesario cerrar con llave. Entro calladamente en la casa. ¡Quiero sorprenderlo! Me detengo con cada rechinido del piso de madera mientras me adentro en la casa, y subo las escaleras lentamente. Finalmente llego a su recámara, y, con cuidado, abro la puerta.
Allí está el, como lo supuse. Enciendo la luz de su escritorio para poder ver su cara. Sus hermosos ojos azules están abiertos, mirando hacia el espacio, y toda su cara es un desastre sangriento. La piel de sus cachetes ha sido removida por completo, y esta colgando de su cabeza. No tiene tampoco las uñas de sus manos, las cuales están arregladas cuidadosamente a su lado. En su pecho, hay un mensaje grabado en su piel.
Lo veo, con mis manos cubriendo mi boca.
Está exactamente como lo dejé ayer. Debe haber estado tan cansado, que ha dormido todo el día.
¡Qué lindo!
Suavemente, le doy un beso en su frente, asegurándome de no despertarlo. Entonces escribo otro mensaje debajo del que está en su pecho, haciéndole saber que estaré aquí cuando me necesite.
Abandono el cuarto, y me dirijo hacia afuera. Creo que es hora de que las ovejas duerman también. Y mañana, conoceré a sus padres. ¡Estoy segura de que me amaran también!


La escalera


Fin de semana, un día en el cual alguien como yo, un niño de 13 años, no tenía mucho que hacer más que jugar en casa solo.
Mi mama siempre me hechaba un ojo cada cierto tiempo, ya que el tiempo no me habia apoyado mucho, después de todo, creo que llegué a romper todas las ventanas de mi casa, por eso me prohibieron terminantemente jugar futbol dentro.
Llegué a estar tan aburrido que empecé a bajar y a subir las escaleras de mi casa.
Subir, bajar, subir, bajar, eso era todo lo que estuve haciendo. Mi madre pasaba por ahí y me gritaba ”¡Jorge deja de hacer laberinto!” mientras que mi hermano pasaba por ahí y lo que yo hiciera le daba igual.
Empezcé a contar escalón por escalón para matar el aburrimiento.
Conte 14 escalones, una y otra vez. Mi hermano paso una vez más por el pasillo y murmuro algo que traduje como ”retrasado”, le devolví el cumplido, aunque claro creo que no fue lo suficientemente fuerte como para que le prestara atencion.
Conte 16 escalones.
Creí que me habia equivocado, había contado alrededor de 8 veces 14 escalones, decidi volver a contar.
Eran 14 escalones, si, definitivamente me habia equivocado.
Llegué a aburrirme de las escaleras y me puse a ver TV. Al día siguiente, empecé una vez más a hacer mis travesuras y a correr por toda la casa. Me metí debajo de las mesas, en el cuarto de mi hermano y empezcé a saltar en la cama de mis padres. Como que ya estaba demasiado grandecito para eso, pero era muy hiperactivo. Baje rapidamente las escaleras contando los escalones una vez mas.
18 escalones. Definitivamente algo hiba mal.
Volví a contar los escalones y esta vez eran 15. Le conté rápidamente a mi hermano lo que estaba pasando. Mi hermano para variar no me presto atención a la primera vez que le dije, pero fue tanta mi insistencia que tuvo que acompañarme y contar por si mismo los escalones.
18 escalones. Mi hermano conto 18 escalones en mi cara.
Llegué a frustarme tanto… y decidi probar algo nuevo. Me tape los ojos y empecé a bajar las escaleras contandolas. 1,2,3,4, y asi seguía. Llegué a contar 18 escalones, pero aún no llegaba al final de las escaleras, 20,21,22,23, la cuenta seguía, y no parecía haber final, era extraño, las escaleras no eran tan largas.
40,41,42, ¿a donde iban estas escaleras?
Llegué a estar más de una hora bajando las dichosas escaleras, los escalones ya iban en la cuenta de 120 y aún no había fin, queria abrir los ojos, la curiosidad me mataba, pero queria ver hasta donde llegaba.
Fue que poco a poco el silencio se fue extingiendo y reemplazando por unos extraños silbidos. Poco a poco se empezaron a escuchar extraños ruidos, como si se estuviera arrastrando algo. Los ruidos empezaron a hacerse mas claros, hasta que llegue al último escalón. El escalón número 305 era el último.
Me quedé parado al fin de la escalera, sintiendo ese estremecimiento en mi cuello, esos extraños ruidos se detuvieron apenas yo toqué el final de la escalera. Queria abrir los ojos, pero tal vez lo que veria no me gustaria para nada. El calor era de lo mas parecido a una fabrica, o a una noche de verano, me sofocaba terriblemente. Comencé a tantear con mi pie para seguir caminando, sin abrir los ojos, hasta que me tope con algo.
Eran otras escaleras al frente mio, solo que estas hiban para arriba. El calor y los extraños ruidos me ponian en tensión, asi que decidí subir para alejarme de ese lugar.
Empecé a subir las escaleras y pude escuchar como los extraños sonidos retomaron su normal secuencia. Subi y subi, contando los escalones, pero al llegar al escalon 80 no me pude contener. ¿Que era ese lugar? ¿A donde me dirigian estas escaleras? en un momento de miedo y desesperación no me aguante más y abri los ojos.
Me encontraba en las mismas escaleras de mi casa, aproximadamente a la mitad de ellas, subiendolas.
Corri a la cocina rápidamente para abrazar a mi mama y decirle lo mucho que la amaba.
Mi madre me miro extrañada, y despues me devolvio el abrazo con un beso en la mejilla.
Le conte lo que me había pasado, todo lo que había recorrido por esas escaleras, pero ella solo rio, y dijo mientras seguia limpiando ”estos niños, tiene una grán imaginación”.
Tal vez, tal vez solo fue mi mente jugandome trucos, pero cuando fui a mi habitación para descanzar y me saque mis zapatillas, note que las suelas de estas estaban totalmente quemadas.


No te duermas, Sofía


Era uno de esos días que provocaban pereza y sueño sin razón aparente. La escuela fue insoportablemente tediosa y al salir de clases, Sofía y algunos de sus amigos se tumbaron en el césped y hablaron un poco a cerca de algunos mitos que se segregaban como virus en el plantel y que tenían a todos muy interesados en como algun ente ajeno a la realidad ordinaria había logrado apoderarse de la voluntad de un chofer de camión y hacían travesuras inofensivas y a veces hasta divertidas a sus pasajeros. Sofía se burló del ente y criticó fuertemente e hizo énfasis especial en la estupidez del chofer de haberse dejado embriagar por el ente. Obviamente las historias que contaban eran invenciones y, por tanto, todos rieron de las afirmaciones que ella hizo.
Después de unos veinte minutos de estar echada prácticamente haciendo nada, Sofía decidió que ya era tiempo de volver a casa, así que tomó su bolso y su libro y se encaminó hacia la carretera donde esperaría el autobús.
Como tenía sueño, cerró los ojos para dormir un rato en tanto llegaba a su destino. Para cuando se despertó ya no quedaban más que el conductor del autobús y ella, así que se apresuró a descender por miedo de haber desatinado la estación que debió parar frente a su casa. Sin embargo no lo había hecho; miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba en el lugar correcto.
Un poco confundida caminó hacia el zaguán, tratando de hallar la llave correcta que lo abriese, cuando otra cosa atrajo su atención; el autobús en donde ella venía no había arrancado aún y esto le provocó un extraño escalofrío que bajó rápidamente por su espalda y se alojó después en su estómago, haciendo que tuviera un poco de náusea. Sin embargo decidió no tomar mayor importancia a aquel acontecimiento y metió la llave en la cerradura de la puerta para abrirla, lo que ocasionó un sonido chillante y Sofía sintió una angustia como si alguien cercano a ella hubiera fallecido.
Sofía entonces abrió la puerta y poniendo los pies en polvorosa hasta su cuarto, se encerró e inmediatamente encendió el radio, que transmitía a esa hora El Club de Los Beatles. pues necesitaba relajarse de algún modo, sin embargo en ese momento, aunque el aparato estaba en la frecuencia correcta, lo único que emitía su bocina monofónica eran sonidos incomprensibles que ella jamás había escuchado; altas frecuencias de chillidos que no parecían ser humanos. Se apresuró a mover la antena para conseguir una mejor recepción, cuando le llenó todo el cuerpo una brisa tan helada como la noche, al darse cuenta que de camino a su cuarto no había nadie en la casa; la edificación estaba completamente vacía .
No lo pensó dos veces y salió de su cuarto para caminar por el pasillo que daba a las escaleras que debía bajar para llegar a la sala, el comedor, la habitación de sus padres y la de su hermano Arturo. Mas en su exhaustivo y alicaído recorrido por dicho pasillo y escaleras, el silencio que reinaba no era común; de hecho era un tanto siniestro, misterioso y desesperante. Buscó impávidamente en la sala, el comedor, la cocina, cada rincón de las habitaciones de esa casa que yacía solitaria y silenciosa. Salió de nuevo a la calle que se encontraba desértica. Le recorrió de nuevo un estremecimiento extraño, pero esta vez más profundo y siniestro que el anterior al ver que el autobús que la había dejado frente a su casa aún seguía allí, como esperando subir pasajeros.
Corrió hacia el autobús, pues sabía que podría encontrar ayuda en el conductor, que de algún modo, ella sabía, aún se hallaba dentro del vehículo. Sin embargo cuando subió los pequeños peldaños para alcanzar al chofer, la portezuela se cerró estruendosamente detrás de ella, causándole una enorme impresión, pero no pudo ser comparada con el acontecimiento que le siguió a esta acción.
El autobús quedó inmutable, petrificado sobre la acera vacía que ya no se veía dónde terminaba; lentamente Sofía buscó el rostro del conductor, quien se había agachado al cerrarse la puerta con tal brusquedad. Pero al ver aquella figura, Sofía no pudo hacer más que lanzar al vacío un grito ahogado de horror y dolor; de tristeza y amargura; tenía ante sus ojos algo tan raro, ignoto e indescriptible como jamás una persona podría imaginárselo: una gran protuberancia del color y textura del hueso salía de una abertura sangrante en una masa amorfa de carne y piel envueltas en textiles sucios y harapientos; otra similar, pero más pequeña se hallaba incrustada a unos veinte centímetros de la primera. Encarnadas en los costados de la criatura, dos extremidades se asomaban simulando brazos, pero que parecían sólo hueso cubierto de una piel tosca y llena de erupciones; la pus agusanada de entre lo que parecían esfínteres hacía más alicaído el aspecto tambaleante de aquella muestra de inhumana tortura moderna.
Sofía no pudo abrir la puerta del vehículo y se decidió a huir por una de las ventanas abiertas de los costados del autobús. corrió hacia su cuarto aterrorizada y desconcertada por el suceso. Quiso dormir para así poder despertar y caer en cuenta de que todo había sido un simple sueño; una jugada cruel de su mente y…
Cuando despertó salió de la habitación ofuscada y buscó rápidamente a su familia, de la cual no encontró rastro alguno. Desesperadamente tomó un cuchillo de la cocina y se aventuró a salir de nuevo a la calle sólo para encontrar una escena avasalladora; la calle que alguna vez recorrió con alegría en su niñez de había convertido en una plataforma del terror, de todos lados brotaba un insoportable olor a podrido que casi hacía imposible siquiera el simple acto de caminar por entre los senderos de excreciones cutáneas que dirigían a un sólo lugar: el autobús en donde se hallaba la criatura insoportable.
No le quedó de otra a Sofía que caminar hace el horrible lugar. Entró con un salto al vehículo, blandiendo hábilmente su chuchillo cuando la apresaron unos cúmulos de carne informe que salían de todas direcciones.
Al día siguiente se encontró el cuerpo de Sofía en su cama, parecía no tener heridas físicas pero la autopsia reveló hemorragias internas y lo más insólito: estaban ausentes sus pulmones y su estómago aunque no se habían encontrado incisiones o siquiera heridas en todo su cuerpo.
Cuando sus padres regresaron del crematorio encontraron sobre el escritorio de Sofía una nota salpicada de pus que decía las siguientes palabras: “Jamás te duermas en el autobús“.


Suerte que no encendiste la luz

Una chica llega a altas horas de la noche a la residencia de estudiantes donde vive, se ha quedado hasta tarde con unas amigas y cuando llega a dormir son más de las tres.
Entra en la habitación tratando de no hacer ruido para no despertar a su compañera de cuarto, tampoco enciende la luz para no molestarla por lo que tiene que avanzar a oscuras empleando solo la luz de tu teléfono móvil para no golpearse con los muebles.
Cuando se mete en la cama empieza a oír unos quejidos ahogados, la chica se queda en silencio para escuchar mejor. El sonido es como pequeños grititos ahogados o quejidos sin fuerza. Se imagina que su compañera se habrá traído a su novio al cuarto y estarán teniendo una noche apasionada, le sorprende que no colgara una prenda de ropa en la puerta como acostumbran a hacer como señal de que tienen “visitas”. Pero está demasiado cansada para levantarse y buscar otro sitio donde dormir. Sin darse cuenta cae en un profundo sueño entre lamentos y quejidos.
A la mañana siguiente se despierta sintiendo una humedad en su cama, aún medio dormida lleva su mano al líquido que empapa la manta y pega un salto tras comprobar que es sangre. Sobre su colcha la cabeza cortada de su amiga con un pañuelo en la boca que le sirvió de mordaza la noche pasada.
La habitación parece un matadero, todo está ensangrentado y en la pared escrito con la sangre de su amiga se podía leer:
“Suerte que no encendiste la luz”
Al llegar el forense dictaminó que la chica llevaba pocas horas muerta, al parecer el asesino la había estado torturando toda la noche a escasos metros de la cama donde descansaba. Los quejidos eran gritos de dolor que quedaban ahogados por la mordaza mientras el psicópata despellejaba y mutilaba viva a la víctima. Sin saberlo la chica había salvado su vida al no encender la luz y sorprender al asesino en mitad del crimen.


Ten cuidado con lo que lees

La siguiente historia es real. Fui partícipe de ella hace unos años, cuando tenía apenas 16. En ese entonces me encantaban la música y los libros. Pasaba horas y horas en compañía de mi iPod, o de cualquier libro que cayera en mis manos. Simplemente me fascinaban.
Una tarde como cualquier otra, me dispuse a leer una novela bastante extensa que me habían obsequiado el año pasado para navidad. Estuve alrededor de 2 horas leyendo, hasta que un momento me aburrí y se me empezó a cansar la vista. Separé las páginas con las solapas del libro, para que en el momento de retomar la lectura supiera dónde había terminado, y me dirigí a la computadora. Chequeé un par de las redes sociales que utilizo y miré las páginas que miro de vez en cuando. No seguí leyendo.
Pasaron los días, y no volví a tocar el libro, hasta que una mañana de mucho frío no encontré nada para hacer y retomé el libro donde lo había dejado. Mi sorpresa fue que tenía un señalador (bastante raro, con caras de varias personas que no tenía idea de quienes eran) puesto en una página a la que nunca había llegado. Al principio pensé que había sido mi hermano mayor, pero luego caí en la cuenta de que era imposible porque estaba en mi cuarto, y cuando yo no estoy allí lo cierro con llave (precauciones para que mi hermanita no use mis cosas).
Lo abrí donde estaba señalado y tras pasar alrededor de 10 minutos lo único que vieron mis ojos fueron collages de imágenes de personas; algunas enojadas, otras tristes. Fue muy raro encontrar eso, porque no correspondía con el hilo narrativo que había estado llevando el autor en los primeros 11 capítulos, además del hecho de que cuando lo hojeé por primera vez para ver si tenía fotos no había visto nada. Debo admitir que me asusté un poco, pero lo tomé a la ligera y me puse a hacer otras cosas.
Más tarde ese día, mientras estaba en la computadora, tuve esa tan conocida y horrenda sensación de que alguien me estaba observando. Haciéndome la misteriosa, giré la cabeza rápidamente y, obviamente, no había nada. Me dieron ganas de ir al baño, y cuando me dirigía al mismo noté una sombra rara. En mi casa eso era común, ya que mi mamá solía poner velas aromáticas en el baño durante la noche, y la luz se reflejaba en las toallas o los cestos de mimbre que utilizábamos para guardar la ropa limpia y proyectaban diferentes sombras sobre el inodoro. Abriendo la puerta corrediza de madera del baño, miré por casualidad en el espejo, justo en el instante en que la sombra cambiaba de posición para asimilarse a la silueta de un hombre, que ahora estaba parado esperando que yo entre al baño. No sé si fueron todas las historias y películas de terror que había visto hasta entonces o simplemente un acto reflejo, pero salí corriendo de ahí más rápido de lo que jamás había corrido. Estaba confundida, sorprendida y, por sobre todo, asustada. El baño podía esperar.
Pasaron las semanas, y como se acercaba el fin del año, todos los cursos que egresaban de la escuela secundaria hacían fiestas para finalizar con esa etapa de su vida. Asistí con mis amigos a casi todas, por lo que se podría decir que entre las fiestas y los días hábiles de colegio no pasaba mucho tiempo en mi casa, salvo los fines de semana. Así pasaron aproximadamente 2 meses, y todo lo que había sucedido con el libro y la sombra del baño fue ocupando un lugar secundario en mi mente.
La tarde del 23 de diciembre me encontraba sola en mi cuarto, y después de leer varias creepypastas, me acordé del libro. Lo busqué por todos lados, y cuando finalmente logré encontrarlo me di cuenta de que el señalador ya no estaba, a pesar de que yo lo había puesto en la misma página en la que desafortunadamente lo encontré. Esta vez antes de empezar a leer decidí buscar el nombre del autor en internet, para ver si esta novela suya debía contener las páginas con las imágenes de esas personas, y porqué. No encontré NADA. Usé 6 buscadores diferentes, todos de gran renombre. Ninguno encontró nada, ni del autor ni del libro en cuestión. Alarmada, me dirigí hacia una librería enorme, en la que trabajaba un familiar mío.
Apenas le mostré el libro, me preguntó de dónde lo había sacado. Luego, preocupado, me contó que ese libro había sido publicado en 1994, y que misteriosamente su autor había desaparecido. También me dijo que, una a una, todas las personas que aparecían en las fotos habían tomado cantidades inmensas de cianuro, envenenándose lentamente, para sorpresa de toda la gente que las rodeaba. Los familiares de los suicidas atestiguaron que el día antes de morir cada una de las víctimas había llamado a su hermano/a, diciéndole que habían estado leyendo un libro, y que de un día para el otro había aparecido un señalador con su foto, que marcaba una página en la que también aparecía, y que sentían que una presencia los vigilaba todo el día, incluso cuando iban al baño.


El barril funebre

Se trata de una historia en comic paralela al mundo de chespirito que muestra un universo enfermizo y trillado lleno de los personajes de chespirito que todos conocemos… con su lado más oscuro sacado a la luz.
Era una tarde lluviosa, en la vecindad todos descansaban dentro de sus casas... en eso, un niño delgado y muy hambriento estaba buscando entre la basura un cartón para cubrir el hoyo de su barril… estaba congelado y resfriado… el chavo del ocho había cumplido ya 9 años y el único regalo que le dio el cielo fue una tarde de tormenta y el más intenso y escalofriante frio.
Mientras seguía esculcando la basura vio un periódico que en su titular decía: ENFERMO MENTAL SE ESCAPA DE SU CASA LUEGO DE ASESINAR A SU COMPAÑERO.
Según el periódico, el loco apellidado “Bonaparte” habría sufrido uno de sus constantes ataques de un efecto derivado de la epilepsia conocido como “chiripiorca” y su compañero al intentar calmarlo de un golpe, despertó en él un extraño estado de locura que provocó que Bonaparte lo asesinara con un bate de baseball.
Sin embargo esa noticia no fue precisamente la que llamó la atención del chavo, sino una noticia mas abajo que decía que el Chapulín Colorado había atrapado al famoso Peterete, un asesino en serie que la policía llevaba años buscando.
Con aquella noticia el Chavo recordó cómo la noche anterior el Chapulín había visitado su barril y le había dejado un regalo de cumpleaños… era su Chipote chillón y una nota que decía: “tu serás quién tome mi lugar cuando sea viejo”
Fue el mejor regalo que nadie pudo haberle dado, más que la torta de jamón de Don Ramón o el par de botas viejas que le había regalado Quico.
De pronto, a lo lejos, se escucharon sirenas… la policía perseguía a dos ladrones recién escapados, uno de ellos abofeteaba constantemente al otro mientras este, a su vez, trataba de esquivar el trafico que se cernía por las lluviosas calles de México en su auto… así pues, cuando la policía comenzó a disparar, el condenado a pena de muerte conocido como “EL PETERETE” sacó su pistola y empezó a disparar a la policía, en eso, una bala proveniente del arma del agente CHAMBON hiere de muerte al conductor del vehículo conocido como “EL CHOMPIRAS” lo que provoca que ambos reos se desvíen de la calle y pasen arrasando con todo lo que había en la acera… incluido un pobre niño que buscaba en la basura.
Ambos fugitivos terminaron impactándose contra una pared y muriendo de contado en el choque.
Mientras Chambón y su compañera revisaban la escena del crimen, vieron a lo lejos una silueta de dos personas en el piso, al acercarse vieron lo peor: era un hombre de sombrero celeste con bigote y muy delgado llorando y abrazando fuertemente a un niño que agonizaba y respiraba entrecortadamente.
Si perder más tiempo, Chambón y Don Ramón llevaron al pequeño Chavo a una clínica que se encontraba lo más cerca posible, el doctor Eugenio Chespirito Chapatín atendió de forma urgente al mal herido niño, sin lograr éxito… la noticia fue un balde de agua fría para los habitantes de la vecindad.
Todos lloraban aquella terrible perdida, en la vecindad se habían reunido todos sus habitantes y personas que conocían y compartieron momentos con el Chavo del ocho, entre ellso se encontraba el chapulín colorado, parecía molesto, y entre sus ojos llorosos inyectados en sangre se veía un repudio total por la gente que allí se encontraba… había llegado el momento de hablar:
Se paró frente a todos y con un lamento en su voz dijo: “¿Ven lo que pasa cuando dejan a un niño a su suerte?... Nadie fue capaz de alimentarlo, de vestirlo, de darle un hogar… preferían irse de parranda o engreír y engordar más a sus hijos…( los miró a los ojos ) malditos… MENSOS!!… SON UNOS MENSOOOOS!!!!!” el chapulín dio media vuelta y se fue… aquella noche… alguien incendió la vecindad,.. Un ser vestido de negro y con antenas de vinil azules fue visto salir de la vecindad con aquel infierno a sus espaldas.
EL chapulín había enloquecido... Se cansó de tanta injusticia, de tanta nobleza, incendió la vecindad y se llevo el barril en sus hombros.
Aquel traje rojo, aquella señal de inocencia y nobleza se lo llevaría su más grande Fan a la tumba… Vistió al chavo con su atuendo, que tanto tiempo aquél niño soñó tener… metió su frágil cuerpo dentro del barril junto son una revista y una torta de jamón. Cerró el barril y en peso, EL CHAPULIN OSCURO se llevó EL BARRIL FÚNEBRE al cementerio.
A la mañana siguiente apareció una tumba que decía: AQUI DESCANSA CHENTE “EL CHAVO” BOLAÑOS. y sobre el, un Chipote chillón negro.

Sueño eterno

Alguna vez has pensado que pasa cuando mueres?
Bueno, algo pasa. Tu cuerpo muere, pero tu conciencia sigue viva. La noche cuando mueras, estarás en un sueño eterno. Tu vivirás ese sueño toda la eternidad, y será como la realidad. Cualquier cosa que estés soñando en tu ultima noche será donde estarás ”viviendo” por toda la eternidad, y nunca despertarás de nuevo, en la comodidad de tu casa.
Ojalá que no tengas una pesadilla en tu ultima noche.


El link

Me acuerdo que siempre me gustaba quedarme solo en mi casa, no haciendo nada, mas que ver la tele, o hablar con mis amigos o amigas por teléfono, o jugar en mi computadora. Me gustaba explorar varías página de Internet, o simplemente ver imágenes; un día (como cualquier otro), que me quedé solo, después de que mi mamá me dijera “ya me voy, cualquier cosa me hablas por teléfono” y cerrara la puerta. Yo subí corriendo hacía mi cuarto a prender la computadora. Mientras esto pasaba, volví a bajar para agarrar una botana y un refresco, y después subí para seguir en lo que estaba haciendo. Cuando se prendió mi computadora, fui directamente a revisar mi e-mail; había un correo de un amigo al que siempre le gustaba hacer bromas, o “cadenitas” y siempre me mandaba muchas de ellas. Yo nunca les hacía caso, las eliminaba, pero cuando vi que el correo decía que había visto una página muy divertida, en la que podías encontrar de todo, yo, curioso de ver esa página, abrí el link. No recuerdo muy bien la dirección pero cuando la abrí me aparecían muchas imágenes graciosas, tambien imagenes de caricaturas, como Bob Esponja o Los Simpson, y decía en la parte de arriba en letras grandes: “Aquí encontrarás muchas cosas para entretenerte”. Estaba viendo más y más imágenes y en una descripción de una de las imágenes vi un dibujito borroso junto con un cartelito que decía “no abras esto”. Yo, curioso, hice todo lo contrario y le di click. Cuando vi, era la mimas página pero con otras imágenes en negro, pensé que era algun error y decidí actualizar la página, pero cuando se actualizó, vi que las imágenes se veían muy borrosas. Volví a actualizar la página como otras 4 veces, y ahora podía ver las imágenes: eran una imágenes de cuerpos de personas partidos, o con el estómago abierto, con las tripas por fuera; habían muchas.
Estuve viendo varias de esas, cuando de repente encontré una foto de mí y de mi familia, sonriendo, me quedé sorprendido porque nadie de mi familia sabía sobre esa página. Y otro link decía: “ya no avanzes más”, pero hice todo lo contrario y apareció la misma foto pero ahora con los estómagos abiertos, sin ojos, colgados. Yo, en ese momento me espanté mucho y juré ya no volver a usa la computadora.


Una niña perversa

Esta tarde empujé a Arturo a la fuente. Cayó en ella y se puso a hacer gluglú con la boca, pero también gritaba y fue oído. Papá y mamá llegaron corriendo. Mamá lloraba porque creía que Arturo se había ahogado. Pero no era así. Ha venido el doctor. Arturo está ahora muy bien. Ha pedido pastel de mermelada y mamá se lo ha dado. Sin embargo, eran las siete, casi hora de acostarse, cuando pidió pastel, y a pesar de eso mamá se lo dio. Arturo estaba muy contento y orgulloso. Todo el mundo le hacía preguntas. Mamá le preguntó cómo había podido caerse, si se había resbalado, y Arturo ha dicho que sí, que se tropezó. Es gentil que haya dicho eso, pero yo sigo detestándolo y volveré a hacerlo en la primera ocasión.
Por lo demás. si no ha dicho que lo empujé yo, quizá sea sencillamente porque sabe muy bien que a mamá le horrorizan las delaciones. El otro día, cuando le apreté el cuello con la cuerda de saltar y se fue a quejar con mamá diciendo: “Elena me ha hecho esto”, mamá le ha dado una terrible palmada y le ha dicho: “¡No vuelvas a hacer una cosa así!” Y cuando llegó papá ella se lo ha contado y papá también se puso furioso. Arturo se quedó sin postre. Por eso comprendió, y esta vez, como no ha dicho nada, le han dado pastel de mermelada. Me gusta enormemente el pastel de mermelada: se lo he pedido a mamá yo también, tres veces, pero ella ha puesto cara de no oirme. ¿Sospechará que yo fui la que empujó a Arturo?
Antes, yo era buena con Arturo, porque mamá y papá me festejaban tanto como a él. Cuando él tenía un auto nuevo, yo tenía una muñeca, y no le hubieran dado pastel sin darme a mí. Pero desde hace un mes, papá y mamá han cambiado completamente conmigo. Todo es para Arturo. A cada momento le hacen regalos. Con esto no mejora su carácter. Siempre ha sido un poco caprichoso, pero ahora es detestable. Sin parar está pidiendo esto y lo otro. Y mamá cede casi siempre. A decir verdad, creo que en todo un mes solo lo han regañado el día de la cuerda de saltar, y lo raro es que esta vez no era culpa suya.
Me pregunto por qué papá y mamá, que me querían tanto, han dejado de repente de interesarse en mí. Parece que ya no soy su niñita. Cuando beso a mamá, ella no sonríe. Papá tampoco. Cuando van a pasear, voy con ellos, pero continúan desinteresándose de mí. Puedo jugar junto a la fuente lo que quiera. Les da igual. Sólo Arturo es gentil conmigo de cuando en cuando, pero a veces se niega a jugar conmigo. Le pregunté el otro día por qué mamá se había vuelto así conmigo. Yo no quería hablarle del asunto, pero no pude evitarlo. Me ha mirado desde arriba, con ese aire burlón que toma adrede para hacerme rabiar, y me ha dicho que era porque mamá no quiere oir hablar de mí. Le dije que no era verdad. Él me dijo que sí, que había oído a mamá decirle eso a papá y que le ha dicho: “No quiero oír hablar nunca de ella.” Ese fue el día que le apreté el cuello con la cuerda. Después de eso, yo estaba tan furiosa, a pesar de la palamada que él había recibido, que fui a su recámara y le dije que lo mataría.
Esta tarde me ha dicho que mamá, papá y él iban a ir al mar, y que yo no iría. Se rió y me hizo muecas. Entonces lo empujé a la fuente.
Ahora duerme y papá y mamá también. Dentro de un momento iré a su recámara y esta vez no tendrá tiempo de gritar, tengo la cuerda de saltar en las manos. Él la olvidó en el jardín y yo la tomé.
Con esto, se verán obligados a ir al mar sin él. Y luego me iré a acostar sola, al fondo de ese maldito jardín, en esa horrible caja blanca en la que me obligan a dormir desde hace un mes.


El parque

Desde siempre me ha agradado caminar o rondar entre la oscuridad simplemente acompañado por la luz prestada de la luna, aún desde aquel día en que sucedió tal tragedia… Nunca terminé de superar ese hecho, pero hubo otro que me perturbó un poco más mis días errantes sobre la tierra… Fue hace unas semanas cuando me sucedió algo un poco aberrante…
Después de las tragedias siempre se espera que la tormenta se atenúe un poco más, que avance rauda y poder ver quizás un rayo de luz, algo de esperanza, pero en este, mi caso, no fue así… en realidad empeoró.
Podría decir que es a veces curiosa la existencia humana, nuestros hábitos y adicciones que son parecidas a un placebo para aliviar tristes y amargas monotonías diarias. En mi caso siempre fue el caminar de madrugada, no hay nada como el silencio tan abismal que se percibe a altas horas de la noche en la cual eres sólo tu y el mundo, tu y la luna... y nadie más.
Es curioso cuando te gusta caminar en la profunda penumbra de la noche, entre las mismísimas tinieblas que proyectan formas por doquier acelerando el palpitar más calmado y valeroso, pero hubo una vez en que dejé esta adicción aún cuando quedé con una duda tan inmensa que no pude continuar haciéndole compañía al astro lunar.
Con paso firme y tranquilo, noté de lejos y curiosamente, a una niña meciéndose en una hamaca de un abandonado parque en la zona más lejana de la ciudad, la cual antes yo solía habitar debido a mi extraño traslado. Me fue llamativo cuando sin darme cuenta aquella pequeña se apareció a mi lado y me miró penetrante y fijamente sin decir más que un leve murmullo casi inaudible, mientras sólo se percibía el susurro húmedo del viento cargado de rocío y de pronto alaridos de angustia y dolor… La chica desapareció trotando por la calle con risas macabras que rompían el silencio y dejando un rastro de sangre tras de si…
Quizás no sea nada del otro mundo, pero llegó a convertirse en algo escalofriante para mi cuando sabes que falleciste días atrás y un vivo te habló…


Espero que les haya gustado y que no tengan pesadillas

Les dejo mi blog, donde tambien escribi algunas historias de terror PROPIAS (lo aclaro) que si quieren también pueden leer -->
Un abrazo y hasta la proximaa
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