EL ENIGMATICO DR. RICHTER
En una de las notas correspondientes al Capítulo I de su libro, el Dr.
Mariscotti no deja de señalar que hasta ese día ninguna bomba de hidrógeno había
explotado y que "la referencia de Richter demuestra que estaba al tanto de los
esfuerzos que, con Edward Teller a la cabeza, se realizaban en Estados Unidos en
ese tema"
Las reacciones ante el anuncio realizado en la Casa Rosada ese 24 de marzo de
195l oscilaron entre el escepticismo, la ironía, el agravio, y las dudas
respetuosas, con el correr del tiempo. Particularmente, a partir del momento en
que se puso fin a los experimentos en la isla Huemul.
§Cuando Perón hizo el anuncio, las reacciones de fusión controladas no eran
posibles. Sin embargo, poco después el tema comenzó a ser analizado e
investigado. Grupos dedicados al estudio de ese campo de la física comenzaron a
formarse durante esa década. Revistas especializadas como "Review of Moderns
Physicis", "Scientific American", "Nucleonics" e inclusive libros, publicaron
artículos de actualización en esa materia. En pocos años el tema se convirtió de
imposible en "pensable" y se comenzó a hablar de "difícil pero posible".
§En 1955 H.J.Bhabha, destacado físico hindú, que presidía la Primera Conferencia
Internacional sobre los Usos Pacíficos de la Energía Atómica en Ginebra, predijo
que el problema de la fusión nuclear estaría controlado en 20 años
§Ese mismo año, el presidente de la Comisión de Energía Atómica de los EE.UU.
anunció oficialmente que dicha institución estaba apoyando el proyecto Sherwood,
un programa de investigación a largo plazo para lograr la fusión nuclear
controladas para usos pacíficos
§El 14 de agosto de 1955, "el diario suizo "Die Wocke" señalaba que "esa
posibilidad ya había sido mencionada unos años atrás por el investigador atómico
Richter, calificado entonces de charlatán, puesto que en esa época se opinaba en
general que el elevado grado de temperatura necesario para el proceso sólo
podría alcanzarse mediante la explosión de una bomba de uranio"
§El New York Times, diario que expresa el pensamiento de la izquierda
progresista norteamericana, se caracterizó por una decidida hostilidad hacia el
régimen peronista e integró el grupo de los críticos que no creyeron en el
descubrimientos que se atribuía el austríaco. Sin embargo en su edición del lº
de Abril publicó un comentario de un especialista, Waldemar Kaempffert, de tono
menos escéptico. Lo hizo bajo el título "Argentina no posee recursos, aunque al
menos en teoría sus pruebas atómicas son posibles"
Kaemffert recordaba que Sir Jhon Cockcroft, director del laboratorio inglés de
Hardwell, coautor de la primera reacción nuclear artificial en l932, se había
referido a las posibilidades de obtener la fusión nuclear controlada. En una
conferencia en Oxford, en junio de l950 sostuvo: "Medios serán encontrados algún
día de producir temperaturas adecuadas para lograr la fusión de los núcleos de
deuterio y convertirlos en helio"
§El colaborador del Times menciona estudios teóricos del profesor Motz, de la
Universidad de Columbia sobre el particular y sostiene que éste "no considera el
proyecto de Richter como una cuestión absurda"
RICHTER y LOS ESTUDIOS SOBRE FUSION
Para Mariscotti el anuncio realizado por Perón y Richter, a pesar de que a la
postre el proyecto quedó trunco, actuó "de estímulo para el comienzo de las
investigaciones formales en este tema en los Estados Unidos. El hecho quedó
documentado en las actas desclasificadas oportunamente de la Comisión de Energía
Atómica. El 26 de julio de 1951, esta institución consideró un contrato de
investigación propuesto por el doctor Lyman Spitzer, de la Universidad de
Princeton, para estudiar fenómenos de transporte y reacción de elementos
livianos y aprobó al efecto un aporte de 50 mil dólares.
Con el tiempo, dicha universidad reconoció oficialmente que Spitzer, destacado
astrofísico especializado en plasma, había sido estimulado a pensar en el tema a
raíz del trabajo de Richter y a concebir un dispositivo magnético capaz de
confinar el plasma.
En consonancia con esta información, recuerdo la confidencia de un joven físico
argentino, hecha por los años 80, de haber sido sorprendido por el gesto de
algunos colegas norteamericanos que le mostraron en el laboratorio de Livermore,
dedicado al estudio del plasma, una placa que mencionaba a Richter como pionero
en las investigaciones sobre energía de fusión.
Richter, no era tan loco ni tan estafador como lo hicieron aparecer tanto buena
parte de sus colegas argentinos como la oposición a Perón, que encontró en el
episodio un venero inagotable de elementos para atacar su política. A punto tal
que Agustín Rodríguez Araya, un dirigente radical caracterizado por su
constantes diatribas y furibunda oposición al régimen, aprovechó la hospitalidad
del diario brasileño "Folha da Manha" para denunciar que la constitución de la
Comisión Nacional de la Energía Atómica, concretada el 31 de mayo de 1950,
algunos meses antes de la detonante conferencia de prensa, no era sino un telón
de fondo para esconder la ambición de los militares argentinos de dominar a la
América Latina. Episodio que basta para calificar su iracundia y su ignorancia
sobre los objetivos que se habían impuesto todos los científicos y técnicos de
la CNEA desde su fundación hasta la actualidad, de trabajar exclusivamente con
objetivos pacíficos. Ese solemne compromiso no ha sido traicionado hasta el día
de hoy.
Hay un aspecto que se insinúa en el libro de Mariscotti y que se relaciona con
la presunta influencia de Richter en la apertura de una nueva línea de
investigaciones en materia atómica por los círculos oficiales y académicos de
Estados Unidos. En momentos en que las relaciones del egocéntrico y autoritario
austríaco con los hombres de confianza de Perón llegaron a cierto grado de
tirantez, los informes de inteligencia aludían a repetidas visitas de Richter a
la embajada de ese país, en ocasiones en que viajaba a Buenos Aires. Obviamente
esa actitud, al tratarse de un tema de tanta sensibilidad, suscitó suspicacias;
a punto tal de que se impartieron directivas para que su pequeña hija no se
moviera de Bariloche. Todo indica que era una manera, más o menos sutil, de
tener un rehén adecuado para evitar una presunta transferencia hacia el norte
del hemisferio. Richter había estado en negociaciones para emigrar a Estados
Unidos apenas concluida la guerra, sin lograr concretar su empeño.
¿Cómo se compadece esto con el reconocimiento oficial del fracaso de los
experimentos de Richter que, de alguna manera, implicó un escándalo que lesionó
severamente la imagen del gobierno?
Por Sergio Ceron, periodista y funcionario de la Secretaria de Ciencia Técnica
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