Aristides de Sousa Mendes Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Arístides se encontraba en Burdeos desarrollando su labor como cónsul. Las tropas de Hitler avanzaban rápidamente sobre Francia. Portugal se declaró país neutral. El propio dictador del país luso, António de Oliveira Salazar hace constar a través de la Circular 14 su negativa a entrar en el conflicto obligando a todos los cónsules portugueses a no conceder visados: a extranjeros de nacionalidad indefinida, contestada o en litigio; los apátridas; los judíos expulsados de su país de origen o del país del cual sean ciudadanos. Aristides de Sousa Mendes hizo caso omiso a las órdenes de su Gobierno y expidió visados de entrada para Portugal o Estados Unidos. El 16 de junio de 1940 Aristides decidió entregar un visado a todo aquel que se lo pidiera. Con la ayuda de sus hijos y sobrinos así como con la del rabino de Amberes, Jacob Kruger, se dedicó a expedir pasaportes, firmar visados ininterrumpidamente. Al recibir las quejas desde Lisboa dijo: Si hay que desobedecer, prefiero que sea a una orden de los hombres que a una orden de Dios. A pesar de que Salazar tomó medidas contra el cónsul rebelde, Sousa continuó su actividad en Bayona entre los días 20 y 23 de junio de 1940 en presencia del vice-cónsul y de dos funcionarios de Salazar que nada pudieron hacer para parar la concesión de visados. El 23 de junio Salazar le cesará de su cargo de cónsul pero Aristides, lejos de cejar en su empeño, continuó emitiendo visados a todos los que se encontraba de camino a Hendaya. Salazar envió varios funcionarios a recoger a Aristides. Sin embargo, Sousa Mendes logra cruzar la frontera francesa junto con otros refugiados y llegar a España. Debido a los deficientes medios existentes para la comunicación los guardias de la aduana española no habían sido avisados por Madrid para cerrar la frontera y no tuvieron más remedio que dejar pasar a todos los refugiados que acompañaban al antiguo cónsul para continuar en dirección a Portugal. Regreso a Portugal Al regresar a Portugal, Aristides de Sousa Mendes sufrió las represalias de Salazar. El dictador le obligó a abandonar su carrera diplomática, incluso le impidió que ejerciese la abogacía. Su licencia para conducir, que había sido emitida en el extranjero, fue requisada. Sobrevivió gracias a la caridad de la comunidad judía de Lisboa. Con su ayuda, dos de los once hijos de Aristides pudieron estudiar en Estados Unidos. Al término de la Segunda Guerra Mundial, Salazar se felicita por haber ayudado a muchos refugiados. En ningún momento, Sousa volvió a formar parte del cuerpo diplomático. Sin el reconocimiento público de su labor, Sousa Mendes pasó sus últimos años de vida sumido en la miseria después de vender sus pertenencias a la muerte de su esposa en 1948. Murió olvidado el 3 de abril de 1954 en el hospital de los franciscanos en Lisboa. Fue enterrado con una túnica franciscana. Reconocimientos En 1966, en el Memorial de Yad Vashem, celebrado en Israel, se le reconoce como Justo entre las naciones. En 1987, la República de Portugal le condecora con la Orden de la Libertad y pide disculpas públicas a su familia. En 1994, el presidente portugués Mário Soares descubre el busto en homenaje a Aristides de Sousa Mendes, así como una placa conmemorativa en el lugar en el que estaba el consulado de Portugal en Burdeos en 1940. En 1995, la Asociación Sindical de Diplomáticos Portugueses (ASDP) crea un premio anual con su nombre. En 1998, la República Portuguesa le condecora con la Cruz de Mérito a título póstumo por sus acciones en Burdeos. En 2006 se propuso la reconstrucción de la casa del cónsul En 2007, fue votado como uno de los 10 mayores portugueses, en el programa Os Grandes Portugueses, quedando en tercera posición. La beatificación de Pío XII El actual Pontífice de la Iglesia católica, Benedicto XVI, de redimido pasado en las Juventudes Hitlerianas, celebró el jueves 9 de octubre una misa en el Vaticano en el marco del duodécimo Sínodo de Obispos, con motivo del 50 aniversario del fallecimiento de Pío XII. En esa ocasión, Benedicto XVI defendió la memoria del extinto, y se pronunció partidario de su beatificación. No hay en realidad ningún acontecimiento público de la era de Hitler, en Alemania y en Austria, donde las iglesias cristianas no hayan participado alborozadamente. Durante todo ese tiempo, el Cardenal Innitzer de Viena, firmaba su correspondencia con un "Heil Hitler". Y el por entonces obispo de Roma, el Papa Pío XII, ex nuncio papal en Berlín, se negó a formular una súplica de piedad a favor de un millón de niños judíos que eran diezmados con gas en vagones herméticos y en cámaras letales. Sin embargo, ese mismo Papa no vaciló en absoluto en alzar su vibrante y enfática protesta al presidente Roosevelt y al primer ministro Churchill porque aviones aliados bombardeaban el monasterio de Monte Casino. En los sótanos del monasterio se albergaban valiosos incunables y en los techos un puesto de avanzada nazi. A pesar de los pedidos procedentes de todas partes, el Papa Pío XII sostuvo fríamente que quería preservar su neutralidad y que cualquier exhortación en beneficio de los judíos, aunque se tratara de niños, mancharía la inmaculada prescindencia que había observado hasta entonces. El mismo Pontífice honró, sin embargo, a numerosos jerarcas del nazismo con prolongadas entrevistas personales y distinciones extraordinarias a destacados funcionarios laicos alemanes, el más notorio de los cuales fue von Papen, diabólico mentor de Hitler". En la era nazi, hubo un sólo clérigo alemán, apellidado Lichtenberg que se animó a enfrentar con admirable coraje a Hitler y calificó abiertamente de crimen imperdonable contra el Espíritu Santo, al asesinato de hombres, mujeres y niños judíos. Su valentía le costó la vida en un campo de concentración. En febrero pasado Benedicto XVI manifestó, en la recepción de los miembros de la fundación Pave the Way Foundation, formada por judíos y cristianos, que Pío XII "no ahorró esfuerzos" para ayudar a los judíos perseguidos por los regímenes nazi y fascista. El Pontífice destacó que de ese Papa, al que le tocó vivir los años de la Segunda Guerra Mundial, "se ha hablado mucho y no siempre se ha hecho justicia con su labor". Hacia fines de 1938, Pío XI, el antecesor de Pío XII, se animó a pergeñar un documento en el que se aprestaba a denunciar el antisemitismo del régimen nazi y los racismos en general, pero esta Encíclica que llevaba el título provisional de Societatis Unio, nunca fue publicada por su enfermedad y posterior muerte. Convenientemente cajoneado por Pío XII, su borrador fue descubierto en el año 2001, después que el Papa Juan Pablo II desclasificara los documentos secretos relativos al Pontificado de Pío XI. A la par de algunos defensores que alegan que Pío XII intentó parar el 16 de octubre de 1943 la deportación de 1.090 romanos judíos y abrió la puerta de iglesias, conventos y monasterios para albergar a refugiados, muchos sobrevivientes e historiadores, denuncian su silencio e inacción. La foto del candidato a ser beatificado, Pío XII, es exhibida en Yad Vashem, el Museo del Holocausto, junto a otros que no hicieron nada para impedir el mayor crimen de la historia de la humanidad. http://www.elreloj.com/article.php?id=26543 http://es.wikipedia.org/wiki/Aristides_de_Sousa_Mendes
La beatificación de Pío XII Y Aristides de Sousa Mendes
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