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No nos olvidemos de un grande

Humor3/12/2010







Hago este post para brindar homenaje a un gra humorista , conductor , entrevistador y por sobre todo una gran persona como el señor Jorge Guinzburg , un grande entre los grandes y tambien para recordarnos que en la farandula argentina no son todas vedotongas corriendo atras de futbolista para vaciarle la billetera , ni chocolateros con rolex de oro que se sientan en el pinocho , no señor nuestra farandula es mas que eso y hay que estar agradecidos de poder haber tenido a una gran persona como Jorge en nuestra farandula. Bueno basta de palabras empiezo con el post.





Jorge Guinzburg (1949-2008)


Se crió en el barrio porteño de Flores. Terminó la escuela secundaria en 1966 junto con Carlos Abrevaya (1949 - 8 de julio de 1994). En 1967 iniciaron la carrera de Derecho que abandonaron al poco tiempo. Entonces Guinzburg eligió inscribirse en el Profesorado de Arte Dramático mientras trabajaba como taxista.En 1971, Abrevaya y Guinzburg consiguieron trabajo como libretistas del programa Pinocheando que conducía Juan Carlos Mareco por radio Rivadavia. Luego desempeñaron la misma tarea en Fontana Show, el programa de Cacho Fontana.
En 1972 entraron al staff de la revista Satiricón.En 1977 ambos comenzaron a publicar la tira cómica "Diógenes y el Linyera" en el diario Clarín (con dibujos de Tabaré). Al año siguiente entraron en la revista Humor.
En 1982, cuando Tato Bores reapareció en la pantalla chica, el dúo se encargó de escribir los libretos del "actor cómico de la nación".El 2 de abril de 1984 comenzó el programa de radio En ayunas junto a Abrevaya, que duró hasta diciembre de 1988.




Con la conducción de Raúl Becerra, Adolfo Castelo, Jorge Guinzburg y Carlos Abrevaya hizo su aparición La noticia rebelde en 1986. Este programa marcaría un antes y un después en el periodismo humorístico argentino, luego continuado por otros programas como Caiga Quien Caiga. El programa se caracterizaba por un estilo irreverente, que rompía con los códigos humorísticos más conservadores y tradicionales que había hasta el momento.



Un problema de asma desde su juventud, lo llevó a hacerse psicoanalizar. A partir de su experiencia personal durante las sesiones de psicoanálisis, publicó una columna dominical en el diario porteño Clarín titulada "Desde el diván" donde relataba y analizaba la realidad. Su análisis duró más de treinta años. En el año 2006 publicó el libro Sesiones extraordinarias (desde el diván) (ISBN 987-545-349-8) que reúne sus columnas publicadas.
Se desempeñó en varias agencias de publicidad, actividad que le redituó varios premios.

Entre 2005 y 2007 Guinzburg condujo el programa matutino Mañanas informales por Canal 13 de Buenos Aires. En una de las emisiones de este último programa el conductor perdió una apuesta y tuvo que afeitarse el bigote en cámara, después de 30 años llevándolo consigo. Guinzburg no pudo participar en todas las emisiones de la última temporada del programa a causa de los problemas de salud que lo llevarían a la muerte.




Estaba casado en segundas nupcias con Andrea Stivel. Guinzburg y Stivel -14 años menor que él, hija del recordado productor y director David Stivel, en palabras del conductor "el tipo más importante que tuvo la TV argentina"- se conocieron en 1986, en los pasillos de ATC, cuando él hacía La noticia rebelde y ella Mesa de noticias. Cuenta la leyenda que cuando ella, con su físico imponente y su metro setenta y cinco, pasaba por la puerta de su oficina, él gritaba "salió la grande", aunque siempre se ocupó de aclarar que, aunque su belleza lo había impresionado desde el primer momento, lo que lo enamoró fue su "inteligencia y su sentido del humor". Para entonces él tenía un matrimonio y dos hijas, Soledad (hoy de 32) y Malena (30). Pero el flechazo fue mutuo y en 1987 ya se habían mudado juntos. En diciembre de ese año nació el primer hijo de la pareja, Sasha (20), y en octubre de 1989 el segundo, Ian (19).



Era hincha fanático del Club Atlético Vélez Sarsfield desde la infancia. En reiteradas oportunidades realizaba reportajes o invitaba en sus programas a personajes relacionados a la institución; además de referir constante y publicamente su pasión por "El Fortín". Desde abril de 2008, en su conmemoración, en el Estadio José Amalfitani, el remodelado sector para la prensa escrita lleva su nombre.















































Entreviste a Jorge:


De pibe, mas de una vez oyó, seguramente, este diálogo: ¿Qué hace Jorgito? Nada. De grande, más de una vez oye, seguramente, este diálogo: ¿Qué hace Jorge? De todo. Lo cierto es que el chico que nadaba, ahora, por esas vueltas de la vida, sueña con "laburar menos" y volver a nadar. Que no es no hacer nada, precisamente. Guinzburg se ahogaría en el intento. Así, el hombre que este año revolucionó las mañanas de la TV, imprimió su sello en la tardes radiales, ventiló supuestas charlas de diván en un libro y produjo por partida doble su regreso a la temporada de Carlos Paz, quiere, de a poco, empezar a hacer la plancha, entre otras especialidades que aprendió en la piscina.

Es la una y pico de la tarde, se afloja el nudo de la corbata, se echa sobre el sillón de su camarín y comparte, sin pudores, que "no doy más. Y todavía, por suerte, me falta medio día". Su hoja de ruta diaria, que empieza a transitar a las 6 en la cocina de su casa, marca que una vez que termina sus Mañanas informales (de 9.30 a 13, por Canal 13), se mete de lleno en la preproducción de Vitamina G (de 17 a 20, por Mitre), luego va a la radio, luego se vuelve de la radio, cena, diseña los palotes del programa matinal del día después, pispea las últimas noticias por Internet y la flamante madrugada, como nunca antes, lo encuentra en la cama.

No se queja Jorge Guinzburg, pero en medio de la charla deja escapar la idea del retiro como quien entreabre una puerta a ver qué sale. Y sale la sorpresa y enseguida aclara: "No hablo de bajarme ya, pero se me aparece como algo cada vez más cercano. Me imagino, dentro de unos años, sólo escribiendo", promete, sin excesivas convicciones, el autor de Sesiones extraordinarias, el libro que acaba de editar con la recopilación de las columnas que publica los domingos en Clarín (ver La pluma, el diván y la palabra).

A los 56 años, comparte que "quiero empezar a privilegiar otras cosas, descansar un poco, tener más vida familiar. Pensá que yo me voy del canal cuando termina el programa, pero Andrea (Stivel, su mujer, productora general del ciclo y referente incondicional para sus otros proyectos, la vida conyugal incluida) se queda hasta las 17. Labura acá diez horas y luego sigue en casa... Ya entendí que necesitamos parar un poquito con tanto vértigo. El año que viene, por ejemplo, no seguiré haciendo radio todas las tardes, así que ahí ya habrá un respiro".

- Algo te vas a encontrar...
No hables como mi mujer, te lo pido por favor.

- Pero ¿cuál es la incapacidad para no poder aflojar con el ritmo de trabajo?
El placer. A mí me encanta trabajar y me suma estar en medios distintos. No es una obsesión ni una ambición. Es, sencillamente, la felicidad de laburar en lo que me gusta. Se me ocurren cosas todo el tiempo. Mi cabeza no para ni cuando estoy durmiendo. Creo que me surgen muchas más ideas de las que podría concretar en una sola vida.

Mientras planea volver a ponerse los cortos para nadar pecho y crol —el año pasado le propusieron competir en aguas abiertas, pero no aceptó el riesgo, raro en él—, confiesa que "a veces termino de cama antes de hora. Cuando llega la noche siento que no puedo hablar más, por ejemplo. El cansancio es sólo físico, pero a esta edad el físico es casi todo", bromea el dueño de una fina ironía y dulce acidez que le permite, vaya figura en este caso, sacarle una cabeza a buena parte de sus colegas. Cara de póker y remate certero, fórmula que no falla habitualmente.

Como tampoco falló con su vieja idea de estirar la grilla para aprovechar la televisión en la mañana. Desde el 2000 viene batallando por despertar la alicaída pantalla matutina. Y el tiempo, finalmente, le dio la razón. Estrenadas el lunes 16 de mayo pasado en Canal 13, sus Mañanas informales se convirtieron —desde hace cinco meses— en el programa más visto de su franja, después de un arranque en el que la competencia le hizo transpirar bastante la camiseta.

Los primeros días, el rating le solía dar la derecha al también debutante Buenos días, Argentina (por Telefé, con la conducción de Paula Trapani) y al ya entonces instalado De 9 a 12, por Canal 9, con Maby Wells y Macu Mazzucca, con casi un año y medio de antigüedad.
"Cualquier código nuevo necesita un tiempo de adaptación y de aceptación de la gente. Es cierto que el público ya me conoce y eso me puede dar ventaja, pero el punto es que yo estaba proponiendo otra cosa, muy diferente en mi carrera y diferente en la pantalla también. Yo sentía que sólo era cuestión de saber esperar. Por suerte ya aprendí en este oficio a no desesperar en este medio", comenta con más de 30 años de trayectoria y títulos como La noticia rebelde, Peor es nada, La Biblia y el calefón que avalan su conocimiento de causa.

- Pero cuando los números se revirtieron...
No te voy a negar que varias veces caí en la tentación de pensar eso de "hemos ganado", pero si viviera aferrado sólo a eso me volvería loco. Da tranquilidad saber que el encendido es alto y que a esa hora de la mañana estamos primeros, pero la verdad es que la lucha es muy pareja, fundamentalmente hasta el mediodía. A mí me encanta que el público nos vea y se enganche con nosotros, pero la alegría también me pasa por comprobar que ganó la tele. Hay momentos en que entre los tres canales superamos los 20 puntos de rating... Era un desacierto no aprovechar la pantalla en las primeras horas del día. Si en otros países lo hacen y les va bárbaro, ¿por qué acá no se hacía?

- ¿Y por qué no se hacía?
Por falta de decisión, por no animarse al riesgo, porque hay un error conceptual sobre la llamada "franja más caliente", que todos creen que es sólo la de la noche. Y ya se ve que no es tan así. Pero hace cinco años que vengo ofreciendo esta idea...

- ¿Ahora sentís sabor a revancha?
Que el tiempo me haya dado la razón me encanta, porque hubo mucha resistencia. No sé si es narcisista o prefesional, pero hay una satisfacción, confieso y me hago cargo.

- Cuando ibas con tu proyecto por los canales, ¿cómo lo vendías?
Como el programa que ves hoy: un producto en donde aquel que está acostumbrado a la radio lo pueda escuchar sin necesidad de verlo y que además proponga un clima entretenido, divertido, en el que se pueda y se deba tocar la realidad sin escaparle a ningún tema. Desde acá yo quiero inculcar eso, que es muy mío, de que la gente sepa lo que pasa pero igual mantenga el buen humor. Esa es la base y el espíritu de Mañanas informales.

Con una escenografía invadida por los colores estridentes, con cotillón creativo en el ambiente, aromas reales de cocina real (ningún pan duro como si fuera fresco) y secciones que combinan la cruda actualidad con el humor que pide el anfitrión, el ciclo reúna tras la figura de Guinzburg a Ernestina Pais (coconductora, amiga leal del conductor y pieza fundamental para imprimir el ritmo que el proyecto amerita), a Osvaldo Bazán (espectáculos), Mario Mazzone (noticias), Gastón Recondo (deportes) y Graciela Bordín (gastronomía) como especialistas. Y el círculo se cierra con la bendita gracia de Marcos Bicho Gómez, el payaso Malaonda que roba sonrisas cada vez que se le da la gana.

"Logré lo que siempre me propongo en los ámbitos de laburo: crear un club de amigos. Y acá nos divertimos como locos... es imposible querer divertir si uno la pasa mal", admite el impulsor de la movida pogo justo cuando el reloj da las 12. El estudio se vuelve un descontrol, todos contra todos, la cámara va y viene. La tele encuentra ahí, en esa postal, una escena en la que la solemnidad faltó a la cita.

Como el 6 de enero se irá a Miami con su mujer y uno de sus hijos en plan vacaciones, Guinzburg retomará sus mañanas informales recién en marzo, en un año en el que piensa, promete al menos, "empezar a aflojar. Más adelante quiero sostener eso de basta de poner la cara. ¿Qué era basta?".

SE ACABA EL TRATAMIENTO VITAMÍNICO

A fin de año, Jorge Guinzburg dejará de recetar el tratamiento que inició en marzo, en base a Vitamina G, el ciclo que todas las tardes, de 17 a 20, conduce por radio Mitre, secundado por Ernestina Pais, Carlos Ulanovsky, María O'Donnell y Marcelo Palacios. "Este programa no sigue el año que viene, pero voy a hacer uno de entrevistas, una vez por semana, una especie de mano a mano", adelanta, sin saber aún el titulo que le pondrá.

Sí sabe, en cambio, que "no será un simple formato de pregunta y respuesta, sino que quiero buscarle una vuelta de tuerca, que probablemente venga por el lado del sonido... no sé, todavía estoy pensando la forma".

A pocos días de despedirse del público de Vitamina G —nominado al Premio Clarín como mejor programa y él, además, está ternado como hombre de radio—, reconoce que "me da mucha pena no seguir con la radio de lunes a viernes, porque hacer un magazine de este estilo todos los días toca algunos costados míos que tienen que ver con la adrenalina. Yo manejo mucha información, vieja o nueva, que se queda en algún lugar de la cabeza y siempre sirve. Y ése es un buen entrenamiento que da la gráfica o la radio. La tele no. Cada medio te aporta algo que el otro no da y el complemento es fantástico". Quizás, en ese complemento encuentre alguien el meollo de su adicción al trabajo.

LA PLUMA, EL DIVÁN Y LA PALABRA

A cuento de la repercusión de sus columnas dominicales en Clarín, tituladas Desde el diván —una suerte de confesiones desde un supuesto inconciente—, Jorge Guinzburg acaba de publicar Sesiones extraordinarias (Editorial Norma). El libro, que reúne 100 de esos textos escritos entre el 2003 y mitad de este año, incluye perlitas como éstas:

"Admitámoslo, tenemos un Presidente niño y para ser sincero eso me tranquiliza, porque en cuatro años ya será un adolescente. Y si en ese entonces, si en 1.460 días, de los que sólo han transcurrido 100 ha hecho un buen gobierno, seguramente será reelecto y entonces sí, tendremos por fin un Presidente adulto. Tal vez, para entonces, quizás la Argentina también sea el país adulto que lamentablemente hoy no es" (de Un niño en la Casa Rosada, del 31 de agosto de 2003).

"Confundir Videomatch con Telenoche no se le puede reprochar a nadie, pero equivocar la salida y deambular por atrás del decorado como un boxeador grogui, sí lo vive como una deslealtad de la gente del canal que lo guió mal. Es muy difícil salir por donde se entró, quizás por eso justo un año después de esos bloopers, eligió el techo y no la puerta de la Rosada para irse. A lo mejor, en ese momento pensó que algún día iba a volver, hoy sabe que de donde no se puede volver es del ridículo" (de El patético regreso de De la Rúa, del 21 de diciembre de 2003).

"Hay algo, sin embargo, que resulta alentador: los políticos son como los niños, sus peleas pueden terminar de un momento a otro. Eso sí, no porque se les pase, sino porque la campaña electoral así lo exige" (de Amigos para siempre, del domingo 24 de julio de 2005).

Por Silvina Lamazares
diario "Clarín"



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Bueno eso es todo gente espero les haya gustado !!!Gracias por pasar y tomarse el tiempo de ver el post!!
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