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Primer cap del libro de zambayonny

Humor3/19/2010
CAPÍTULO 1 – LLEGADA A MAR DEL PLATA

Estoy en Mar del Plata alquilando un pequeño departamento bastante cerca del centro y también del mar. Llegué el 6 de enero a la mañana como los Reyes. Vine en combi pero el chofer se distrajo por reírse de una cosa seria que yo estaba contando y chocamos. La empresa nos terminó trayendo en taxis.
En el accidente me golpeé bastante una pierna que tenía cruzada sobre la otra en el momento de choque y se me metió mucho para adentro provocándome un dolorosa sensación de florero roto para siempre. De todos modos, para evitar tener que perder demasiadas horas en algún hospital, les tuve que jurar entre lágrimas que no me dolía para nada. Aun así no confiaron en mi palabra y me hicieron firmar en un papel que los desligaba de cualquier responsabilidad.
Para firmar apoyé el papel en la pierna que aún no me atrevía a desenroscar de mi cintura. En esa posición esperé la llegada de los taxis, en esa posición tardé tres minutos en subirme a uno de ellos, y en esa misma sorprendente posición subí al departamento.
Había bolsos, platos en la mesa, ropa tirada, pelucas y arena. Alguien más estaba viviendo, pero se ve que había salido.
Pasaron algunas horas, bajé a comprar una gaseosa y un turista me gritó: “Rengo hijo de puta”.Cerca de las diez de la noche llegaron mis cohabitantes, primero pensé que eran dos chicas, hasta que cansados de las metáforas me dijeron abiertamente que eran travestis. Pregunté si lo eran de nacimiento y se rieron mucho.
Intentamos comunicarnos con la inmobiliaria que había cometido el error de arrendarnos el mismo inmueble pero el contestador automático de la empresa explicaba que estarían de vacaciones hasta abril y que sepamos disculpar los inconvenientes que este receso produjera.
Tuvimos que repartirnos las dos camas y acomodarnos los tres en el funcional. Íbamos rotando y cada dos noches uno dormía solo y mientras que los otros dos lo hacían juntos.
Esa noche me tocó dormir con Xuxa, a la siguiente con La Travestia, y a la tercera dormiría solo.
El primer día me llevaron al teatro a esperar que salieran las estrellas, estaba lleno de gente y cuando emergió una de ellas hubo una revuelta gigante que terminó con La Travestia rompiéndole de una trompada el maxilar a una viejita que gritaba desaforadamente refiriéndose a las travestis: "Ustedes son la escoria del espectáculo".
La señora dejó de gritar y cayó al suelo muerta.
Inmediatamente la policía nos llevó detenidos y pasé la noche en la comisaría, junto a mis dos cohabitantes del departamento, otras siete travestis divertidas, ocho prostitutas malhumoradas y un borracho que decía "a la que me la chupe la hago de Racing" y repitió eso toda la noche. En un momento un grupo de prostitutas y travestis me quisieron obligar a que yo le succionara el pene, era una broma, pero el borracho creía que era cierto y ya se había bajado los pantalones. Fue un momento delicado que sólo pude lograr sortear sin que pasara a mayores dándole un beso cerca del miembro para que se calmara, esto ocurrió en medio de los aplausos de todo el mundo, incluidos algunos guardias.
Nos liberaron a las nueve de la mañana porque a la viejita la habían resucitado.
Yo quería descansar, pero las chicas querían ir a la playa.
Estuvimos hasta las cinco de la tarde en la arena, bajo el sol y corriendo estúpidas carreras hasta el mar con Xuxa y La Travestia a quienes parece ser que ese tipo de divertimento les gustaba mucho y me convencieron con todos los argumentos posibles para hacerme competir en varias ocasiones. En una de esas carreras hasta el mar, que a mí se me dificultaban ya que estaba rengo y con un pantalón de vestir que fue con el que había asistido la noche anterior al teatro, me llevé por delante a una familia de la pintoresca ciudad de Mendoza que estaba merendando, y que yo no vi por distraerme ante un grito guarango de La Travestia, proferido justamente para desconcentrarme y así evitar que venciera a Xuxa en la carrera hacia el mar.
El saldo del tropiezo con la familia mendocina fue un chichón en la cabeza de la hija quinceañera, una patada en la espalda de la señora suegra, dos docenas de facturas aplastadas y un termo roto que me cortó un brazo y me quemó considerablemente el pecho bajo la camisa abierta.
Dos bañeros me dieron una pomada para las quemaduras y me pidieron que no corriera más carreras hasta el mar porque era peligroso para todos.
Xuxa y La Travestia me llevaron en andas hasta el asfalto frente a la mirada de todo un parador de chicos modernos que gritaban cosas.
Volvimos al departamento a descansar porque más tarde querían ir al casino.
Me despertaron cerca de la medianoche, tuve que compartir la cama con Xuxa porque era lo que me tocaba la noche anterior cuando la pasamos en la comisaría. De todos modos yo dormí del lado de los pies y aunque me caí dos veces al suelo, volví a dormirme debido al tremendo cansancio que tenía acumulado.
Antes de salir a cenar afuera, que es lo que las chicas querían, me duché con mucho cuidado ya que en apenas dos días en Mar del Plata tenía lesionado el pecho, una pierna y un brazo. En medio de la ducha entró La Travestia al baño con mi propia cámara y me sacó tres fotos desnudo. Cuando en medio de la desesperación intenté cubrir mis intimidades, me resbalé en la bañera y me pegué la frente contra una de las canillas.
Las chicas se asustaron mucho y me llevaron en andas desnudo hasta la pieza donde me pusieron paños fríos sobre el horrendo golpe que tenía en la frente.
Una hora después salimos a comer a un restaurante que a mí me habían recomendado como muy bueno, pero como las mesas que estaban contra la vidriera estaban ocupadas y las chicas sólo aceptaban comer contra la vidriera, terminamos en una parrilla al aire libre los tres disfrutando de unos choripanes en medio de una serie de murmullos y comentarios subidos de tono de los camioneros que ahí se encontraban. En un momento me levanté de la mesa y le dije al grupo de hombres que se encontraban de sobremesa diciéndonos cosas: "Señores, por favor, tengan más respeto con las personas que me acompañan y pídanles disculpas". Tras decir esto se hizo un duro silencio en todo el lugar e inmediatamente se levantó uno de los camioneros, que era alto y gordo, con una barba mal afeitada, despeinado, con aliento a chorizo y tinto barato, absolutamente transpirado con gotas enormes que le bajaban por la cara y se perdían en el peludo pecho descubierto. Supe por los gritos de sus amigos que le decían Papolote.
Papolote se me acercó mucho y me explicó que venía de Corrientes y que tenía que llegar a Río Gallegos transportando frutas, y que yo tenía razón, que se habían extralimitado con sus comentarios hacia las chicas y que me pedía formalmente disculpas en nombre de todos los camioneros que estaban en esa mesa. Yo sin dudarlo acepté las disculpas, pero fue en ese momento que La Travestia hizo estallar una botella de cerveza contra la cara de Papolote que le partió el tabique.
A partir de ese momento sólo recuerdo que la parilla se convirtió en un enorme ring donde todos se peleaban contra todos y a mí alguien me metió un zapato mugriento en la boca hasta desmayarme.
Me desperté dos horas después en brazos de Xuxa y La Travestia contra una de las estatuas de los lobos marinos cerca del casino, empapado y muerto de frío.
"Te tuvimos que meter al mar para que te despertaras, Karmelito... ahora te secás y vamos a jugar a la ruleta".
Una hora después entramos al casino tras algunas discusiones con los hombres de seguridad que no consideraban adecuadas las vestimentas que nosotros traíamos. También me pidieron que no sacara fotos, pero yo alcancé a tomar algunas.
A poco de entrar cambié treinta pesos en fichas y las repartí entre Xuxa, La Travestia y yo. Las chicas decían que esa plata no alcanzaba para hacer saltar la banca así que me devolvieron las fichas y me pidieron que las esperara en una máquina mientras ellas salían a conseguir más dinero.
Durante la espera, en la cual perdí todo en el tragamonedas, vi cómo las chicas se acercaban a los hombres que estaban jugando a las cartas y cómo luego ellos les pagaban tragos y por último les decían algo al oído y se levantaban de la mesa para perderse en algunos sectores privados del casino.
Volvieron a los cuarenta minutos con un montón de fichas cada una.
Nos acomodamos en una ruleta los tres y nos dieron el color rojo. Empezamos a apostar y a ganar, Xuxa decía un número, yo decía otro y La Travestia tiraba fichas sobre el paño y las dejaba donde cayeran. Al rato ya teníamos mucho dinero ganado y demasiado champagne en la cabeza, entonces los festejos eran cada vez más escandalosos. En las últimas jugadas en cada ocasión que acertábamos un pleno las chicas gritaban muy fuerte, se levantaban las remeras mostrando los pechos, me agarraban entre las dos y me subían hasta encima de sus cabezas haciendo el avioncito con mi cuerpo entre la gente y las demás mesas.
Desde ahí arriba se veía todo muy lindo, las mesas, la gente, la alfombra impecable y las luces de los tragamonedas, sin embargo los guardias de seguridad nos pidieron que nos retiráramos del lugar, y las chicas estaban tan felices que aceptaron de buena manera, eso si, les dijeron a los guardias que nos íbamos a ir pero sin dejar de hacer el avioncito, así que tomaron las fichas, las tiraron dentro de una de sus carteras, me alzaron en modo planeador y de esa manera fuimos entre la gente a cambiarlas por dinero. Luego enfilaron hacia la salida pero, cuando estábamos por dejar el lugar a una importante velocidad de carrera y cantando “Carrozas de fuego”, no calcularon bien la altura del marco de una de las puertas y me pegaron la frente contra la pared, haciéndome rebotar para atrás y caer al suelo sin darme tiempo de poner las manos. Fue un golpe impresionante del que sólo recuerdo el eco deformado de las risas que se oían de fondo al momento de desmayarme.
Desperté con el día amaneciendo sobre la arena húmeda en brazos de Xuxa y La Travestia que me estaban colocando una pañoleta mojada con agua de mar en la frente donde había recibido el golpe.
“Dormí Karmelito, dormí que nosotras te cuidamos”.
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