El asesinato del teniente general de las SS Reinhard Heydrich. "Reichsprotektor" de Bohemia y Moravia, muerto por el atentado del 27 de mayo de 1942 en Praga (Checoslovaquia), significó el asesinato en masa de todos los habitantes de un pequeño pueblo llamado "Lídice", como así tambien la destruccion absoluta de todas sus construcciones, hasta convertirlo en una llanura sin rastros de vida humana, tal como Hitler deseaba.
En la Europa ocupada por los alemanes la situación es sombría y desesperada. Los nazis no buscan simpatias en los países conquistados, y prefieren siempre el duro sistema de la represión y (a violencia gratuita. Parece, en suma, que su deseo sea hacerse odiar.
En todos los países conquistados (pero sobre todo en los del este europeo) han adoptado meticulosamente los principios de su bárbara doctrina que quiere la afirmación de la superioridad de la raza alemana sobre lodos los otros pueblos, compuestos, según los nazis, de infrahombres cuyo fin es servir como esclavos a los exponentes de la pura raza aria. Níngun derecho se concede a los habitantes de las tierras conquistadas. Incluso los voluntariosos colaboracionistas, que se ofrecieron, de mejor o peor grado, para los diversos mandos instituidos en los países ocupados, son tratados con abierto desprecio. Es éste un sistema que los alemanes pagaron caro cuando la fortuna les volvió la espalda, pero por el momento tiene el efecto de transformar Europa en una inmensa prisión donde lodos los hombres a quien la suerte ha hecho nacer de raza distinta a la germánica están cotidianamente expuestos a la arbitrariedad y a la violencia de los conquistadores. Ni en los siglos más oscuros de la Edad Media se había visto nada semejante. Los nazis aplicaron en todas partes reglas que contrastaban con todas las convenciones internacionales. El sistema más aberrante fue el de la represalia. En el vano intento de impedir que surgiera en los pueblos oprimidos un movimiento patriótico de liberación nacional, instituyeron científicamente el sistema de matar a diez, veinte o cien ciudadanos inocentes por cada militar alemán que fuera muerto por guerrilleros. Es un sistema bárbaro, acaso sin precedentes en la historia, pero los alemanes lo llevarán adelante durante toda la duración de la guerra sin impedir con ello a los pueblos oprimidos el organizarse para combatir en nombre de su propia independencia nacional. La historia no dice dónde fue aplicada por primera vez esta bárbara práctica. Quizá fue en Polonia, o quizá en Rusia, donde la resistencia a la ocupación germánica se manifestó bastante pronto. Pero el primer caso cla
moroso conocido por el mundo occidental fue concretamente el del pueblo de Lídice. en Checoslovaquia. Su historia vale por centenares de otros Lídices que. en el curso de la guerra, encontraremos en Rusia, en Polonia, en Yugoslavia y en Italia, el nombre de Lídice aparece sobre los mapas del mundo entero sólo desde el verano de 1942. cuando los nazis, en represalia, destruyeron este pueblo checoslovaco, fusilaron a todos sus hombres, deportaron a todas sus mujeres y secuestraron a todos sus niños. Antes muy pocos lo conocían fuera de los confines de la provincia. Con 483 habitantes y un centenar de casas dominadas por el alto y blanco campanario de la iglesia de San Martino. de antigüedad de siglos, era una de tantas aldeas hundidas entre las verdes colinas de la Bohemia occidental. Lídice, a 16 kilómetros al noroeste de Praga y en el corazón del distrito minero de Kladno. se extendía entre campos y bosques sobre una zona de 479 hectáreas, pero aunque minúsculo e ignorado tenía una escuela con dos clases, el club deportivo, el molino, un taller, la filial de la banca "Kampeliska". el círculo de lectura, tres alquerías y un cuerpo de bomberos voluntarios. La población {192 hombres. 196 mujeres. 95 niños menores de dieciséis años) comprendía también al alcalde, el párroco, el sacristán, el maestro, la guardia municipal, una ambulante de Correos, una modista, dos sastres, cuatro merceras, dos chicas estudiantes y veinte propietarios que vivían de renta. Setenta y cuatro hombres, la mayoría, trabajaban como metalúrgicos y mineros en las empresas de Kladno. El resto estaba formado por veintiocho artesanos, diecinueve campesinos y agricultores, doce jubilados, diez negociantes, cinco aprendices, dos taxistas y otros obreros más. Aunque muchas mujeres trabajaban, en el campo, en las alquerías y en el taller, más de la mitad (110) eran amas de casa.
Imagen de este pacífico pueblo, victima de la mas cruel ira nazi
El viejo granero del pueblo
La furia nazi se aballó sobre este pacifico pueblo una semana después de la muerte del hombre más odiado de Checoslovaquia, el "Obergruppenrührer-SS" (teniente general) Reinhard Heydrich, de treinta y ocho años, "Reichsprotektor" de Bohemia y Moravia y subjefe del RSHA. "Negociado central para la seguridad del Estado", que reunía todas las policías alemanas, desde el SD hasta la Gestapo. El 27 de mayo de 1942, en Praga, mientras en su Mercedes descubierto iba desde su casa de campo al castillo Hradschin, sede del gobierno. Heydrich fue herido gravemente por una granada de mano arrojada por Jan Kubis y Josef Gabcilí, dos jóvenes del Ejército Libre Checoslovaco formados en Gran Bretaña y lanzados en paracaídas por un avión de la RAF. Un cascote de la bomba habla alcanzado al "Reichsprotektor" en la espina dorsal, y a pesar de todas las precauciones, ,el 4 de junio había muerto de septicemia. Inmediatamente fue ordenada una represalia, que fue de alcance sin precedentes. Sólo en Checoslovaquia según un Informe de Kurt Daluege, sucesor temporal de Heydrich en el Protectorado y que seria ahorcado en Praga el 20 de octubre de 1946- fueron fusiladas 1.331 personas, incluidas 201 mujeres. En Berlín la policía secreta suprimió a 152 judíos, y otros 3.000 judíos checos fueron enviados al este desde el campo "privilegiado" de The-resienstadt hacia el Gobierno General de Polonia, y ni siquiera uno de ellos sobrevivió.
Después, por voluntad del Secretario de Estado de Bohemia y Moravia, "Obergruppenfiihrer-SS" Karl Hermann Frank, la venganza nazi golpeó al azar y llegó a Lídice. El anuncio oficial alemán sobre las ejecuciones afirmaba que "durante las investigaciones de los asesinos del general Heydrich se ha comprobado que la población de esta aldea ha apoyada y ayudado a los culpables y ha cometido actos de hostilidad como el de tener un depósito clandestino de municiones y de armas y una emisora clandestina, y de haber acaparado una cantidad enorme de productos racionados". Por consiguiente, "los varones adultos han eliminados, las mujeres deportadas a campos de concentración y los niños sometidos al cuidado educativo necesario. Los edificios del municipio han sido arrasados completamente y el nombre del municipio cancelado".
En realidad las cosas fueron distintas, y en Lídice ni habla depósitos de armas ni funcionaban radios clandestinas ni ninguno de los habitantes había prestado ayuda alguna a los paracaidistas del grupo de Kubis y Gabcik. La carnicería de Lídice fue más bien la reacción a la inútil caza que hasta el momento había dado la policía nazi a los autores del atentado. La Gestapo, a través de las revelaciones de un traidor y el hallazgo de algunos documentos, sabía incluso el nombre de los paracaidistas, pero ignoraba su refugio, y hasta el 18 de junio no fueron descubiertos, en Praga, en la cripta de la iglesia de los Santos Cirilo y Metodio. Hasta aquel momento cualquier indicio, por vago e inconsistente, bastó para desencadenar las represalias. La investigación sobre Lídice empezó con una carta. En un pueblo vecino, Slany, el señor Frantísek Pala, propietario de un taller y ferviente colaboracionista, encontró casualmente a una de sus operarias, Anduiska (Angelina) Marusczakova una extraña misiva cuyo texto podía hacer pensar que la mujer estuviese en contacto con uno de los paracaidistas del atentado. Pala, naturalmente, no dudó. Corrió a la gendarmeria de Siany, entregó la carta a los agentes checos Smaha y Polák y les pidió abrir una severisima encuesta. A los dos gendarmes, que conocían bien las relaciones que había entre los propietarios y los alemanes, no les quedó más remedio que obedecer y transmitir la carta a la policía de Kladno. Un funcionario de la Gestapo, Oskar
Feik, convocó a su despacho a la operaría Marusczakova, la interrogó largo tiempo y la mujer acabó admitiendo que hacia días que volviendo del trabajo había encontrado a un desconocido y éste le había pedido llevar a la familia Horak, de Lídice, "los saludos de Pepik". Una rápida investigación comprobó, efectivamente, que los Horak habitaban en una alquería de Lídice y que su hijo Josef, llamado "Pepik", había desaparecido desde 1939 con un amigo. Jan Stríbrny, morador del vecino pueblo de Cábarna, Con toda probabilidad los dos jóvenes habían marchado clandestinamente a Gran Bretaña, alistándose en el Ejército Libre Checoslovaco.
Felk comunicó la "importante noticia" al jefe de la Gestapo en Kladno, Harold Wiesmann ("si no es él el autor del delito, estoy dispuesto a comerme una escoba"

y éste la transmitió a su propio superior en Praga, el "Standartenführer-SS" (coronel) Otto Geschke. La Gestapo se lanzó tras esta pista como un sabueso hambriento, A pesar de las detenciones, las torturas, los fusilamientos y la recompensa de 10 mi-
llones de coronas ofrecida en carteles públicos, los ejecutores de Heydrich no habían sido descubiertos todavía. Pocas horas más tarde Lídice y Cábarna fueron rodeadas por destacamentos de policía, y todo el campo batido metro a metro. Pero del presunto paracaidista no se encontró la menor traza. La Gestapo decidió entonces arrestar a las ramillas Horak y Stríbrny, junio con todos los hombres de la dos aldeas, llevarlos a Kladno e interrogarlos.
De la nueva encuesta —según cuanto comunicó en seguida la policía nazi— sólo salió un dato. El autor de la carta a Angelina Marusczakova era el obrero Vaclav Riha, habitante de Vrapice. en el mismo distrito de Kladno. Una noche había encontrado en un bosque a Josef Horak y éste le había pedido que llevara un recado de saludo a la familia.
Esta, probablemente, fue una versión posterior de la policía para "justificar" la matanza de Lídice. Después de la liberación, en el proceso contra los responsables de la carnicería se supo que uno de los funcionarios de la GESTAPO de Praga había explicado a Wiesmann que todo el asunto de la carta había resultado "inexacto", pero que un confidente había revelado después que en el molino del pueblo había escondidas armas. Sin embargo, hoy sabemos que ningún Horak había sido lanzado en paracaídas en Checoslovaquia con el grupo de los asaltantes de Heydrich. La policía de Kladno envió un informe a Praga. Angelina Marusczakova y Vaclav Riba ("ULTOH deportados a un campo de concentración y ejecutados. Todo esto sucedió después de la muerte del "Reichsprotektor", entre el 5 y el 8 de junio de 1942. Por la tarde del martes 9 la Gestapo de Kladno recibió de Praga la orden de ponerse en "estado de alerta". A las 16 llegaron dos altos funcionarios de la policía alemana, el comandante del SD Horst Bohme y el doctor Geschke. De modo reservado y con obligación de secreto, comunicaron que Karl Hermann Frank había decidido, por decreto de Hitler , fusilar a la población masculina de Lídice y arrasar hasta el suelo el pueblo, en vista de que "los paracaidistas asesinos de Heydrich habían sido ayudados por los habitantes del poblado".
Así quedó el auto de Heydrich. Foto tomada momentos desués del atentado.
El coche (ya vacío) de Heydrich, y en la curva, junto al tranvía parado, algunos agentes de la unidad de seguridad.
La reconstruccion del atentado que costó la vida de Heydrich
La iglesia de los santos Cirilo y Melodía en calle Ressiova, Praga, donde se ocultaron los dos agentes que asesinaron a Heydrich.
Lídice debe ser totalmente arrasado
Antes de la noche fueron reunidos en el cuartel de Kladno destacamentos de la Gestapo, de los "Schupo", de la Wehrmacht y de la gendarmería local. Ya que las fuerzas, cerca de cien hombres, no parecían suficientes, fueron pedidos otros doscientos soldados a la guarnición de Slany, A las 21, Bóhme y Geschke establecieron la sede de su mando en un henil al norte de Lídice y convocaron a los jefes de las diversas unidades dirigidas a la represalia. Un grupo fue mandado a ocupar la alquería de los Horak, otro a la escuela elemental donde debían ser concentrados niños y mujeres, y, por último, un tercero marchó a llevarse al alcalde Hejma. lo condujo al Ayuntamiento y le obligó a tomar consigo los registros del padrón, los del ganado, las cuentas de caja y las de provisiones del pueblo.
A medianoche todo estaba preparado. Bóhme, advertido, llegó al prado donde estaban reunidas las fuerzas de policía y anunció: "Führerbefehl: Lidz wird mil dem Erdboden gleichgemachl und die Beyolkcrung erclrossen" ("orden del Fuhrer: Lídice será arrasado hasta el suelo y la población masculina fusilada").
A las dos de la mañana del miércoles 10 de junio los policías y los soldados excepto los checos, a los cuales no se les permitió poner el pie en el pueblo comenzaron a recorrer las calles en grupos de cinco o seis pasando de casa en casa y llamando a todas las puertas y a las ventanas de la planta baja.
A las mujeres y niños se les ordenó vestirse rápidamente y salir llevando mantas y lodos los objetos de valor. "Dijeron a mama que se llevara las cosas valiosas que tenia", contará Vaclav Zelenka. uno de los pocos niños de Lídice escapados a la represalia, "yo no sabia qué significarían aquellas palabras, pero mamá respondió: Yo sólo tengo un anillo'. Y que llevase también provisiones para tres días. Mi padre estaba palidísimo. De pie, junta al armario, tenia orden de no moverse. Después salimos todos de casa y nos llevaron a la plaza del pueblo, donde ya se encontraban muchos adultos y niños.
"Nuestros perros corrían en torno nuestro ladrando, pero los SS disparaban contra ellos e hirieron al nuestro, 'Vorech' pero al fin nos lo quitaron, uno de aquellos alemanes le dio una patada y yo me puse otra vez a llorar. 'No es nada, no tengas miedo', me decía mi madre acariciándome el pelo para consolarme, pero también ella sollozaba. Delante de la iglesia la plaza estaba llena de libros, de cuadros y de otros cosas buenas que los soldados arrojaban por las ventanas. Papá sonreía, me tomó en brazos, me besó y apenas había dicho algo a mamá cuando llegaron los soldados para llevárselo a donde reunían a los padres, los abuelos y los niños mayores". Los varones adultos fueron llevados a la alquería de los Horak y allí el funcionario de la Gestapo Felk controló su identidad a base del registro del padrón. Se le comunicó al alcalde que los fondos de la caja municipal y el dinero depositado en los bancos por los ciudadanos de Lídice eran confiscados y que el total subía a 716.934 coronas y 85 céntimos. De esta suma -se comprobó a continuación— medio millón sería destinado a trabajos de limpieza de escombros y para allanar el pueblo, y 264.048.85 coronas fueron a la Gestapo para los "gastos" incurridos en la represalia. Otros tres policías, Skalak, Faber y Peírat. condujeron a los niños a la escuela junto a las mujeres (cuatro de ellas encintas). Cerraron herméticamente puertas y ventanas y se apoderaron de todas las cosas valiosas que habían llevado de las casas.
Naturalmente, los agentes de la Gestapo robaron la mayor parte de aquellas joyas, porque la lista de los objetos confiscados, hallada después de la guerra, es demasiado modesta incluso para un pueblo del campo: trece pendientes, dos relojes de oro. diez de plata y dieciséis de níquel, dieciséis brazaletes, cuarenta anillos de oro y cinco de plata, ocho cadenitas de oro y una de plata, un collar de oro y tres de plata, tres brazaletes de oro y tres de níquel, dos medallones de plata, una dentadura de oro y cinco dijes de reloj. Esto es mucho menos que un objeto valioso de término medio por cada mujer. Todas estas operaciones ocuparon tres horas. A las 5 de la mañana, mujeres y niños, cargados en camiones, fueron llevados a Kladno y encerrados en el gimnasio del liceo. En Lídice las ejecuciones de los rehenes comenzaron a las 8. en el jardín. tras la alquería de los Horak.
Matanza de todos los hombres
Fueron llamados los primeros cinco hombres y colocados cara al muro, separados unos de otros como cosa de un metro. El funcionario Felk señaló con una cruz sus nombres en la lista del padrón. El pelotón de ejecución, compuesto por quince números de la "Schupo", hizo fuego, y en seguida fueron llamados otros cinco. Pero las ejecuciones, según Bóhme y Wiesmann que las dirigían, iban demasiado lentas, y por eso ordenaron reforzar el pelotón de ejecución de manera que se pudieran fusilar diez hombres cada vez. Un grupo de policías fue a sacar todos los colchones de la casa y los apoyó de pie contra el muro de la alquería para impedir que las balas, al aumentar el volumen del fuego, rebotaran en las piedras hiriendo a los suboficiales que debían dar los tiros de gracia con sus pistolas. Siguieron las descargas.
Los hombres de Lídice afrontaron la muerte con valor y ninguno de ellos pidió misericordia. Como no los habían atado, ellos mismos se iban colocando cada vez de diez en diez delante de sus compañeros caídos, de modo que el pelotón de ejecución tenia que ir retrocediendo poco a poco. Dos horas más tarde, hacia las 10.30, en el jardín de la alquería Horak yacían 171 cadáveres. Pero según el padrón, los varones adultos de Lídice eran 193, por lo que fallaban 21 para el total. Ocho se encontraban en Klad-
no porque habían sido arrestados durante la encuesta sobre la carta ocupada a la operaría Marusczakova, y durante el día fueron sacados de la cárcel, conducidos a Praga y fusilados. Otros once, en el momento de la represalia estaban fuera del pueblo por razones de trabajo, y también éstos fueron localizados uno a uno y fusilados. Echadas las cuentas, faltaban dos, el molinero y un operario metalúrgico que hacia turno de noche en Kladno. Ambos escaparon al pelotón de ejecución, pero no a la muerte. El primero se ahorcó en su molino, y el segundo se cortó las venas de las muñecas en el sótano de su casa, donde fue hallado por los alemanes y acabado a disparos de fusil.
A las 11.30 Karl Hermann Frank llegó en auto a Lídice. El pueblo estaba en llamas. Ya desde las primeras descargas del pelotón de ejecución, los policías y los soldados habían aplicado fuego a la casa del alcalde, extendiendo el incendio, con ayuda de gasolina, a los otros edificios. De pie. junio a los cuerpos de los sacrificados. Frank escuchó el informe, contempló el pueblo que ardía y regresó a Praga. Después de su partida, fue incendiada también la iglesia, ya despojada del oro. Luego los asesinos almorzaron con la comida sacada de las casas.
Un documento impresionante, las victimas de la represalia Nazi yacen en el suelo luego del fusilamiento. La orden de borrar del mapa a Lidice y toda su poblacion fue dada por Hitler .
Lidice, 10 de Junio de 1942, los soldados nazis posan junto al pueblo en llamas, en señal de que la orden ha sido cumplida.
Una finca para la viuda de Heydrich
Por la tarde llegó un "kommando" de judíos internados en Thcresienstadl que, a las órdenes del jefe de campo Jockl, trabajó hasta la noche para preparar en un altozano al norte del pueblo las fosas comunes destinadas a los cadáveres de los fusilados. En plena noche, a la luz de las antorchas, los judíos tuvieron que registrar todos los cadáveres y entregar a la Gestapo los documentos de identidad y los objetos de valor que encontraron. Las fosas fueron llenadas, y colmadas con tierra suelta. Encima fueron colocados grandes terrones con hierba. Nadie debía saber dónde habían sido sepultados los hombres de Lídice.
Durante todo el día siguiente, jueves 11 de junio, las mujeres encerradas en el liceo de Kladno esperaron en vano noticias de los maridos, padres, hermanos e hijos mayores que hablan quedado en el pueblo. Los policías, preguntados, no contestaron nunca nada y dedicaron la jornada a apuntar en listas especiales el nombre, apellido, edad, padres, profesión y estado de familia de las 196 mujeres. La operación siguió el día después. Al caer la noche las mujeres fueron reunidas en el patio, contadas una vez más y conducidas a la estación de ferrocarril. Allí las hicieron subir a un tren especial que las transportó a Mecklenburgo, al campo de exterminio femenino de Ravensbrück cerca de Berlín, donde murieron 53 de ellas.
"El viernes a la noche —sigue narrando Vaclav Zelenka— llegó al gimnasio un grupo de hombres. Nos pusieron en fila a un lado, y a nuestras madres al oido, diciéndonos que iban a enviarlas no sé dónde en tren, y que nosotros las alcanzaríamos en autobús. Pero nuestras madres no querían creerles, tomaban cada una a sus hijos y los apretaban fuerte, y aquellos hombres tuvieron mucho trabajo en separarnos. Lo consiguieron porque eran muchos. En una habitación al lado nos pusieron cordones con un numero en torno al cuello, y nosotros, los chicos del pueblo, nos hicimos los valientes diciendo que no había que llorar más, para hacer ver a las chicas cómo había que portarse. Pero poco después nos habíamos puesto a llorar también nosotras".
De todos los niños secuestrados en Lídice y sometidos a un "control de raza" para comprobar cuáles eran "idóneos para la germanización". los expertos de la "Lebensborn" -la organización que dirigía asilos de infancia y orfanatos por cuenta de las SS— escogieron a dos niñas y un niño y los enviaron a Alemania. Los otros fueron deportados a Lodz. en Polonia, y de esos algunos fueron seleccionados y enviados, con documentos falsos, a familias alemanas. Los restantes, internados en el campo de Cheimno, morirían en las cámaras de gas. Karl Hermann Frank volvió a Lídice, donde, según los proyectos iniciales, se construiría una finca para la viuda de Heydrich. Dijo que el trabajo para arrasar hasta el suelo lodos los edificios del pueblo debía estar terminado antes de seis meses, de modo que "el arado pueda surcar esta llanura" y para que "ninguno recuerde nunca que existió una vez un pueblo llamado Lídice". Al menos sobre este último punto, Frank se equivocaba. El frío comunicado alemán que anunciaba la represalia —aunque en aquellos sombríos años de guerra la muerte, aun horrenda, aun injustificada, se había convertido en suceso habitual- sacudió la conciencia del mundo civilizado. El nombre agradable y armonioso de Lídice tuvo eco de un continente a otro. "Nunca cosa tan horrenda no había ocurrido desde la Edad Media". escribió el "Daily Telegraph". Nadie olvidó nunca aquel nombre, aunque matanzas espantosas fueron realizadas por los alemanes en Marzabotto, en Kiev. en Kraguyevac en Oradour-sur-GIane. Las ciudades de Berlín y de Vila (Brasil), de Esperanza de Valparaíso (Chile), de San Jerónimo (Méjico) y de Stern Park Garden. Illinois (Estados Unidos) cambiaron sus nombres por el de Lídice. Monumentos en recuerdo del pueblo checoslovaco surgieron en La Habana (Cuba). Montevideo (Uruguay). Tabor. South Dakota y Price. Wisconsin (Estados Unidos), En Palestina fue fundada una ciudad con el nombre de Kfar Lídice. Numerosas niñas fueron bautizadas Lídice en muchos países de Ibero América.
El castigo de los responsables
El Ejército Rojo liberó el distrito de Kladno en los primeros días de mayo de 1945 y la mañana del 10 una brigada lanzaminas soviética, mandada por el coronel Pankov, héroe nacional de la URSS, llegó a la ondulada región donde en un tiempo se alzaba Lídice. Los habitantes de los pueblos vecinos, en 1943 y 1944. cuando habían obtenido de las autoridades alemanas el permiso de recoger nuevamente cereales y lúpulo, habían aprovechado para buscar y descubrir el lugar donde habían sido sepultados los hombres de Lídice y aquel día. junto con los soldados soviéticos, plantaron sobre el altozano la bandera checoslovaca. Después llegó por fin el día de la justicia. Sólo dos de los responsables de la matanza lograron sustraerse a la sentencia. Bóbme, que se suicidó, y el doctor Geschke. imposible de localizar. Todos los demás pagaron el crimen; Karl Hermann Frank, capturado en Praga mientras intentaba huir en coche con su familia, fue ahorcado el 22 de mayo de 1946. La pena de muerte fue aplicada también a Wiesmann. jefe de la Gestapo de Kladno. a Felk, y a su agente Rudolf Vlczek. Para otros doce acusados las penas variaron de presidio a cuatro años de cárcel. El empresario Pala, que con la entrega de aquella carta había provocado la encuesta sobre Lídice. recibió cadena perpetua. En la posguerra empezó la reconstrucción de Lídice. Llegó ayuda financiera de todas partes del mundo, de modo que ya en 1967 el pueblo tenía de nuevo 454 habitantes.
Mis otros posts sobre la Segund Guerra Mundial:
ESTO NO ES "COPY-PASTE", espero que valoren el esfuerzo.
CENTURION
