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Cristina Kirchner es un peligro

Info8/8/2012
Según puede leerse en cualquier tratado universitario de Clínica Médica, el trastorno afectivo bipolar (TAB), también conocido como trastorno bipolar y antiguamente como psicosis maníaco-depresiva, es el diagnóstico psiquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más episodios con niveles anormalmente elevados de energía, cognición y del estado de ánimo. Clínicamente se refleja en estados de manía o, en casos más leves, hipomanía junto con episodios concomitantes o alternantes de depresión, de tal manera que el afectado suele oscilar entre la alegría y la tristeza de una manera mucho más marcada que las personas que no padecen esta patología. El tratadista clínico español Mitchans, con cuyos textos aún se estudia en las facultades de medicina de las universidades argentinas, fue hace unos cuarenta años un verdadero pionero de la sintomatología de esta enfermedad mental, a la que describió con particular singularidad, estableciendo los diagnósticos diferenciales con otras dolencias cerebrales, de base orgánica y que afectan severamente el comportamiento de las personas que la padecen. Por lo general, sostienen los estudiosos en Neurología, tiene expresión por un desequilibrio electroquímico en los neurotransmisores cerebrales. Adicionalmente, debido a las características del trastorno bipolar, los individuos tienen más riesgo de mortalidad por accidentes y por causas naturales como las enfermedades cardiovasculares. A pesar de ser considerado un trastorno crónico y con una alta morbilidad y mortalidad, una atención integral que aborde todos los aspectos implicados: biológicos, psicológicos y sociales, puede conseguir la remisión total de las crisis, de ahí la gran importancia de que el diagnóstico del afectado sea correcto. El elemento básico para el tratamiento del trastorno bipolar es la toma de conciencia del problema, su conocimiento por parte del afectado y sus allegados mediante una psicoeducación adecuada que les permita hacer frente a las crisis sin temores infundados y con las herramientas más válidas; así como prevenir las recaídas. La terapia farmacológica personalizada, especialmente durante las fases de desequilibrio, es otra de las claves. Benzodiazepinas, antipsicóticos y dosis más o menos sostenidas de litio (conforme la gravedad del cuadro) y estabilizadores del ánimo son los fármacos más utilizados. Los patrones de cambios del estado de ánimo pueden ser cíclicos, comenzando a menudo con una manía que termina en una depresión profunda. En ocasiones pueden predominar los episodios maníacos o los depresivos. Algunos de estos trastornos se denominan “de ciclado rápido” porque el estado de ánimo puede cambiar varias veces en un período muy breve de tiempo. Otras veces se presenta el llamado “estado mixto”, en el que los pensamientos depresivos pueden aparecer en un episodio de manía o viceversa. Según especialistas calificados en la Argentina, como el director del afamado Instituto FLENI de Buenos Aires, tienen la convicción de que la bipolaridad de Cristina Fernández de Kirchner no es extremo pero tampoco inocuo, sino que más bien acusa un estado medio y la presidente está clínicamente bien tratada. Un funcionario de confianza de la Unidad Presidente de la Casa Rosada confió a este columnista que la presidenta consume siete medicamentos distintos durante el día, en distintas dosis, y que una colaborara muy estrecha es la que se ocupa de que cumpla con las disposiciones farmacológicas. El viernes se la semana antepasada a media mañana la presidenta irrumpió en la Casa Rosada sin maquillaje por primera vez en su mandato, lo que sorprendió a todos y generó la convicción de que el horno no estaba para bollos. Cabe recordar que en el libro “La Reina” de Olga Wornat, ésta cuenta una anécdota ocurrida en Río Gallegos muchos años atrás. Por un problema urgente a Cristina la llamaron pidiéndole que saliera inmediatamente y entonces ella contestó: “yo no salgo a la calle si no me maquillo como una puerta”. De ahí la sorpresa general de los que la conocen cuando la vieron llegar sin maquillaje. Evidenciando muy mal malhumor, tomó entonces el teléfono y ningún ministro se salvó de sus retos. Pero Carlos Tomada, el ministro de Trabajo, fue el destinatario principal de su ira. Le reprochó duramente al ministro de trabajo sus declaraciones sosteniendo que las relaciones entre el dirigente camionero Hugo Moyano y la CGT estaban incólumes, diciéndole que la había dejado a ella muy mal parada, porque en su reciente discurso en la localidad bonaerense de José C. Paz quiso dejar en claro exactamente lo contrario. Al rato, sufriendo seguramente un pico agudo de depresión, se reunió con Carlos Zannini, Héctor Icazuriaga y Carlos Parrilli y les habría dicho: “Estoy devastada, no aguanto más. Si ésto sigue así no me presento a la reelección”. Los miembros de su mesa chica, según informa un investigador de El Informador Público, le preguntaron qué le pasaba pero las respuestas fueron incoherentes, para terminar sorprendiendo con un “mañana no voy a Paraguay por cuestiones de salud”. A todo esto, varios voceros del oficialismo quedaron pagando, por ejemplo Eduardo Anguita, que aseguró que ella viajaría a Paraguay. Astuto de reflejos, el lenguaraz principal del gobierno apeló a “un cuadro de resfrío muy fuerte”, cuando todos sus segundones sabían que estaba acusando un pico extremo de su bipolaridad. Y resultó por demás extraño que en ese incidente no estuviera presente el médico personal de la jefa de Estado, que es quien informa generalmente con precisión de galeno la situación de su calificada paciente. Algunos cristinólogos sostienen que el actual proceso depresivo de la presidente empezó a fines del año pasado, cuando cualquier neurólogo sabe que el sindrome bipolar lo adquirió pasada su adolescencia en La Plata. El lunes pasado decidió sin avisar que no era un día de trabajo y siguió así toda la semana, hasta culminar con su dramático reclamo a los explotadores y extorsionadores en el acto de José C. Paz. Las críticas a Moyano habrían sido para “la gilada” (en el lunfardo porteño alude expresamente a las mayorías desconocedoras de las intimidades del poder y la política), y también destinadas a conseguir más votos en la Capital para la candidatura de Amado Boudou, actual ministro de Economía, según afirman con convicción disciplinada algunos analistas del propio gobierno. Pero por ejemplo, le habría caído mal que Julio Piumato, un sindicalista ubicado a la izquierda del progresismo gobernante, haya imitado a Sebastián Borensztein comentando que “nadie se suicida y menos la jefa” y que esa misma mañana Héctor Recalde, asesor jurídico de la CGT, dijera que Hugo Moyano está más fuerte que nunca. Si de algo estaría convencida CFK en este tema es que Moyano se escapó a su control, tarea que sí hacía su marido, que al morirse le dejó una economía en crecimiento por motivos externos y una mística incentivada por la asignación universal para hijos y las leyes de medios audiovisuales y de matrimonio igualitario. Tras una entrevista que tuvo en Chile con el embajador Ginés González García (ex ministro de Salud), que fue quien le sugirió la idea, la presidente tomó los micrófonos y las cámaras de la cadena nacional y anunció con bombos y platillos la ampliación de la asignación por hijo a las madres embarazadas. Un clásico pico de entusiasmo y euforia, diría un especialista en trastorno bipolar. Pero curiosamente el mismo viernes último se conoció la noticia de que China nos volverá a comprar aceite de soja y la presidenta no sólo no pidió la cadena nacional sino que el ministro de agricultura, Julián Domínguez, ni siquiera se ocupó y le dejó el anuncio a un subsecretario. La razón sería que el gobierno quiere ocultar que el ministro chino de Comercio le impuso que la Argentina levantara las restricciones a varios productos de su país. Lo mismo estaría ocurriendo con Brasil, que frenó la importación de autos argentinos. Por estos errores Guillermo Moreno, secretario de Comercio, fue estos días otro de los destinatarios del mal humor presidencial. En definitiva, Cristina está cada vez esta más débil, más medicada, más malhumorada y con cansancio moral, lo que hace dudar sobre su candidatura, aunque todos dan por descontado que dirá que sí. Pero cada vez son más los días en los que deja de trabajar. Domingo Schiavoni Director – Asesor de Redacción – Editorialista Periodista, escritor y docente universitario de Comunicación Social Les dejo un video que era para otro politico antes, pero que cada dia le va mejor... link: http://www.youtube.com/watch?v=Pef0LxVeUjo Todo comentario que se refiera a mi o a los users que comenten respetuosamente como cipayos, gorilas y demas terminos que no van al caso cerran borrados.
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