En una rara tribu de África sus integrantes tienen una costumbre que se va pasando de generación en generación. Cuando nace un niño, las mujeres de la tribu lo llevan a un lugar tranquilo y apartado en el campo y realizan un ritual que consiste en empezar a hacer diferentes sonidos improvisados, inconsistentes al comienzo, que luego se van acoplando y adaptando unos con otros…y así se va formando una especie de “tarareo” que luego va tomando la forma de una canción.
Cuando esa “canción empieza a nacer, va tomando fuerza.
Cuando la melodía se hace identificable y clara se canta con más y más entusiasmo y se la ofrece a ese niño como un regalo que formará parte de “su identidad” y lo acompañará durante toda su existencia.
Esa canción se la cantarán nuevamente en los momentos importantes de su vida, cuando celebre algún gran logro, cuando se case, cuando tenga un hijo.
Pero cuando alguna vez de desvíe, si alguna vez obra de mala fe, si roba, si maltrata a alguien o "si permite que lo maltraten" , también lo llevarán al campo y le cantarán su canción, para que de esta forma recuerde “quien es”, para que vuelva a tener presente “cual es su esencia”.