Dos amigas se sacaron selfies con una cámara fotográfica en 2015 en la casa de una de ellas, en la cuidad mendocina de Godoy Cruz y, cuando revisaron la imagen un tiempo después de haberla tomado, no podían dar crédito a lo que apareció como fondo: una mujer vestida con una remera roja y pelo largo, como si estuviera sentada en el suelo, contra la pared, aunque con el rostro un poco difuso y un hombre de pie mirando de frente, pero más desdibujado.
En el lugar no había absolutamente más nadie, físicamente, que las dos amigas ese día y las figuras que pueden observarse en el fondo no les resultan conocidas. Años después del suceso todavía no logran superar el temor que les generó.
En el lugar no había absolutamente más nadie, físicamente, que las dos amigas ese día y las figuras que pueden observarse en el fondo no les resultan conocidas. Años después del suceso todavía no logran superar el temor que les generó.