Ya en el jardín de infantes, la señorita nos enseñaba que las cosas hay que hacerlas bien, completitas, nunca a medias. Todo terminado, prolijamente y con moño. Y ya que de terminar hablamos, en el sexo es mejor no hacer nada a medias… Ni con medias.
Nunca entendí porqué algunos caballeros insisten en ejecutar el acto sexual con los pies cubiertos. Lo justifico en el caso de un deseo extremo que imposibilite sacarse todas las prendas, pero en el común de los casos resulta de una negligencia y mal gusto imperdonables.
Pese a la gracia que suelen causar los amantes “mediáticos”, la fornicación con los pies cubiertos está avalada científicamente. Según un estudio de la universidad de Groening en Holanda, las medias incrementan en un 30 % la posibilidad de alcanzar un orgasmo. Dicen los autores de este singular trabajo académico que cubrirse los pies proporciona calor y comodidad, propiciando el éxtasis a la hora del sexo.
¿Qué pensaría de tan antiestética conducta el gran García Marquez? Gabo sostenía que hacer el amor con calcetines era “pavoso”, igual que conductas tales como andar desnudo y con zapatos. Pavoso es equivalente a decir que esas conductas traen aparejada la mala suerte.
Ahora sí, con una mano en el corazón. Que tire la primera piedra la que no tuvo un amante soquete. Yo tuve uno inolvidableque usaba de esos que uno compra en la calle a tres pares por veinte pesos. Pero la forma en que hacía el amor este señor no tenía precio. Era un amante extraordinario, que no hacía nada a medias.
¿Y vos? ¿Cómo andás en cuestión de calcetines?