Campana: pueblo chico, infierno azul.

"Juane" Aguirre
El 21 de mayo de 2011, Juan Emanuel “Juane” Aguirre, de 25 años, fue levantado por un patrullero de la comisaría 1ª de Campana en la puerta de su casa. Pocas horas después, su familia fue notificada de que se había suicidado en una celda con su propia remera. Desde entonces, su madre y sus hermanos se enfrentan a una batalla desigual por la reivindicación de Juane y el castigo a sus asesinos, enfrentándose a las amenazas policiales y al encubrimiento judicial.
Los Aguirre son del Barrio Las Campanas, un barrio periférico del municipio bonaerense de Campana. El caso de Juane tomó relevancia a nivel local gracias a la difusión que le brindan los compañeros del espacio cultural La Pachamama y de organizaciones sociales de la zona, comprometidos con el reclamo de la familia que se ha convertido, a su vez, en un referente de lucha para los vecinos.
El viernes 21 de septiembre desapareció de este barrio Víctor Hugo Alegre, un pibe de 20 años. Apareció muerto en Villa Adelina el sábado 22 a las 6 de la mañana como NN. Los padres dieron con él el martes 25. En el interín, pegaron carteles, se contactaron con los Aguirre porque sospecharon desde un principio que se lo había llevado la policía, se movieron por todos lados buscándolo y organizaron un corte de ruta que no llegó a concretarse porque fue cuando los notificaron de la aparición del cuerpo.
Sospechan que lo tiraron en Villa Adelina porque el barrio Las Campanas se encuentra movilizado a partir de la lucha de la familia Aguirre. Después de Juane, desaparecieron tres pibes en Campana, que luego serían encontrados muertos sin que la fiscalía indagara sobre la autoría de los asesinatos. En mayo de este año, Agustín Herrero de 17 años, estuvo desaparecido. Su cuerpo apareció tirado a un costado de la ruta 9, Km 71,5, con un disparo en la cabeza y otro en el pecho. En junio, Ricardo “Richard” Castañeda, de 19 años, estuvo desaparecido durante 20 días. Su cuerpo fue encontrado en un descampado. Se encontraba en una fosa de 6 metros de profundidad, con un nivel de dos metros de agua. El tercero fue Víctor Hugo Alegre.
A estas desapariciones y asesinatos impunes se suma el accionar cotidiano de la policía en los barrios pobres de Campana. Levantan a los jóvenes de la calle, los golpean, los torturan, los amenazan. Tienen la modalidad de llevar a los chicos al hospital para constatar heridas, y luego molerlos a golpes incluso dentro del mismo hospital. Nadie quiere denunciar porque tienen miedo a las represalias. Hace poco tiempo salió a la luz la denuncia de una chica que fue levantada junto a dos amigos en la calle, y que fueron torturados en la comisaría 1ª. Esta chica resultó ser hija de un funcionario de la municipalidad, y por eso el caso se visibilizó. Todos los burócratas salieron en los medios campanenses desgarrándose las vestiduras y haciendo mea culpa por la “torpeza” cometida por sus torturadores con recibo de sueldo. No hicieron mea culpa, en cambio, a la hora de archivar la causa por el asesinato de Juane esta semana.
El pasado jueves 27 de septiembre, Juan Aguirre, hemano de Juane, salió en auto junto a otro hermano para ir a buscar su camioneta a un taller mecánico. En el camino, los cruzaron dos patrulleros que los observaron detenidamente y los identificaron. Momentos después, un tercer patrullero los interceptó. Con arma en mano, el comisario de la comisaría 1ª de Campana, Marcelo Páez, hizo bajar a Juan del auto, lo apuntó y lo amenazó “¿Así que a vos te gusta hacer denuncias?” Varios testigos presenciaron la escena. Al retirarse, les dijo que se dejaran de joder “o te voy a armar una causa por droga”. Inmediatamente, Juan se contactó con los compañeros de CORREPI y organizaciones de la zona, quienes lo asesoramos para realizar la denuncia. Nos mantenemos en estado de alerta por la integridad física del compañero.