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¿Hacia una sociedad sin petróleo?(visión Anarquista)

Info10/2/2012


¿Hacia una sociedad sin petróleo?








Recordar que las materias primas, y especialmente el petróleo, son una de las claves de la potencia industrial no sirve de nada. Todos lo sabemos desde hace tiempo. Pero vivimos en un mundo en el que el día de hoy viene dado por el de mañana, en el que la idea misma de que el mañana tiene que ser diferente de lo que vivimos ahora resulta iconoclasta. Sin embargo, nuestra relación con el petróleo está cambiando insensiblemente. Las reservas no son eternas. El despertar será brutal cuando nos demos cuenta de que no hay tanto grano para moler como desearíamos y que ese grano se va haciendo cada vez más escaso, lenta pero certeramente. El petróleo ya no es únicamente la gasolina para nuestro coche, sino numerosos productos corrientes que, al escasear o desaparecer, modificarán profundamente la sociedad en la que vivimos. Y este es el problema que está a punto de pasar al primer plano de la actualidad.



Los directivos de la Shell, la primera potencia petrolera mundial, acaban de experimentar la dolorosa experiencia. Se han tenido que retractar porque habían mentido en cuanto al montante de las reservas petrolíferas de que disponían.



Tratemos de comprender ese miniseísmo del planeta petrolífero. Tenemos un cierto número de nociones que van a determinar el porvenir de nuestro mundo en los años venideros, y quizás más rápidamente de lo que creemos. Para muchos científicos, la reserva mundial de materias primas es una cantidad que no puede aumentar porque es fruto de la evolución geológica de nuestro planeta. Se dice que es una cantidad finita. No puede sino disminuir a medida que se utiliza. Un geólogo, llamado Hubbert, ha calculado la curva de utilización de las materias primas y ha lanzado una hipótesis que ha recibido el nombre del "pico de Hubbert". Ese pico es el momento en que la mitad más uno de las reservas de materias primas ha sido utilizado y, a partir de entonces, se dirigen a su desaparición. Se pasa de la abundancia a la escasez. Podemos comprender enseguida cuáles serán las consecuencias. Las sociedades humanas no han retrocedido jamás ante una guerra a la hora de echar mano de las reservas mineras, por lo que el porvenir se anuncia nada menos que sombrío.



En el caso del petróleo, hay tres clases de reservas. Hay que manejar las cifras con extremada precaución. Según los artículos y declaraciones, pueden indicarse en barriles o en toneladas. Se trata de informaciones estratégicas de la mayor importancia. Son verdaderos secretos militares. Imaginemos dos minutos lo que podría suponer hoy un ejército sin carburante...




Las reservas que han sido "probadas" son las que se conocen desde hace tiempo y son fácilmente utilizables. Se calculan, según las fuentes, entre 850 y 1.213 miles de millones de barriles (un barril equivale a 158,5 litros). ¿A qué corresponde eso? Parece ser que en 1970, según las estimaciones de las empresas petrolíferas, había 70 miles de millones de toneladas de petróleo de reserva, que darían para unos 30 años de consumo. En treinta años, hemos consumido en realidad 90 miles de millones (habríamos consumido 133 miles de millones desde 1860), y dispondríamos hoy de 140 miles de millones de reserva.




Además de estas reservas mencionadas, están las probables, es decir, las que se supone que, según las nuevas prospecciones, otros estudios geológicos y cálculos de probabilidad, existen aquí o allá, en campos petrolíferos no explotados lo suficiente o bien sin explotar.




Y luego están las reservas no convencionales, que parecen abundantes pero cuya extracción resultaría demasiado cara con las técnicas actuales.




Primera constatación: estamos todos muy cerca del "pico de Hubbert". Habida cuenta de la fiabilidad de esta proyección, incluso lo habríamos superado. Si hacemos algún pequeño cálculo, teniendo en cuenta que en treinta años hemos gastado una media de 3.000 millones de toneladas al año, nos queda sólo para cuarenta años más. ¡Aún hay tiempo! Sin embargo, no es tan sencillo. El consumo de los países llamados desarrollados no disminuye, mientras que el de cierto número de países emergentes aumenta. No olvidemos que en este momento China consume un tercio de la producción mundial y que no se va a detener. Por eso es por lo que cuando la Shell reconoce haber sobreestimado sus reservas del veinte por ciento, la situación empieza a ser seria. Algunos analistas temen que la situación sea igual de confusa entre los demás grandes del petróleo.


Y en este marco, la guerra de Iraq toma todo su sentido. En efecto, el Oriente Medio custodia los dos tercios de las reservas petroleras. Ahí tenemos la guerra. De la tentación de echar mano a esas reservas a impedir su uso por terceros sólo hay un paso.



Estamos ante un futuro que hay que analizar y debemos tenerlo en cuenta en nuestros proyectos. El tipo de sociedad en la que vivimos está probablemente, a medio término, llegando a su fin. Salvo algún descubrimiento técnico siempre posible, nuestro modo de vida de consumo no continuará mucho tiempo. El consumo al que nos ha obligado la publicidad, catecismo del capital, va a estar reservado a algunos, y ese cambio suscitará enormes descontentos. Los conflictos nacidos de esta frustración serán, en una óptica anarquista, contradictorios con el tipo de sociedad que nosotros deseamos promover. Vivimos hoy día en una población de drogados por el consumo o los tranquilizantes (138 millones de euros en Prozac, en 2001, en Francia). Tendremos que afrontar una desintoxicación que será dolorosa.




Si la hipótesis militar se realizara, que es lo más fácil, es probable que los desfiles y otras manifestaciones no bastaran para frenar el proceso que se presentaría como necesario para preservar nuestro nivel de vida actual, una marcha hacia el abismo que sería, sin duda, muy popular.



Pero hay otras posibilidades. Las energías alternativas conocidas, solares o eólicas, pueden ocupar el lugar del petróleo en lo relativo a la energía pura, es decir, para sustituir a la electricidad que pone en marcha nuestro frigorífico o calienta nuestra agua. Hace poco, la General Electric compró las patentes en California para todo lo relativo a células fotovoltaicas, al darse buena cuenta de la existencia de un buen filón para explotar. A este respecto, hay que reconocer que el trabajo de comunicación a favor de ese tipo de energía, llevado a cabo por los ecologistas, ha dado sus frutos. En una estrategia económica liberal, las inversiones necesarias para la producción de electricidad de origen nuclear no pueden ser llevadas a cabo más que por el Estado. La presión cada vez mayor de un electorado opuesto a ese modo de fabricación unida al déficit presupuestario crónico, deja la puerta abierta a la iniciativa privada hacia energías "suaves".



La búsqueda de nuevos recursos oculta el hecho de que el petróleo no sólo sirve para poner en marcha los motores, sino que ha tomado una importancia determinante en todos los productos derivados. En la vida diaria, el plástico ocupa un puesto irreemplazable. Desde las bolsas del supermercado hasta los envases de los yogures o los forros polares, el petróleo está omnipresente. Con su escasez programada, todos esos productos se harán cada vez más caros.



Una sociedad que se base esencialmente en energías renovables sin haber tratado de resolver el problema del "poder" no será sino una sociedad de carencia, de escasez.


Es probable que en los años venideros el carácter fundamental de la recuperación de los desechos de toda clase y su reutilización sean el origen de una renovación de un proletariado industrial, mano de obra a buen precio. Los optimistas piensan que, como de costumbre, la humanidad encontrará un medio de seguir su curso hacia un mayor confort material. Ahí tenemos las investigaciones en tecnología punta a través de las OGM, las microtecnologías y los descubrimientos venideros que abren posibilidades al crecimiento de una sociedad en la que la deshumanización crecerá a la vez que su desarrollo técnico.



La cuestión que se nos plantea a los libertarios es la siguiente: ¿qué sociedad podemos proponer hoy día? ¿Cómo pensar en una sociedad en la que el consumo no sea la palabra clave?


El cambio obligatorio de modo energético puede abrir el camino a algo distinto a la confiscación de las energías "nuevas" por el capital. El equivalente no ha sido inventado aún, pero el modelo Internet es probablemente el que hay que seguir para el desarrollo de la sociedad que deseamos: la multiplicación de pequeños centros de decisión y de producción de energía utilizando las rutas de los grandes polos, de tal manera que todo ataque contra esa circulación ponga en peligro a los propios centros.



Nosotros, anarquistas, libertarios y antiautoritarios, debemos poner todo el esfuerzo en la elaboración de nuevas posibilidades. Hay que dejar sitio a la utopía creadora. Al lado de las reivindicaciones y denuncias, al lado de los análisis y reflexiones, hay que imaginar situaciones nuevas. Los anarquistas de hoy deben describir otro mañana. No se trata de hacer ciencia-ficción. Se trata de crear un imaginario que haga soñar e ilusionarse, incluso si vamos a contrapelo de la sociedad actual.

Pierre Sommer
(Le monde libertaire)







A TODOS MIS SEGUIDORES, LES DIGO: NO ES AL PEDO..GRACIAS POR ESTAR AHÍ!




"Si asumes que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas."
Noam Chomsky



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