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INFOnews
Ese 13 de octubre de 1980, Amanda, la esposa de Adolfo Pérez Esquivel, le avisó por teléfono que fuera urgente a la embajada de Noruega porque el embajador lo estaba buscando con mucha insistencia.
En tiempos de la dictadura, cuando la lucha le valió la cárcel y torturas.
¿Para qué me necesita el embajador, porque tanto urgencia?, pensó Esquivel. “No entendía que pasaba y fui. A partir de eso se desató la locura entre los medios y llamados de todo el mundo y el estupor y desconcierto de los dictadores. Los militantes y prisioneros en las cárceles y centros de detención vieron una esperanza, que el mundo conozca lo que ocurría en el país y en Latinoamérica bajo las dictaduras militares”, recuerda.
La dictadura militar no quería darle el pasaporte para viajar. Gobiernos, iglesias y organizaciones de diversos países presionaron y al final tuvieron que darle el pasaporte, pero le pusieron un sello “Equipo 2”: así, cada vez que llegaba al país lo detenían y demoraban en el aeropuerto para ser investigado por “subversivo”.
Un hombre de fe
Arquitecto y escultor, católico militante fundó en 1974 el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ). En la definición de principios esa institución fijó como objetivos de su tarea "trabajar por alcanzar el respeto de los principios básicos de los derechos humanos a través de una política de no violencia".
Su enfrentamiento con la dictadura militar 1976-1982 le valió estar prisionero en las cárceles improvisadas en los sótanos de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde fue sometido a las más crueles condiciones de confinamiento.
Al entregarse el Nobel, Pérez Esquivel ya se encontraba en libertad, aunque era vigilado por el Gobierno y tanto él como su familia y sus colaboradores recibían permanentes amenazas que los conminaban a abandonar su tarea, centralizadas en una modesta oficina de la calle México, en el barrio porteño de San Telmo.
Su designación sorprendió al gobierno militar de la Argentina, que lo consideró arbitrario y destinado a reforzar las denuncias de violaciones a los derechos humanos que la comunidad internacional descargaba sobre la Junta Militar.
Discurso de Adolfo Pérez Esquivel cuando recibe el Premio Nobel de la Paz en nombre de los pueblos latinoamericanos.
El recuerdo del traje en primera persona
Cuenta Adolfo Pérez Esquivel, una anécdota sobre aquel día:
Después de los primeros días, el protocolo noruego y el Comité Nobel llamaron para explicar el acto de entrega del Premio en Oslo, la ceremonia del mismo y los tiempos disponibles.
Entre las exigencias estaba ir con traje oscuro, cosa que yo no tenía y menos dinero para comprarlo.
Recuerdo que años atrás, siendo muy joven, pedí prestado a un amigo un traje azul oscuro para poder trabajar en las Grandes Tiendas Harrods en la calle Florida. Estuve de temporada por tres meses y al finalizar le devolví el traje.
Cuando viajé para recibir el Premio Nobel, fui primero a París y me reuní con los amigos del Comité Católico Contra el Hambre y por el Desarrollo de Francia (CCFD) que siempre nos acompañan, y les expliqué lo que ocurría y que pensaba viajar a Oslo así con mi poncho.
La Directora del CCFD, en ese entonces Enriqueta Chaponey, con Michel Grolleaud, sacerdote de la Misión de France y representante del Serpaj en Francia, y un argentino en el exilio, un hermano querido, Cacho El Kadri, decidieron comprarme un traje azul oscuro y un sobretodo.
Los años pasan y la lucha continúa.
Los años pasan y la lucha continúa.
No podía creerlo, por primera vez iba a tener un traje mío y no prestado.
Pero eso no era todo, tuve que probármelo en la sastrería y tenían que arreglar el pantalón y el saco en poco tiempo, el sobretodo gris me quedaba a medida.
Los sastres tuvieron que trabajar esa noche y tenerlo listo al día siguiente, tenía una camisa blanca y me compré zapatos negros.
Toda una novedad y así, gracias a la solidaridad de los amigos quedé “empilchado” y viajé a Oslo a recibir el Premio Nobel de la Paz, el 10 de diciembre, hace ya 32 años.
El traje y el sobretodo los termine regalando a personas que lo necesitaban más que yo, y seguí usando mi poncho, ya que me sentía más cómodo y familiar.
En la actualidad, Pérez Esquivel permanece trabajando cotidianamente al frente del Servicio de Paz y Justicia. Porque los años pasan pero la lucha continúa.