los imperios mas poderosos de la historia
Ningún líder, gobierno u alianza ha logrado unificar a toda la Tierra bajo un solo Estado. El mayor de los imperios ha logrado reunir cerca de las dos quintas partes del mundo.
Desde la Antigüedad, la división territorial ha estado caracterizada por las conquistas imperialistas de los diferentes Estados. Durante el período comprendido entre 1871 y 1914 el imperialismo y el colonialismo vivieron un auge superior al de cualquier otra época, superando incluso a las conquistas españolas de los Reyes Católicos o a las victorias romanas de Trajano.
Los países, uniones e imperios ganan y pierden terreno a lo largo de su historia. En esta lista se muestran aquellos territorios unificados política o militarmente, fruto del expansionismo, bajo una jerarquía organizada. ¿Qué imperio ha tenido más poder o influencia?
Desde la Antigüedad, la división territorial ha estado caracterizada por las conquistas imperialistas de los diferentes Estados. Durante el período comprendido entre 1871 y 1914 el imperialismo y el colonialismo vivieron un auge superior al de cualquier otra época, superando incluso a las conquistas españolas de los Reyes Católicos o a las victorias romanas de Trajano.
Los países, uniones e imperios ganan y pierden terreno a lo largo de su historia. En esta lista se muestran aquellos territorios unificados política o militarmente, fruto del expansionismo, bajo una jerarquía organizada. ¿Qué imperio ha tenido más poder o influencia?
Imperio Español.
"En España nunca se pone el sol".
Esta frase pronunciada por el rey Felipe II plasma la gran extensión y el gran poder que alcanzó el Imperio Español.
El Imperio Español comenzó a forjarse en la época en que gobernaban Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, los Reyes Católicos, cuyo matrimonio en 1469 marcó el inicio del proceso de unificación de sus respectivas coronas. Fue durante el reinado de los Reyes Católicos cuando el nuevo país comenzó a levantar un imperio. Esta expansión en ultramar se debe a varios motivos: por un lado, los monarcas deseaban afianzar su dominio sobre los territorios del norte de África y de esta forma proteger el comercio de Castilla en el mar Mediterráneo y en el océano Atlántico, además de utilizar las zonas próximas como puertos para la exportación de oro y esclavos africanos; por otra parte, apoyaban la exploración de lugares remotos con el objetivo de extender el cristianismo e incrementar el potencial comercial de las dos coronas en el Lejano Oriente, lo que proporcionaría grandes riquezas y prestigio internacional.
Durante los siglos XVI y XVII España se convirtió en la primera potencia mundial. Castilla, junto con Portugal, estaba en la vanguardia de la exploración europea y de la apertura de rutas de comercio a través de los océanos. Los conquistadores españoles descubrieron y dominaron vastos territorios pertenecientes a diferentes culturas en América y otros territorios de Asia, África y Oceanía. España colonizó esos territorios y construyó con ello el mayor imperio económico del mundo.
Entre 1648 y 1659, las paces de Westfalia y los Pirineos ratificaron el principio del ocaso de España como potencia hegemónica. Este declive culminó, en lo que respecta al dominio sobre territorios europeos, con la Paz de Utrecht firmada por Felipe V en 1713: España renunciaba a sus territorios en Italia y en los Países Bajos, lo que conllevaba a la pérdida de la hegemonía en Europa. Sin embargo, España mantuvo y amplió su extenso imperio de ultramar, acosado por el expansionismo británico, francés y holandés, hasta que sucesivas revoluciones la desposeyeron de sus territorios en el continente americano a principios del siglo XIX.
No obstante, España conservó algunas fracciones de su imperio en América, principalmente Cuba y Puerto Rico, como también Filipinas y algunas islas en Oceanía como Guam, Palaos, las Islas Carolinas y las Marianas. La Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 supuso la pérdida de casi todos estos últimos territorios. El impacto moral de esta derrota fue duro y se buscó compensarlo creando, con poco éxito, un segundo imperio colonial en África, centrado en Marruecos, el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial, que perduró hasta la descolonización de las décadas de 1960 y 1970.
El Imperio Español fue el primer imperio global ya que, por primera vez, un imperio abarcaba posesiones en todos los continentes.
Imperio Romano.
El Imperio Romano comenzó en el año 27 a.C. al otorgársele a Octavio el título de Augusto. El Senado le concedió el carácter de ”Imperator”, “Padre de la Patria” y “Princeps Senatus”. Fue considerado hijo del César divinizado y se le otorgó poder consular a perpetuidad. Bajo el mantenimiento de las formas republicanas, se va avanzando paulatinamente a un sistema de poder monárquico y militarista. A este período se le conoce con el nombre de Alto Imperio.
Luego vinieron cuatro dinastías de emperadores: la de los Julio-Claudios, la de los Flavios, la de los Antoninos y la de los Severos. Todos gobernaron con un poder casi absoluto basado fundamentalmente en el ejército. Las fronteras del imperio se siguieron expandiendo, anexionándose Mauritania en el año 37, Inglaterra en el año 84 y Dacia en el año 105.
Durante el gobierno de Augusto se puso fin a las guerras civiles y comenzó a vivirse una época de orden, seguridad y prosperidad, con gran florecimiento artístico y cultural, conociéndose esta etapa como la ”Pax Romana”. La máxima extensión del imperio fue alcanzada con Trajano, quien venció a los partos y conquistó en el año 117 Armenia y Mesopotamia.
Las distintas provincias incorporadas a la dominación romana se dividieron en senatoriales e imperiales. Las primeras estaban bajo la administración del Senado. Las segundas estaban bajo el control del Emperador. Allí se encontraban las legiones. Al estar dividida la potestad provincial entre el Emperador y el Senado, se ha habla de una diarquía.
La ciudad más importante del imperio era Roma, su capital. En ella se manifestaba una gran opulencia, donde los miembros del orden senatorial y los ricos caballeros habitaban en los “domus”, residencias muy lujosas, aunque la mayoría de la población vivía muy modestamente, en los “insulae”, casas de inquilinato de hasta cuatro pisos, inseguras e incómodas.
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Con la muerte de Alejandro en el año 235 terminó la dinastía de los Severos y el imperio se sumergió en la anarquía. El gobierno estuvo a cargo de jefes militares que gobernaban poco tiempo, sucediéndose gran cantidad de gobernantes que enseguida eran derrocados por otro jefe militar más poderoso.
El Bajo Imperio, llamado así porque al frente del poder se hallaba un ”Dominus”, un rey con características de divinidad, comienza con Diocleciano, que gobernó entre los años 284 y 305, estableciendo el sistema de la tetrarquía y pacificando el territorio. El imperio fue dividido en una zona occidental, bajo su gobierno, y en otra oriental, a cargo de Maximino, eligiendo un César cada uno.
Luego de veinte años de gobierno, los Augustos fueron reemplazados por los Césares. Aumentaron la burocracia y la centralizaron, acrecentaron el número de provincias y persiguieron a los cristianos ferozmente, disponiéndose por edicto la obligación del culto imperial. Templos y libros fueron destruidos y los cristianos padecieron la cárcel y torturas.
En el año 395 Teodosio I divide el Imperio entre sus dos hijos: Honorio, a quien le correspondió el Imperio de Occidente con capital en Roma, y Arcadio, a quien le correspondió el Imperio de Oriente o Bizantino con capital en Constantinopla.
La decadencia del imperio apareció debido al aumento de los gastos originados en un estado burocrático y militarizado y a la presión de los pueblos bárbaros por traspasar las fronteras imperiales. En el año 476, el Imperio de Occidente cayó en poder de estos pueblos. El de Oriente, más sólido económicamente, subsistió hasta 1453, año en el que Constantinopla cayó en poder de los turcos otomanos.
Imperio Británico.
El Imperio Británico comprendió los dominios, colonias, protectorados y otros territorios gobernados o administrados por el Reino Unido entre los siglos XVI y XX. Durante las primeras décadas del siglo XX, el Imperio Británico abarcaba una población de cerca de 458 millones de personas y unos 33.000.000 km², lo que significaba una cuarta parte de la población mundial y una quinta parte de las tierras emergidas.
Su máximo esplendor se desarrolló durante el llamado Siglo Imperial (1815-1914), a través de una serie de fases de expansión relacionadas con el comercio, la colonización y la conquista, además de períodos de actividad diplomática. El imperio facilitó la extensión de la tecnología, el comercio, el idioma y el gobierno británicos por todo el mundo. La hegemonía imperial contribuyó al espectacular crecimiento económico de Gran Bretaña y al peso de sus intereses en el escenario mundial.
El Imperio Británico ha sido el imperio más grande de la historia de la humanidad, pues estaba presente en todos los continentes:
-En Asia dominó los territorios de India, Pakistán, Sri-Lanka, Birmania, Malasia, Borneo y Hong Kong.
-En África controló Egipto,Sudán, Zambia, Zimbabwue, Nigeria, Sierra Leona, Somalia, Uganda, Botsuana, Sudáfrica, Gambia y algunas colonias en el este del continente.
-En Oceanía poseía las colonias de Nueva Zelanda y Australia.
-En América controlaba Canadá, Jamaica, Guayana, las Islas Malvinas, Belice y múltiples pequeñas islas.
-En el Mediterráneo controlaba plazas estratégicas como Malta, Chipre o Gibraltar.
El coste económico de la I y II Guerras Mundiales y la transición de las colonias hacia la Commonwealth dieron lugar al fin del Imperio Británico.
III Reich Alemán (Alemania Nazi).
El III Reich hace referencia a la Alemania del período comprendido entre 1933 y 1945, cuando Adolf Hitler gobernó este país bajo los fundamentos del nazismo. Este período se caracterizó por un fuerte carácter imperialista y expansionista.
La derrota sufrida por Alemania durante la Primera Guerra Mundial le supuso durísimas condiciones que se concretaron en el Tratado de Versalles, por el cual Alemania debía devolver territorios y pagar fuertes sumas de dinero en concepto de indemnización.
Al término de la guerra se fundó el Partido Obrero Alemán, que en 1920 tomaría el nombre de Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, cuyo líder era Adolf Hitler. El modelo de estado nazi se basaba en una dictadura representada por el "Führer", que gobernaría un pueblo de iguales en raza y pensamientos, liberando a Alemania del yugo impuesto por los vencedores del Tratado de Versalles.
Con la crisis de 1929 en Alemania aumentó gravemente el desempleo y la inflación. Los miembros del Partido Nazi captaron cada vez más afiliados, obteniendo en las elecciones de 1932 el 37,4 % de los votos. Hitler no solo contó con apoyo local, sino también con el de los estados occidentales, como Inglaterra y Francia, que lo veían como un arma eficaz en la lucha contra el comunismo que amenazaba extenderse desde Rusia. En 1933 Hitler se convirtió en Canciller. Disolvió el Parlamento, prohibió la libertad de prensa y los sindicatos y estableció el sistema de partido único: el Nazi. Para terminar con la oposición creó las SS y la GESTAPO, cuerpos de policía destinados a destruir toda ideología contraria al nazismo.
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A la muerte del presidente Hindenburg, Hitler se convirtió en "Führer". Reunió bajo su persona a todos los poderes, dando comienzo a un tipo de estado conocido como el III Reich, con una fuerte intervención del gobierno. Bajo su gobierno, Alemania se fortaleció económicamente, dando impulso a las obras públicas, lo que motivó el apoyo masivo de la población, incentivado por una fuerte propaganda política a través de la radio y el cine.
Hitler llegó al poder con el voto popular, pero luego suprimió sistemáticamente la democracia.
Otra característica del III Reich fue el imperialismo. Su profundo afán expansionista se plasmó con la incorporación de Austria en 1938, Checoslovaquia en 1939 y la invasión de Polonia ese mismo año,
dando origen a la II Guerra Mundial. El régimen nazi cayó en 1945 con el fin de la guerra.
Imperio Inca.
Los incas fueron un pueblo conquistador que logró ocupar una gran extensión territorial: desde las sierras del sur de la actual Colombia hasta el norte de Chile y de Argentina, y desde la costa del océano Pacífico
hasta el este del valle del río Amazonas, constituyendo así un poderoso imperio, aproximadamente en el año 1430, al que llamaron Tahuantisuyo, cuyo significado es “las cuatro partes del mundo”, pues estaba dividido en cuatro regiones. La capital del imperio era Cuzco, situada a 3.400 metros sobre el nivel del mar. Su economía era fundamentalmente agrícola e inventaron una curiosa técnica de cultivo, llamada terraza, que consistía en construir sobre las laderas de las montañas unas terrazas en las que cultivaban.
De los pueblos conquistados obtenían ingresos importantes a través de tributos y adoptaron sus características culturales. Entre los pueblos conquistados estaba la cultura chapín, ubicada en el norte de Perú, que había adquirido amplios conocimientos de agricultura, astrología e ingeniería; los mochicas y los chimú, asentados en la costa norte de Perú, se dedicaban a la agricultura y a la ganadería: en la costa sur estaban los nazca,
dedicados fundamentalmente a la cerámica y a la agricultura de riego por canales; en Bolivia conquistaron a los tiahuanaco y a los huari, sociedades militarizadas y con gran desarrollo agrícola, arquitectónico y artístico.
La máxima autoridad imperial era el Inca, considerado hijo del sol, que tenía poderes absolutos, en un sistema de gobierno que era una monarquía teocrática. El primer Inca fue Manco Capac y el último, de un total de trece, fue Atahualpa, cuyo poder fue arrasado por la conquista española sobre el año 1533. La conquista española terminó con su desarrollo cultural e impuso la forma de vida y la religión de los conquistadores.
FIN DEL POST
espero les haya gustado les traere segunda parte

