El Primer Ministro de la recuperación
El Gobierno de Duhalde ya había hecho el trabajo sucio. La devaluación había sucedido en los primeros días de enero. Después vinieron las retenciones y los planes jefas y jefes de hogar. Por último, la pesificación de las deudas 1 a 1. En abril de 2002 quedaba por resolver uno de los temas más sensibles para los argentinos en aquel momento: el corralito
Las personas seguían sin poder retirar sus ahorros de los bancos y la única manera era presentando un recurso de amparo. Como la Corte Suprema se hallaba enfrentada el Poder Ejecutivo comenzó un goteo del sistema financiero y eso alentó los fantasmas de la hiperinflación. Se entendió que la única herramienta para enfrentar una corrida era una ayuda del Fondo Monetario. Duhalde estaba dispuesto pero los gobernadores no aceptaban. El FMI creía que las provincias eran responsables del descalabro financiero del país y eran duros con ellas.
Roberto Lavagna, que hasta el momento era embajador en Bruselas, trajo una mirada distinta para negociar con el FMI. Por un lado sabía que Duhalde no estaba en condiciones políticas de aceptar las exigencias del organismo. Por otro entendió lúcidamente que la economía estaba en la víspera de una recuperación fenomenal. El ministro de Economía comenzó las negociaciones sobre la deuda con el Tesoro de Estados Unidos. Al mismo tiempo comenzaron los primeros ensayos para dejar atrás el corralito y que los bancos devolvieran (gradualmente) el dinero a sus depositantes.
La negociación de la deuda llevó tres años y dos presidentes participaron durante todo ese período. El corralito se desactivó en un año. Lavagna entendió el contexto político y económico en el que se desenvolvió. Por un lado apoyó la posición de los gobernadores que rechazaban las recetas del FMI. Lavagna enseguida ganó el apoyo de los principales líderes del peronismo diciendo que “las provincias no tienen la culpa de la situación”.

Pagarle al FMI la deuda que estaba en default, negociar una quita con los acreedores privados y trabajar un acuerdo con el FMI. Lavagna procuró que cualquiera de estas negociaciones tuvieran el mínimo impacto político porque el país aún se recuperaba de la crisis de diciembre de 2001. Lavagna también comprendió que el contexto económico había cambiado. Fue el primer ministro de Economía de la recuperación. Algo que no había experimentado ninguno de sus cuatro antecesores en el cargo: José Luis Machinea, Ricardo López Murphy, Domingo Cavallo y Jorge Remes Lenicov.
El ministro fue entonces esquivando las presiones para que anunciara un plan económico. Para él no hacía falta. Lavagna se hizo cargo de la conducción cuando los pilares ya habían sido puestos. Y él edificó sobre ellos.