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. El museo de los horrores Informacion que de verdad nos servira ¿Cuántas veces hemos oído en la radio, en la televisión, en una clase, en un discurso, en el autobús, en la oficina o en casa expresiones y palabras que nos suenan fatal? ¿Cuántas veces nos hemos preguntado cómo es posible que se hable tan mal, que se maltrate nuestra lengua española con tal impunidad? ¿Cuántas veces hemos sentido el deseo de denunciar tantos atropellos, de compartir tantos enfados y de buscar resolver tantas dudas? ¿A qué lugar escribir para explicar a ese locutor que repite una y otra vez que él sólo dice «de que está muy contento por enfrentar la crisis económica en su punto más álgido», que el Instituto Cervantes tiene cientos de alumnos en sus centros que hablan mejor que él? Para denunciar tantos atropellos a la lengua española, el programa Al habla ha abierto las puertas de un terrorífico Museo de los Horrores, que ahora se ha vuelto también virtual. A continuación encontrarás algunos de los errores más comunes y habituales en el (mal) uso de la lengua española. Comencemos. 1. Accesible / asequible Carlos Llopis nos propone la siguiente pareja de palabras para cubrir una de las paredes de nuestro Museo de los Horrores. Accesible y asequible se utilizan como sinónimos cuando en realidad sus significados son los siguientes, según el Diccionario de la Real Academia Española: accesible: 1. Que tiene acceso. 2. De fácil acceso o trato. 3. De fácil comprensión, inteligible. asequible: Que puede conseguirse o alcanzarse. De esta manera, estas dos frases tienen un significado bien diferente: La ventana es accesible para nosotros. Es decir, que nos resulta de fácil acceso. La ventana es asequible para nosotros. Es decir, que podemos conseguirla. 2. Acentuación de monosílabos: ¿fue o fué? Empecemos con la regla general: los monosílabos tónicos, es decir, aquellas palabras de una sola sílaba con acento de intensidad, no llevan tilde aunque se trate de una palabra aguda. Leonardo Gómez Torrego en su Gramática didáctica del español ofrece los siguientes ejemplos: sal, mar, mes, seis, vio, soy, dio, fue, fui, Dios, fe, y da. Vio, dio, fue y fui llevaron tilde antes de 1959, pero a partir de ese año se consideró que debían seguir la regla general y, por tanto, es erróneo escribir: vió, dió, fué, fuí. Pero hay también una excepción a esta regla: la tilde diacrítica. Cuando un monosílabo tónico ofrece la misma forma que un monosílabo átono, y puede llegar a crear una confusión, se distinguen añadiendo a los tónicos una tilde. Así: 1. dé: forma del verbo dar: Mi jefe ordena que dé la carta. de: preposición: Déjame leer la carta de mi jefe. 2. él : pronombre personal: Me la dio él y no otra persona. el: artículo: El paquete me llegó después de la carta. 3. más: adverbio de cantidad: No me dieron más cartas para ti. mas: conjunción adversativa (igual que pero): Querría ayudarte, mas no sé cómo hacerlo 4. mí: pronombre personal: Dámelo a mí, que yo se lo daré mi: adjetivo determinativo posesivo: Nunca le prestaste tanta atención a mi carta. 5. sé: forma de los verbos saber y ser: Yo no sé cómo te metes en estos líos. (verbo saber) Sé sincero cuando te pregunte. (verbo ser) se: pronombre personal y reflexivo: Yo se lo avisé. (pronombre personal) Se lavaba la cabeza. (pronombre reflexivo) 6. sí: pronombre reflexivo o adverbio de afirmación: Mi jefe siempre me quiere cerca de sí. (pronombre) Ya te he repetido mil veces que sí . (adverbio) si: conjunción condicional: Si me lo hubieras preguntado, te lo hubiera dicho. En cambio, ti nunca lleva acento (tí), porque no tiene que diferenciarse de ningún ti átono). 7. té: sustantivo: Siempre terminas bebiéndote mi taza de té. te: pronombre personal y reflexivo: Te lo digo siempre pero nunca me escuchas. 8. tú: pronombre personal: Tú te las das de listo, y luego... tu: determinativo posesivo: Tu carta sólo ha venido a complicarlo todo 3. Acentuación de las palabras compuestas ¿Cuántas veces hemos dudado en poner o no una tilde ortográfica en una palabra compuesta? ¿Cuántas veces leemos palabras compuestas sin saber muy bien si está o no bien acentuada? Valgan estos ejemplos de Leonardo Gómez Torrego (tomados de su Gramática didáctica del español) para saber lo que debemos hacer. Palabras compuestas sin guión: cuando nos encontramos ante una palabra compuesta de dos o más lexemas, que se escriben sin guión, sólo lleva tilde, si lo necesita según las reglas generales de acentuación, el último componente. A saber: décimo + séptimo: decimoséptimo tío + vivo: tiovivo porta + lámparas: portalámparas Palabras compuestas con guión: en el caso de palabras compuestas de dos o más lexemas que se escriben con guión, cada uno de los componentes se mantiene independiente, por lo que llevan tilde siguiendo las reglas generales de acentuación. Es decir: físico + químico: físico-químico astur + leonés: astur-leonés teórico + práctico: teórico-práctico Palabras compuestas terminadas en -mente: en el caso de los adverbios terminados en -mente, la tilde se pone en el primer componente (un adjetivo), sólo en el caso de que éste lo lleve de manera independiente. Así: fuerte + -mente: fuertemente fácil + mente: fácilmente sutil + mente: sutilmente difícil + mente: difícilmente 4. Adelante / delante Estos dos adverbios se distinguen por un matiz: 1.- Adelante supone la existencia de un movimiento, real o figurado (‘seguir adelante’). 2.- Delante indica mera situación (‘estar delante’, ‘ponerse delante’). Pero no siempre la distinción resulta tan evidente y los contextos pueden llevar a una diversa utilización de ambos adverbios: a) En el caso de que se utilicen las preposiciones hacia o para, preposiciones que ya denotan la idea de movimiento, se hace uso del adverbio delante normalmente: Se fueron los tres amigos hacia delante para ver mejor la película. b) En los países hispanoamericanos, tiende a neutralizarse esta distinción a favor de adelante, que asume los dos valores: Se sentó en el banco de adelante. Del mismo modo, en Hispanoamérica suele decirse: adelante de, en vez del delante de. Por otro lado, se considera un vulgarismo el uso (cada vez más extendido) de la construcción: delante + adjetivo posesivo. Así, no son adecuados los siguientes ejemplos: *delante mío *delante suyo 5. Adonde, a donde, adónde Muchas veces se duda en la utilización de estas formas locativas, aunque su uso es sencillo si se conocen e identifican claramente sus elementos, sus funciones, equivalencias y significados. Además de las diferencias fonológicas y semánticas existentes entre estas formas (a donde y adonde son átonas y enunciativas, a la vez que adónde es tónica e interrogativa), son varias las distinciones que desde una perspectiva gramatical pueden establecerse entre ellas En su Manual de español correcto, el gramático Leonardo Gómez Torrego explica claramente su uso. Adonde: Es un adverbio relativo de lugar, siempre átono, que procede de la fusión de la preposición a y el adverbio donde. Esta forma sintética debe utilizarse solamente cuando su antecedente (sustantivo o adverbio) está explícito: Ese es el restaurante adonde vamos a cenar esta noche. (El antecedente es el restaurante.) Esta es la playa a donde venimos en vacaciones. (El antecedente es la playa.) A donde: junto con la oración que inicia, es una frase preposicional locativa que se emplea cuando no hay antecedente expreso: A donde yo voy no podéis venir vosotros. (No hay antecedente explícito.) Adonde vamos no lo sabe nadie. (No hay antecedente explícito.) Adónde: es un adverbio interrogativo locativo que introduce oraciones interrogativas y exclamativas parciales, directas o indirectas. ¿Adónde vais tan rápidos? Contadme adónde vamos a ir. No sabemos adónde se ha ido. 6. Escuchar u oír Es cierto que las lenguas cambian, y es lícito y loable que lo hagan cuando aportan novedades o creaciones poéticas o expresivas. Lo que nunca debe aceptarse sin más es la pérdida de significado sin obtener nada a cambio: ni precisión, ni variedad, ni belleza. Ese es el caso del uso abusivo de escuchar en lugar de oír. Un caso de imprecisión que, como muchos otros, quizá no proceda de ignorancia o dejadez, sino de pedantería. Hay una cierta tendencia a considerar más cultas las palabras largas y a dar de lado las cortas y quizá sea ese «prestigio de la longitud» la causa de que el breve oír vaya quedando relegado al habla de los que consideran que la supresión de matices significativos no aporta nada y puede traer algún problema. El español posee dos verbos (procedentes de los latinos audire y auscultare) con significados diferentes: oír y escuchar. Según indica el Diccionario de la lengua española de la Real Academia oír significa ‘percibir con el oído los sonidos’ y escuchar ‘aplicar el oído para oír, prestar atención a lo que se oye’. Para oír no se requiere la voluntad, para escuchar sí. Para no oír hay que taparse las orejas, para no escuchar basta no prestar atención, pensar en otra cosa. Para oír es suficiente un oído sano y un sonido perceptible, para escuchar se necesita premeditación. En muchas ocasiones se dice con la más inocente intención: No te escucho. Cuando, probablemente, lo que se pretende decir es que no se percibe bien el sonido, sin tener en cuenta que No te escucho significa: ‘no quiero oír lo que dices’, ‘no me interesa saber qué quieres comunicarme’, ‘no deseo poner atención en tus palabras... no existes para mí’. Sería más claro, e infinitamente más educado, decir: No te oigo. Veamos otros ejemplos del uso indebido del verbo escuchar: La cinta estaba estropeada y no se escuchaba la grabación. De pronto escuché un ruido ensordecedor. Habla más alto, que no te escucho. En el primer ejemplo, se supone que quien habla tenía intención de escuchar, el problema es que la grabación no se oía bien. En el segundo ejemplo, se supone que a la persona le pilla el ruido por sorpresa, por lo tanto no puede tener su atención preparada para escuchar pero sí puede oír el estruendo inesperado. En el tercer ejemplo, si alguien no escucha, da igual lo alto que hable la otra persona... si lo que sucede es que no oye porque la otra persona habla muy bajito, entonces sí que tiene sentido pedirle que suba la voz: Las formas correctas serían: La cinta estaba estropeada y no se oía la grabación. De pronto, oí un ruido ensordecedor. Habla más alto que no te oigo. 7. Por el contrario / *por contra La locución por contra es un calco del francés par contre. De esta manera, es preferible sustituirla por expresiones y formas existentes en español como por el contrario o en cambio. No me gustan las camisas que te has comprado; por contra, me entusiasman los pantalones. Debería decirse: No me gustan las camisas que te has comprado; por el contrario, me entusiasman los pantalones. No me gustan las camisas que te has comprado; sin embargo, me entusiasman los pantalones. En todo caso, como recuerda Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, este uso no es nuevo en español, ya que aparece incluso en algunas obras de Galdós de 1889: «Hubo proporción de celebrar [...] festines, de que participaban los guipuzcoanos, estimando estos como bocado exquisito el pan de trigo [...] Y por el contrario, Aura gustaba con preferencia de los caldos de habas con cecina y de la borona.» Sí que existe en español la locución adverbial en contra, que tiene el significado de ‘en oposición’: No te pongas en contra. Normalmente, lleva un complemento con de: No te pongas en contra de tus amigos. La omisión de la preposición de se considera también un rasgo de vulgarismo. 8. Porque / por que / porqué / por qué Muchas veces se duda en la utilización de estos términos, aunque su uso es claro si se conocen e identifican claramente sus funciones, equivalencias y significados: 1. Porque: conjunción causal (o final). Es átona, por lo que no lleva tilde. Otras conjunciones y locuciones causales son: como, pues, dado que, puesto que, ya que... Por ejemplo: He venido, no porque me llames, sino porque quiero. 2. Por que: secuencia formada por la preposición por y el pronombre relativo (que); equivale a por el cual, por la cual, por los cuales o por las cuales. Por ejemplo: Estas son las razones por que he querido venir. También que puede ser la conjunción subordinante: no tiene un valor causal, sino que la preposición por está exigida por el verbo. Por ejemplo: Inclinarse por: Me inclino por que no vendrá. Preocuparse por: Me preocupo por que me ha dicho que vendrá mañana. 3. Porqué: es un sustantivo masculino que significa, según el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española: «causa, razón o motivo». No quiero saber el porqué de tu enfado. 4. Por qué: Secuencia formada por la preposición por y el pronombre o adjetivo interrogativo qué, con el que se pregunta la causa o motivo de una acción: ¿Por qué has venido? Las oraciones interrogativas también pueden aparecer en el discurso indirecto, como una oración subordinada: Me gustaría saber por qué has venido. Algunos gramáticos consideran incorrecto el uso del artículo delante de las interrogativas indirectas: *Me gustaría saber el por qué has venido. Pero sí que puede decirse: Me gustaría saber el porqué de tu venida. 9. Sino y si no Ayer una amiga se dirigió a nuestro «Museo de los horrores» verdaderamente asustada por la misiva que le había enviado su novio. Nos pedía que le aclarásemos este confuso mensaje: Querida: En estos momentos de duda me preocupa la naturaleza de mi sino, que nadie sino tú conoce tan bien, porque me pregunto si no tendrá consecuencias nefastas para nosotros... Con tanto si y no junto y separado, la pobre no acababa de entender ni el mensaje ni a su novio... Leonardo Gómez Torrego, en su Manual de español correcto nos explica las distintas formas y significados de sino y si no. 1. La forma sino, presenta estos valores: a) Sustantivo masculino con el significado de ‘hado, destino’. «... me preocupa la naturaleza de mi sino...» El sino de mi vida es viajar de un lugar a otro. b) Conjunción coordinante adversativa con la que se contrapone a un concepto negativo otro afirmativo. «... nadie sino tú conoce tan bien...» No fue ella sino él quien la escribió. c) Tiene también el valor de más que, otra cosa que: La carta no hizo otra cosa sino confundirla. No me queda sino aprobar una asignatura para terminar. 2. La forma si no: Se trata de la conjunción si, en frases condicionales o concesivas, y el adverbio tónico de negación no precediendo a cualquier tipo de sintagma o frase. Si no todos, al menos han venido unos pocos. Esto me resulta si no grosero, sí impertinente. Si no me dices qué te pasa no podré ayudarte. También puede tratarse de la conjunción completiva si e introducir, por tanto, oraciones interrogativas indirectas. Comenta Leonardo Gómez Torrego (opus cit.) que esta forma se reconoce bien porque, con frecuencia, puede incrustarse en medio alguna palabra, y la oración subordinada encabezada por si puede intercambiarse con la principal. «Me pregunto si esto no tendrá consecuencias...» (Si no tendrá consecuencias, me pregunto). Dime si no quieres que me vaya. (Si no quieres que me vaya, aclárate). Además este ‘si no’ puede sustituirse por si... o no. «Me pregunto si esto tendrá consecuencias o no...» Dime si quieres que me vaya o no. Nuestra amiga no nos explicó cómo continuaba la carta. Esperamos haberle aclarado, al menos, el misterio de tanto sino. 10. Detrás de mí / *detrás mío Los posesivos nunca pueden acompañar a los adverbios, por esta razón en la norma del español peninsular, es incorrecta la utilización de expresiones como las siguientes: delante mío/mía cerca nuestro/nuestra detrás tuyo/tuya Pero no hay que olvidar que estas expresiones son muy frecuentes en Hispanoamérica, en algunas zonas meridionales de la península ibérica, así como en Canarias. Los adverbios se complementan con grupos formados por la preposición de seguidos del pronombre tónico correspondiente: Delante de mí Cerca de nosotros Detrás de ti 11. Redundancias I: A las doce del mediodía Juana Vargas nos ha enviado desde Estados Unidos este común y divertido comentario para nuestro Museo de los horrores: «Algunos locutores en Miami dicen: A las doce del mediodía o A las doce de la medianoche. ¿Tienen el mediodía y la medianoche alguna otra hora además de las doce?» En efecto, se trata de una redundancia muy extendida, ya que en los términos medianoche y mediodía ya está recogida la información de ‘las doce’. Así pues, hemos de recordar que el mediodía corresponde aproximadamente a las doce de la mañana, y la medianoche a las doce de la noche. Por otro lado, habría que colocar este horror junto a otras expresiones, como las habituales en el español peninsular: subir arriba, bajar abajo, ver con los propios ojos, etc. ¿Conoces otras redundancias similares? Háznoslas llegar para colgarlas de las paredes de nuestro Museo. y por ultimo 12. Uso de las mayúsculas La Comisión Europea, Sin Rumbo y Sin Control. No se trata de una broma. Florinda Armite lo ha leído en la página 3 del diario El Mundo del pasado 16 de marzo. Las letras mayúsculas parecen inundar los titulares de los periódicos, los eslóganes de los anuncios e, incluso, los títulos de los libros. Ponemos algunos ejemplos más: Pasión por la Pasta Banca Telefónica Subasta pública de Inmuebles Comerciales, Industriales y Residenciales en Madrid y Toledo En su Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, la Real Academia Española concreta el uso de las letras mayúsculas para los siguientes casos: a) La primera palabra de un escrito y la que vaya después de un punto. b) Todo nombre propio. c) Los atributos divinos (Criador, Redentor), los títulos y nombres de dignidad (Sumo Pontífice, Duque de Osuna...), los nombres y apodos con que se designa a determinadas personas (el Gran Capitán, Alfonso el Sabio). d) Los tratamientos, especialmente si están en abreviatura (Sr. D., Sra. Dña.). Usted, señor o don, cuando se escriben con todas sus letras, deben ir en minúscula. e) Los sustantivos y adjetivos que compongan el nombre de una institución (Instituto Cervantes, Ministerio de Educación y Cultura, Real Academia Española). f) Los nombres y adjetivos que entran en el título de una obra (Tratado de Esgrima, Ortografía Española, La Sonrisa Etrusca), aunque esta regla no se observa cuando el título es largo (Del rey abajo, ninguno, y labrador más honrado, García del Castañar). g) En las leyes, decretos y documentos oficiales, suelen escribirse con mayúsculas todas las palabras que expresen poder público (Rey, Príncipe, República, Regente...). h) Cuando no encabecen párrafo o escrito, o no formen parte de un título, se recomienda escribir con minúscula inicial los nombres de los días de la semana, de los meses, de las estaciones del año y de las notas musicales. i) Cuando se utilicen mayúsculas, se debe mantener la tilde ortográfica; este mantenimiento es especialmente necesario en las portadas de los libros, nombres geográficos, listas de nombres propios... j) La numeración romana se escribe con letras mayúsculas (Juan Carlos I, Juan Pablo I, Fernando III...). k) Las letras Ch y Ll, cuando deben escribirse en mayúsculas, sólo se escribirá en mayúscula la primera parte de estas letras compuestas o dobles: Chinchilla (nunca *CHinchilla), o Llerena (nunca *LLerena). l) Después de dos puntos, se ha de escribir en letra minúscula, excepto en los siguientes casos: cuando se citen a continuación palabras textuales, cuando siguen a las fórmulas de encabezamiento de cartas, decretos, resoluciones, sentencias, etc., cuando siguen a ciertas fórmulas de cortesía, como Señor director; Expone... El Libro de estilo de El País comienza de este modo el apartado dedicado al uso de mayúsculas y minúsculas: Hay que evitar la proliferación o utilización innecesaria de las letras mayúsculas. Consejo que no estaría mal que algunos repitieran mil veces antes de ponerse a escribir, aunque tampoco ha de olvidarse que el uso de las letras mayúsculas puede deberse a una consciente función expresiva: con la letra mayúscula se añaden al sustantivo (o adjetivo) ciertas connotaciones afectivas, se resalta de su contexto. Este uso pragmático de las letras mayúsculas es el que domina en algunos de los eslóganes publicitarios con los que comenzábamos este uso horroroso del español. Espero y les sirva de mucha utilidad y podamos correguir errores que cometemos a diario, es todo por hoy no olviden visitar mis otros post. Saludos desde colombia
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