La autocracia, como régimen político, representa la contracara de la democracia. Por ello podríamos designar los distintos tipos de regímenes que integran este concepto con el nombre común de antidemocracia. También se hace referencia a este sistema con otras denominaciones, como tiranía, dictadura, totalitarismo, autoritarismo, absolutismo, etc.
Se trata de palabras sinónimas o bien de distintas variantes o especies del mismo concepto. La autocracia se caracteriza por:
• Concentración del poder en manos de un solo hombre, órgano o grupo social que ha accedido a él a través de la fuerza o por herencia.
• Negación de la libertad y de la igualdad de las personas. Estos valores son suprimidos o al menos gravemente atacados, por lo tanto la dignidad del hombre se ve indefectiblemente lesionada.
• Consideración del Estado como una entidad superior al hombre. El Estado deja de ser un medio para la convivencia y el perfeccionamiento de la persona humana, para transformarse en un fin en sí mismo. En consecuencia, la razón de Estado, es decir, las supuestas necesidades que él experimente, justificarán el quebrantamiento o la eliminación de todos los derechos y las libertades de los hombres.
• El poder no se encuentra sometido a control efectivo alguno, es omnímodo e ilimitado.
• Los ciudadanos no tienen ningún tipo de participación en los asuntos públicos. No se la consulta, no se la escucha, convirtiéndose / en un sujeto pasivo sometido a la voluntad del gobernante.
Los gobernados deben acatar ciegamente las decisiones de los gobernantes sin tener la posibilidad de cuestionamiento alguno. De esta manera la opinión pública no cuenta, y la oposición política es inexistente
Distintos tipos de autocracias
La autocracia, del mismo modo que la democracia, reconoce distintos tipos de gobiernos, los que presentan matices diferentes. Si observamos la evolución de estos regímenes durante la época contemporánea, veremos que hasta la Primera Guerra Mundial (1914-1918) las únicas autocracias eran los viejos sistemas monárquicos. Después, con el correr del siglo y a partir de la instalación del fascismo en Italia y del nazismo o nacional-socialismo en Alemania se diversifican y proliferan distintos tipos de dictaduras, en países de los diversos continentes.
Distintos tipos de sistemas autoritarios han existido y aún subsisten en muchos países de Europa Oriental y, especialmente, en el Tercer Mundo. Pese a las diferencias que presentan todos ellos, siempre se encuentran en su interior los elementos fundamentales que acabamos de desarrollar, claro que bajo modalidades muy diversas.
Las dictaduras fascistas
La palabra fascismo es el nombre con el que se designó el régimen político que existió en Italia de 1922 a 1943. Este sistema tuvo luego muchos imitadores, empezando por el nacional socialismo alemán (1933-1945).
En la actualidad, a todas estas dictaduras se las denomina, genéricamente, con la expresión: dictaduras fascistas.
El fascismo afirma que todos los hombres no son iguales, y que por consiguiente algunos hombres se encuentran más dotados que otros para gobernar y dirigir indefinidamente la sociedad.
Según el fascismo, esta desigualdad sería de un orden natural, es decir que no habría posibilidad alguna de superarla. En consecuencia siempre existirá la misma estructura de poder, independientemente de los cambios que pueda manifestar la sociedad Este aspecto era señalado por el nacional socialismo en Alemania a través de la afirmación de la superioridad de la raza aria y de su supremacía.
A partir de esa afirmación se construyó y justificó el racismo y el antisemitismo, que era sistemáticamente practicado por el Estado Desde el poder se organizó y ejecutó el exterminio de los judíos quienes eran considerados enemigos del pueblo alemán y culpables de todos los problemas que lo aquejaban. Una de las particularidades de estos sistemas es la búsqueda de un "chivo emisario" es decir, de un enemigo sobre el cual se descargan todas las culpas y gracias al cual se justifican las medidas más arbitrarias e injustas.
En el fascismo desaparece el individuo, lo que prevalece es el grupo, la colectividad, y por lo tanto el individuo debe ser sacrificado por el bien de ella. Por ese motivo el Estado puede intervenir en todos los ámbitos de desarrollo de la persona humana, en lo familiar, en lo intelectual, en lo religioso. Esto produce rápidamente la supresión de todas las libertades políticas y de los derechos individuales. Lo que no significa desconocer la importancia de los vínculos de solidaridad que deben imperar en el grupo y que obligan a los individuos a renunciar a algo propio en beneficio del bien común. En los sistemas totalitarios la solidaridad no surge espontáneamente, sino que se la invoca para imponerle a los individuos medidas que importan la pérdida o el debilitamiento de sus derechos.
Las instituciones del fascismo son básicamente la presencia de UE jefe absoluto a quien se le rinde un culto particular, y la existencia de un partido único.
Cuando se celebran elecciones se presentan candidatos únicos para los cargos en disputa, con lo cual la ciudadanía con su voto no hace otra cosa que ratificar o rechazar a personas previamente seleccionadas en el seno del partido.
Muchas veces el jefe recurre al plebiscito para conseguir la aprobación de medidas ya adoptadas, y que se imponen a la sociedad prohibiendo la expresión de toda crítica o idea opuesta a ellas.
En pleno nazismo, Hitler recurrió al plebiscito para obtener la aprobación de la anexión de Austria, y de territorios de otros países limítrofes, a Alemania.
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