Un puchero de té
Un día Nasrudin estaba en un banquete cuando observó a un hombre ricamente vestido llenando de comida sus bolsillos.
—Es para mi esposa, no podía venir así que le dije que le llevaría a casa algo de comida para ella, se excusaba al advertir ser descubierto.
Sin decir palabra, Nasrudín abrió el bolsillo del hombre y vertió en él un puchero de té.
—¿Qué estás haciendo?, gritó el avaro.
—Cuando tu mujer se haya comido todo eso, tendrá que beber algo, contestó el Mullah.
El hijo del Mullah
El Mullah Nasrudin estaba caminando con su hijo, cuando un cortejo fúnebre pasó por allí.
El hijo del Mullah apuntaba al ataúd y le preguntó:
—¿Qué hay en esa caja?
Nasrudin contestó:
—Un hombre, hijo mío.
El hijo continuó,
—¿Dónde lo llevan, y por qué están tan tristes?
—Están tristes porque lo trasladan a un lugar donde no hay comida, ni bebida, ni pan, ni agua, ni fuego, ni oro, ni alfombras, ni tan siquiera una pequeña alfombra, dijo Nasrudin.
El hijo respondió:
—Debe ser que lo llevan a nuestra casa.
No hay mucha competencia
El hombre, nuevo en la ciudad, se sincera:
—Mullah Nasrudín, he venido aquí a vivir honradamente.
—Bueno, dijo el Mullah, no hay mucha competencia.
El secreto
Nasrudín miró por sobre una tapia y contempló un césped magnífico, verde y suave cual fino terciopelo. Le preguntó al jardinero, que lo estaba regando:
—¿Cuál es el secreto para lograr un césped como éste?
—No hay ningún secreto, respondió el hombre, y si baja hasta aquí no tengo inconveniente en decírselo.
—Maravilloso, dijo el Mullah, descendiendo atropelladamente. Haré uno igual para mí. Convertiré todo mi jardín en un parque como éste.
—El método es, simplemente, plantar el césped, limpiar los yuyos y mantenerlo, desde ya, raso y parejo. Cortarlo con frecuencia, explicó el jardinero.
¡Oh, yo puedo hacer todo eso! ¿Y cuánto tiempo hay que esperar para tener un césped en estas condiciones?
—Unos 800 años.
—Después de todo me gusta el paisaje sin césped que veo desde mi ventana, dijo Nasrudín.
Miedo
—Te haré ahorcar, dijo a Nasrudin un rey malvado, si no pruebas que tienes las profundas percepciones que se te atribuyen.
Nasrudin replicó en seguida que podía ver un pájaro de oro en el cielo y demonios en el interior de la tierra.
—Pero, ¿cómo puedes verlo?, replicó el rey.
—Miedo, dijo el Mullah, es cuanto necesito.
La feria
La feria de los asnos estaba en su momento álgido entre una multitud de campesinos. En medio del barullo, se oyó afirmar a alguien:
—¡Aquí no hay más que burros y campesinos! Nada más.
—¿Eres campesino tú también?, le preguntó Nasrudin.
—¿Yo?, no, no soy campesino.
—¡Entonces, no me digas más!, enfatizó el Mullah.
Se dice aash
Al escuchar que un hombre quería aprender el idioma kurdo, Nasrudin se ofreció a enseñarle. Su conocimiento de esa lengua se limitaba a unas pocas palabras.
—Comenzamos con la palabra que en kurdo significa "sopa caliente". Se dice aash.
—¿Y cómo se dice sopa fría?, preguntó el hombre.
—Pues, nunca se dice sopa fría. A los kurdos les gusta tomar la sopa caliente.
La nota correcta
Un día, el Mullah Nasrudín estaba en el mercado tocando la guitarra,
y siempre la misma nota. Después de un rato una multitud se reunió alrededor de él, y uno de los hombres, sentado en el suelo, dijo:
—Es una linda nota la que estás tocando, Nasrudín, pero, ¿por que no varias un poco la música como hacen los otros?
—Oh, esos tontuelos... están buscando la nota correcta. Yo ya la he encontrado, dijo el Mullah.
Un día Nasrudin estaba en un banquete cuando observó a un hombre ricamente vestido llenando de comida sus bolsillos.
—Es para mi esposa, no podía venir así que le dije que le llevaría a casa algo de comida para ella, se excusaba al advertir ser descubierto.
Sin decir palabra, Nasrudín abrió el bolsillo del hombre y vertió en él un puchero de té.
—¿Qué estás haciendo?, gritó el avaro.
—Cuando tu mujer se haya comido todo eso, tendrá que beber algo, contestó el Mullah.
El hijo del Mullah
El Mullah Nasrudin estaba caminando con su hijo, cuando un cortejo fúnebre pasó por allí.
El hijo del Mullah apuntaba al ataúd y le preguntó:
—¿Qué hay en esa caja?
Nasrudin contestó:
—Un hombre, hijo mío.
El hijo continuó,
—¿Dónde lo llevan, y por qué están tan tristes?
—Están tristes porque lo trasladan a un lugar donde no hay comida, ni bebida, ni pan, ni agua, ni fuego, ni oro, ni alfombras, ni tan siquiera una pequeña alfombra, dijo Nasrudin.
El hijo respondió:
—Debe ser que lo llevan a nuestra casa.
No hay mucha competencia
El hombre, nuevo en la ciudad, se sincera:
—Mullah Nasrudín, he venido aquí a vivir honradamente.
—Bueno, dijo el Mullah, no hay mucha competencia.
El secreto
Nasrudín miró por sobre una tapia y contempló un césped magnífico, verde y suave cual fino terciopelo. Le preguntó al jardinero, que lo estaba regando:
—¿Cuál es el secreto para lograr un césped como éste?
—No hay ningún secreto, respondió el hombre, y si baja hasta aquí no tengo inconveniente en decírselo.
—Maravilloso, dijo el Mullah, descendiendo atropelladamente. Haré uno igual para mí. Convertiré todo mi jardín en un parque como éste.
—El método es, simplemente, plantar el césped, limpiar los yuyos y mantenerlo, desde ya, raso y parejo. Cortarlo con frecuencia, explicó el jardinero.
¡Oh, yo puedo hacer todo eso! ¿Y cuánto tiempo hay que esperar para tener un césped en estas condiciones?
—Unos 800 años.
—Después de todo me gusta el paisaje sin césped que veo desde mi ventana, dijo Nasrudín.
Miedo
—Te haré ahorcar, dijo a Nasrudin un rey malvado, si no pruebas que tienes las profundas percepciones que se te atribuyen.
Nasrudin replicó en seguida que podía ver un pájaro de oro en el cielo y demonios en el interior de la tierra.
—Pero, ¿cómo puedes verlo?, replicó el rey.
—Miedo, dijo el Mullah, es cuanto necesito.
La feria
La feria de los asnos estaba en su momento álgido entre una multitud de campesinos. En medio del barullo, se oyó afirmar a alguien:
—¡Aquí no hay más que burros y campesinos! Nada más.
—¿Eres campesino tú también?, le preguntó Nasrudin.
—¿Yo?, no, no soy campesino.
—¡Entonces, no me digas más!, enfatizó el Mullah.
Se dice aash
Al escuchar que un hombre quería aprender el idioma kurdo, Nasrudin se ofreció a enseñarle. Su conocimiento de esa lengua se limitaba a unas pocas palabras.
—Comenzamos con la palabra que en kurdo significa "sopa caliente". Se dice aash.
—¿Y cómo se dice sopa fría?, preguntó el hombre.
—Pues, nunca se dice sopa fría. A los kurdos les gusta tomar la sopa caliente.
La nota correcta
Un día, el Mullah Nasrudín estaba en el mercado tocando la guitarra,
y siempre la misma nota. Después de un rato una multitud se reunió alrededor de él, y uno de los hombres, sentado en el suelo, dijo:
—Es una linda nota la que estás tocando, Nasrudín, pero, ¿por que no varias un poco la música como hacen los otros?
—Oh, esos tontuelos... están buscando la nota correcta. Yo ya la he encontrado, dijo el Mullah.