Una leyenda urbana (falsa) bastante difundida es que los graznidos del pato no producen eco (falsa porque las variaciones acústicas del graznido de un pato y de su eco son tan parecidas que se superponen casi totalmente).

actualmente se ha comprobado que no es así, y que sí produce eco. Pues bien, para comprobar esto, los científicos de la Universidad de Salford, Inglaterra, grabaron el sonido de una pata llamada ‘Daysi’.

Mediante el uso de una cámara de ‘reverberación’, comprobaron que las vibraciones sónicas que emiten estas aves sí hace eco, aunque es poco perceptible. La idea errónea surgió por que los patos no graznan cerca de superficies que relejan el sonido, sino siempre en áreas abiertas.
PRUEBAS!
La segunda grabación producida en un recinto reverberante no se llega a producir eco porqué el sonido es rebotado en todo su perímetro y nunca hay un espacio de tiempo para que el oído llegue a interpretar como si hubiera dos sonidos. Obtenemos múltiples sonidos que se suman al sonido original y lo alargan varios segundos. El oído humano necesita 50 milisegundos para diferenciar un sonido como doble.
Había un episodio de los Mythbusters, serie altamente recomendable, en la que se metían con este problema. En efecto, el eco de un graznido de pato existía pero era muy difícil de detectar.
Trevor Cox descubrió que las frecuencias que componen el enigmático "cuack" no son mágicas sino que simplemente resultan difícilmente percibibles por el oído humano.
Una de las hipótesis sobre por qué se oye tan mal el eco de un pato es que el sonido empieza muy gradualmente y acaba igual, por lo que el eco es más difícil de escuchar. Todos lo hemos probado alguna vez: cuando encontramos un sitio con buen eco, lo que mejor se oye es un sonido corto y potente, tipo "¡Eh!", en lugar de un "eeeEEEeee".
¡Fin del mito!, ¡un saludo a todos!.

