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Ana Karenina - León Tolstói, Ana Karenina, 1877
Ana no vestía de fila, como supusiera Kitty, sino de negro, con un traje muy descotado, que dejaba ver sus esculturales hombros que parecían tallados en marfil antiguo, su pecho y sus brazos torneados, rematados por finas muñecas. Su vestido estaba adornado con encajes de Venecia; una guirnalda de nomeolvides adornaba sus cabellos, peinados sin postizo alguno, y prendido en el talle, entre los negros encajes, llevaba un ramo de las mismas flores. Su peinado era sencillo y sólo destacaban en él los bucles de sus cabellos rizados, que se escapaban por la nuca y las sienes. En el cuello, firme y bien formado, ostentaba un hilo de perlas.
Dorian Gray - Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray, 1890
A las ocho y media, unos criados que prodigaban reverencias hicieron entrar en el salón de Lady Narborough a Dorian Gray, vestido de punta en blanco y con un ramillete de Violetas de Parma en el ojal de la chaqueta.
Midori Kobayashi - Haruki Murakami, Tokio blues (Norwegian Wood), 1987
Al bajar al vestíbulo, vi a Midori vestida con una minifalda tejana increíblemente corta, sentada en una silla con las piernas cruzadas, bostezando. Al pasar, los chicos que iban a desayunar se comían con los ojos las piernas largas y delgadas de Midori.
Jay Gatsby - F. Scott Fitzgerald, El gran Gatsby, 1925
Una hora después la puerta del frente se abrió nerviosamente y Gatsby, en un vestido de paño blanco, camisa color plata y corbata dorada, se apresuró a entrar.
Orlando - Virginia Woolf, Orlando, 1928
Orlando, ahora, se había lavado y vestido con esas casacas y bombachas turcas que sirven indiferentemente para uno y otro sexo; y tuvo que enfrentar su situación.
Holly Golightly - Truman Capote, Desayuno en Tiffany's, 1958
Ella seguía subiendo la escalera, llegó a su piso, y la luz del rellano iluminó la mezcolanza de colores de su pelo cortado a lo chico, con franjas leonadas, mechas de rubio albino y rubio amarillo. Era una noche calurosa, casi de verano, y Holly llevaba un fresco vestido negro, sandalias negras, collar de perlas. Pese a su distinguida delgadez, tenía un aspecto casi tan saludable como un anuncio de cereales para el desayuno, una pulcritud de jabón al limón, una pueblerina intensificación del rosa en las mejillas. Tenía la boca grande, la nariz respingosa. Unas gafas oscuras le ocultaban los ojos.