
Hay trabajos interesantes, divertidos, mejor pagados, o más o menos duros. Y luego están los que despiertan envidia en todo aquel que oye hablar de ellos. Es el caso de los jugadores profesionales de videojuegos, como Babeta, que trata de hacer de su pasión su medio de vida.
"Mi madre, que no sabe de ordenadores, cree que esto es un chorrada", confiesa Babeta. Este joven de 26 años, cuyo nombre real es Aaron Collados, está oficialmente en paro, pero trata de ganarse la vida jugando al League of Legends, un videojuego online con 26 millones de usuarios registrados.
Aunque admite que de momento no llega a vivir de ello, no descarta lograrlo en un futuro . Y explica que la figura del jugador profesional, que gracias al patrocinio viaja de torneo en torneo para competir con jugadores de otros países, es extensamente reconocida en otros lugares, especialmente en los asiáticos, como Corea. Y es que, por sus horarios, por sus exigencias, dedicarse a esto de los videojugeos es todo un trabajo y requiere sacrificio: "En mi equipo entrenamos de domingo a jueves cuatro horas diarias todos juntos. Y luego individualmente lo que cada uno pueda".
Ni que decir tiene que ni Babeta, ni sus otros cuatro compañeros en Ozone Giants sacan tiempo para ningún otro videojuego. Su objetivo es ser los mejores para clasificarse y jugar cuantos más torneos mejor. "Ahora nos estamos preparando para participar en un torneo que organiza a finales de diciembre Riot Games, la editora del juego, en el que escogerán a los ocho mejores del League of Legends en cada continente. Los escogidos entrarán en un equipo profesional y tendrán un salario, además de participar de manera exclusiva en eventos de Riot Games". Si lo logra, tal vez Aaron pueda convencer a su madre.