El triangulo de Bennington, misterio en el condado de Virginia
El triangulo de las Bermudas no es el único sitio donde la gente desaparece, en los bosques de Virginia hallamos una zona boscosa donde la gente desaparece.
Cerca del monte Glastonbury, Virginia, Estados Unidos, hallamos una zona boscosa a la que los lugareños han tildado de maldita por las extrañas desapariciones que un día se dieron en dicha zona.
Al igual que ocurre con el triangulo del Dragón o con el de las bermudas, las extrañas desapariciones que acontecieron en la zona, quedaron sin explicación pasando a fomentar la creencia de que la zona está maldita.
Misteriosas desapariciones en Bennigton
La primera de esas desapariciones nos remonta al año 1945, cuando Henry MacDovell, prófugo de un psiquiátrico, desapareció en dicho bosque sin dejar rastro y sin que se volviese a saber nada de él hasta la fecha.
Al parecer, este hombre había sido acusado de la muerte de otro hombre en dicho bosque. Pese a que no se encontró rastro alguno de dicho suceso, el desaparecido fue acusado de tal crimen y, posteriormente, recordado por su “desaparición”.
Varios días después de este suceso, el 12 de Diciembre, un hombre llamado Middie Rivers que trabajaba como guía de montaña desaparecía ante los ojos del conjunto de excursionista con el que estaba trabajando.
Este fue uno de los primeros casos misteriosos ya que, según los testigos, el grupo se hallaba en una zona cercana a la carretera de Long Trail, encabezados por Midde que, según estos mismos testigos, simplemente desapareció sin dejar el más mínimo rastro.
Un año más tarde, el 1 de Diciembre de 1946, la joven estudiante, Paula Welden, se adentraba en la espesura de este bosque con la pretensión de realizar un poco de senderismo. Huelga decir, que fue lo último que se supo de ella.
Pese a que se organizaron batidas de buscadores para intentar encontrarla, lo cierto es que no se logró hallar el más mínimo rastro de la joven pasando a engrosar la lista de personas que el bosque engullía.
Con posterioridad, el día 1 de diciembre de 1949, se produjo lo que sería la desaparición más extraña de todas protagonizada por James E. Tetford, el cual desapareció dentro de un autobús.
Según parece, esta desaparición se produjo mientras el autobús se encontraba en movimiento hacia la ciudad de Bennington donde nunca llegó pese a que muchos de los pasajeros afirmaron verlo en dicho vehículo.
Sobre ese año también existe el rumor de la desaparición de tres cazadores que se adentraron en el bosque y de los que nunca se volvió a saber. Esto forma parte de la leyenda urbana ya que no existe documentación oficial o extraoficial al respecto.
Al año siguiente, la primera víctima que registraba la zona fue la de un niño de ocho años, Paul Jepson, que desapareció de la vista de su madre el 12 de Diciembre, mientras esta realizaba labores domésticas.
Este suceso motivó una búsqueda exhaustiva en la que fueron empleados incluso perros de rastreo pero los animales solo pudieron rastrear al niño a través del bosque hasta una autopista cercana donde se perdía el rastro.
Estos hechos motivaron que los cuerpos de seguridad pensaran que el pequeño fue visto en la autovía e introducido en algún vehículo que circulaba por la zona en un intento de salvarle la vida o con la intención de pedir un rescate pero lo cierto es que nunca se volvió a saber de él.
La última de las desapariciones fue la protagonizada por Frieda Langer, una joven que desaparecía el 28 de Octubre de 1950 mientras se encontraba de excursión con un primo suyo.
Según declaró este, Frieda se cayó en un charco de lodo y decidió volver al campamento para cambiarse de ropa mientras que él la esperaba en aquella zona. Nunca volvieron a reunirse ya que Frieda nunca volvió al campamento.
Esta última desaparición fue motivo de un enorme dispositivo de búsqueda en la que colaboraron hasta los militares. Frieda fue buscada por tierra y aire sin ser hallada, aunque siete meses después fue hallado su cadáver en un claro que previamente había sido peinado por los cuerpos de seguridad.
Asimismo, la autopsia posterior no pudo aclarar el misterio ya que el estado en el que fue hallado el cuerpo y el tiempo transcurrido imposibilitó el trabajo de los cuerpos forenses.
Explicaciones que no explican
Tras esta desaparición, no se han vuelto a registrar más desapariciones por la zona pero esta quedó marcada como uno de los lugares donde la naturaleza parece comerse a las personas de la forma más absoluta.
La falta de luz que arrojaron las respectivas investigaciones hizo que muchos pensaran que en la zona se hallaba escondido un homicida en serie en la zona. Esta teoría se sostenía en que todas las víctimas habrían sido atacadas en el último trimestre del año pero lo extraño de las desapariciones, lo heterogéneo de los desaparecidos y la ausencia total de rastros pronto echa por tierra gran parte de esta teoría, aunque daba una explicación satisfactoria a la última desaparición.
Otros opinan que la mayoría de las desapariciones se debieron a desgraciados accidentes de montañas ya que, dada la época en la que se produjeron, hacia final de año, el suelo del bosque se cubre de hojarasca que puede ocultar pozos y simas donde las victimas abrían caído desprevenidas.
Esta teoría, aunque posible, también pierden peso, en especial, en la historia de James E. Tetford que viajaba en un autobús. Además, los rastreos de la zona corroboraron la ausencia de estos accidentes geográficos en la zona.
Sea como fuere, lo cierto es que estos sucesos, probablemente, tengan una explicación razonable y se deban a diferentes motivos aunque los vecinos de la zona no dejen de advertir que el triangulo de Bennington es una zona maldita donde la gente desaparece sin dejar rastro.