Salió la ley del casamiento gay: las cosas que ya no serán posibles en un matrimonio homosexual
El Congresó aprobó el matrimonio gay, y ahora habrá que estar atentos a formidables cambios que se producirán en la vida cotidiana de los argentinos. Para empezar, para los integrantes de las parejas que harán uso de la reforma, habrá cosas que en los matrimonios heterosexuales son habituales pero para ellos estarán absolutamente vedadas.
Los que peor la pasarán serán quienes vivieron una etapa hétero en sus vidas, matrimonio incluido, y ahora, tras sincerar sus opciones sexuales, encararán una nueva empresa familiar, esta vez vía casamiento gay.
Pero vayamos a los bifes (o sea, al nudo de la nota, ey, suéltense).
Lo que no podrán hacer ellos
Tirarse pedos en la cama. Excusas tales como "el organismo de nosotros, los hombres, es así, por eso ustedes las minas se pueden aguantar", ya no podrán esgrimirse para justificar las sordas y letales emisiones gasíferas intrasábanas. No, no, no, señorcito, a salir de la camucha, cagarse de frío, e ir al baño.
Justificar todas las llegadas tarde mediante el fútbol. Antes, el hombre de trampa salía a las cinco de la tarde "para jugar un fulbito con los vagos", y volvía a las dos de la madrugada. Cuando la jermu lo entraba a putear (o incluso a cachetear), el tipo decía: "¡Pero qué te ponés así, boluda, obvio que uno no es que juega y después ya se vuelve. Se toma una Coca con los muchachos. ¡¡Y encima era un triangular, pelotuda!!¡Averiguá antes de hablar!"
Claro, la yegua quedaba cabreada igual, pero en el fondo se le iban a las certezas al carajo, y se le generaba la duda por la cual tarde o temprano llegaría el perdón, y a veces hasta un pedido de disculpas. Es que ella hacía cuentas y no le parecía loco que "el triangular", entonces, se haya jugado con partidos en los que primer y segundo tiempo duraban una hora y media cada uno. Pero ¿y ahora?¿Cómo armar la misma jugada con una "señora" que se conoce las tablas de posiciones de todas las ligas europeas de arriba a abajo?
¡Ya no hay "la otra"! El fantasma del engaño, "la otra", desaparece en el matrimonio gay masculino. ¿Es eso una ventaja? No, en absoluto. Es verdad, ahora la pareja no mirará con desconfianza a la secretaria de él, ni a la mina que le hace los masajes en el spa, ni a la cuñada divina que lo saluda con excesivo afecto en cada reunión familiar. Pero eso no significa que habrá paz ni liberación.
Ahora, habrá que escuchar planteos como "¿hacía falta que me dejes como un boludo mientras te saludabas así con mi hermano en lo de mamá?¡Faltó que se coman la boca para servirse el budín de pan, nomás!", o "¿tenían que ser todos hombres los albañiles que trajiste para arreglar la cochera?"
"A vos te llenan la cabeza las resentidas de tus amigas". En una pareja hétero, el hombre siempre tiene el recurso, ante un interrogatorio complicado, de atribuir las sospechas de ella a la sed de venganza de género de sus amigas, que en su casi totalidad son minas divorciadas/abandonadas/mal empomadas/a punto de ser colgadas por sus maridos. Chau, esta táctica ya no estará más a mano.
"El asado te corresponde a vos". En el matrimonio clásico, la mujer lograba zafar del laburo de cocinar en los días de parrillada, con un argumento irrefutable: los asados son cosas de hombres. Ahora, con el matrimonio gay, el asunto puede llegar a terminar a las trompadas y con una triste sangucheada.
"No me gustan tus amigos". Un poder de veto que la mujer ejercía con frecuencia en las relaciones heterosexuales. Entre hombres no será posible, porque los amigos, en el noventa por ciento de los casos, ¡son los mismos!
No van a entender las películas con personajes complejos. Los dramas bien trabajados, esos donde hay personajes intensos, con varias aristas, quedarán en este tipo de matrimonio como una eterna incógnita, al no haber integrante mujer que pueda explicar qué pasó dentro de cada protagonista de la historia.
Lo que no podrán hacer ellas
"¿Para qué te voy a llevar si vos te aburrís?" Las "reuniones de mujeres" que en un matrimonio convencional se organizaban para que las atorrantas pudieran ver a sus amantes, tenían una existencia virtual y eran convocadas a sabiendas de que los maridos ni en pedo irían a ellas, privándose de cualquier tipo de control de fidelidad. En las parejas homosexuales femeninas olvídense de esa coartada.
Los asados serán una mierda. La contracara de lo mencionado antes para las parejas de hombres. Las costillas carbonizadas, el vacío crudo, los chorizos achicharrados. Eso sí: las ensaladitas bien armaditas, organizadas por colores y con las remolachas cortadas en forma de estrellas.
Arruinarán cualquier película de acción. Se retroalimentarán, al ver pelis de la onda "Duro de matar", con comentarios del tipo "Yo no sé cómo puede dormir después de haber matado tanta gente"; "¡Uy, cómo le van a quedar las manos!" (en la escena en la que él baja de un edificio en llamas utilizando una soga); o "por ahí lo que le falta es contención" (al ver a Terminator hacer mierda todo un precinto neoyorquino ametrallando policías por docenas).
Las ratas y Ricardo Arjona (si es que se trata de dos cosas distintas) dominarán el planeta. Ratas y ratones irán aprendiendo a identificar en qué casas viven matrimonios de mujeres, para instalarse allí a sabiendas de que ninguna de ellas tendrá el valor de hacerles frente. En esas viviendas se irán reproduciendo, lo que, sumado a que todo el día escucharán CD's de Ricardo Arjona (sin que haya un hombre que ponga freno a tanto desquicio musical), implicará lisa y llanamente el fin de la humanidad.
Los mundiales serán un gran desconcierto. Al ser incapaces genéticamente de entender la ley del offside, en cada Copa del Mundo (la única vez que verán fútbol) contarán los goles en posición adelantada, y terminarán de ver los partidos con resultados totalmente distintos a los reales.
Además, festejarán jugadas que en realidad fueron en contra de la Argentina; lamentarán la expulsión de jugadores contrarios; gritarán "¡mano, mano!" en los saques laterales; apagarán la tele y se irán a la calle cuando en realidad apenas terminó el primer tiempo; volverán a gritar los goles en las repeticiones que se pasan minutos después de convertidos para adornar las transmisiones televisivas; verán las proyecciones en diferido de las madrugadas repletas de nervios pensando que son partidos-revancha de los encuentros jugados durante el día, y más cosas por el estilo.
Y tú, oh, lector gay, bi o hétero, ¿qué otras cosas te ves venir?
FUENTE
El Congresó aprobó el matrimonio gay, y ahora habrá que estar atentos a formidables cambios que se producirán en la vida cotidiana de los argentinos. Para empezar, para los integrantes de las parejas que harán uso de la reforma, habrá cosas que en los matrimonios heterosexuales son habituales pero para ellos estarán absolutamente vedadas.
Los que peor la pasarán serán quienes vivieron una etapa hétero en sus vidas, matrimonio incluido, y ahora, tras sincerar sus opciones sexuales, encararán una nueva empresa familiar, esta vez vía casamiento gay.
Pero vayamos a los bifes (o sea, al nudo de la nota, ey, suéltense).
Lo que no podrán hacer ellos
Tirarse pedos en la cama. Excusas tales como "el organismo de nosotros, los hombres, es así, por eso ustedes las minas se pueden aguantar", ya no podrán esgrimirse para justificar las sordas y letales emisiones gasíferas intrasábanas. No, no, no, señorcito, a salir de la camucha, cagarse de frío, e ir al baño.
Justificar todas las llegadas tarde mediante el fútbol. Antes, el hombre de trampa salía a las cinco de la tarde "para jugar un fulbito con los vagos", y volvía a las dos de la madrugada. Cuando la jermu lo entraba a putear (o incluso a cachetear), el tipo decía: "¡Pero qué te ponés así, boluda, obvio que uno no es que juega y después ya se vuelve. Se toma una Coca con los muchachos. ¡¡Y encima era un triangular, pelotuda!!¡Averiguá antes de hablar!"
Claro, la yegua quedaba cabreada igual, pero en el fondo se le iban a las certezas al carajo, y se le generaba la duda por la cual tarde o temprano llegaría el perdón, y a veces hasta un pedido de disculpas. Es que ella hacía cuentas y no le parecía loco que "el triangular", entonces, se haya jugado con partidos en los que primer y segundo tiempo duraban una hora y media cada uno. Pero ¿y ahora?¿Cómo armar la misma jugada con una "señora" que se conoce las tablas de posiciones de todas las ligas europeas de arriba a abajo?
¡Ya no hay "la otra"! El fantasma del engaño, "la otra", desaparece en el matrimonio gay masculino. ¿Es eso una ventaja? No, en absoluto. Es verdad, ahora la pareja no mirará con desconfianza a la secretaria de él, ni a la mina que le hace los masajes en el spa, ni a la cuñada divina que lo saluda con excesivo afecto en cada reunión familiar. Pero eso no significa que habrá paz ni liberación.
Ahora, habrá que escuchar planteos como "¿hacía falta que me dejes como un boludo mientras te saludabas así con mi hermano en lo de mamá?¡Faltó que se coman la boca para servirse el budín de pan, nomás!", o "¿tenían que ser todos hombres los albañiles que trajiste para arreglar la cochera?"
"A vos te llenan la cabeza las resentidas de tus amigas". En una pareja hétero, el hombre siempre tiene el recurso, ante un interrogatorio complicado, de atribuir las sospechas de ella a la sed de venganza de género de sus amigas, que en su casi totalidad son minas divorciadas/abandonadas/mal empomadas/a punto de ser colgadas por sus maridos. Chau, esta táctica ya no estará más a mano.
"El asado te corresponde a vos". En el matrimonio clásico, la mujer lograba zafar del laburo de cocinar en los días de parrillada, con un argumento irrefutable: los asados son cosas de hombres. Ahora, con el matrimonio gay, el asunto puede llegar a terminar a las trompadas y con una triste sangucheada.
"No me gustan tus amigos". Un poder de veto que la mujer ejercía con frecuencia en las relaciones heterosexuales. Entre hombres no será posible, porque los amigos, en el noventa por ciento de los casos, ¡son los mismos!
No van a entender las películas con personajes complejos. Los dramas bien trabajados, esos donde hay personajes intensos, con varias aristas, quedarán en este tipo de matrimonio como una eterna incógnita, al no haber integrante mujer que pueda explicar qué pasó dentro de cada protagonista de la historia.
Lo que no podrán hacer ellas
"¿Para qué te voy a llevar si vos te aburrís?" Las "reuniones de mujeres" que en un matrimonio convencional se organizaban para que las atorrantas pudieran ver a sus amantes, tenían una existencia virtual y eran convocadas a sabiendas de que los maridos ni en pedo irían a ellas, privándose de cualquier tipo de control de fidelidad. En las parejas homosexuales femeninas olvídense de esa coartada.
Los asados serán una mierda. La contracara de lo mencionado antes para las parejas de hombres. Las costillas carbonizadas, el vacío crudo, los chorizos achicharrados. Eso sí: las ensaladitas bien armaditas, organizadas por colores y con las remolachas cortadas en forma de estrellas.
Arruinarán cualquier película de acción. Se retroalimentarán, al ver pelis de la onda "Duro de matar", con comentarios del tipo "Yo no sé cómo puede dormir después de haber matado tanta gente"; "¡Uy, cómo le van a quedar las manos!" (en la escena en la que él baja de un edificio en llamas utilizando una soga); o "por ahí lo que le falta es contención" (al ver a Terminator hacer mierda todo un precinto neoyorquino ametrallando policías por docenas).
Las ratas y Ricardo Arjona (si es que se trata de dos cosas distintas) dominarán el planeta. Ratas y ratones irán aprendiendo a identificar en qué casas viven matrimonios de mujeres, para instalarse allí a sabiendas de que ninguna de ellas tendrá el valor de hacerles frente. En esas viviendas se irán reproduciendo, lo que, sumado a que todo el día escucharán CD's de Ricardo Arjona (sin que haya un hombre que ponga freno a tanto desquicio musical), implicará lisa y llanamente el fin de la humanidad.
Los mundiales serán un gran desconcierto. Al ser incapaces genéticamente de entender la ley del offside, en cada Copa del Mundo (la única vez que verán fútbol) contarán los goles en posición adelantada, y terminarán de ver los partidos con resultados totalmente distintos a los reales.
Además, festejarán jugadas que en realidad fueron en contra de la Argentina; lamentarán la expulsión de jugadores contrarios; gritarán "¡mano, mano!" en los saques laterales; apagarán la tele y se irán a la calle cuando en realidad apenas terminó el primer tiempo; volverán a gritar los goles en las repeticiones que se pasan minutos después de convertidos para adornar las transmisiones televisivas; verán las proyecciones en diferido de las madrugadas repletas de nervios pensando que son partidos-revancha de los encuentros jugados durante el día, y más cosas por el estilo.
Y tú, oh, lector gay, bi o hétero, ¿qué otras cosas te ves venir?
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