La lista de Pecados Capitales forma parte de la tradición cristiana. Con ella se clasifican los vicios para que los creyentes tengan una idea clara de lo que es la moral de su religión. No se llaman “Capitales” por la gravedad de su falta, sino por que son “cabeza” (cápita) de una serie de pecados que derivan de ellos.
Pecado es cualquier desviación del mandato divino y la religión cristiana ve al mal, al demonio, detrás de esas caídas. En el siglo XVI, Peter Binsfel asoció un demonio para cada Pecado Capital.
Peter Binsfel fue un teólogo alemán especialmente activo como cazador de brujas. Escribió un tratado sobre el tema en el que, entre otras cosas, consideraba que aunque las confesiones se produjeran bajo tortura, debían tenerse por ciertas. Aunque por otro lado, intentó limitar la edad en que los niños podían ser acusados y dudó tanto de las marcas del diablo como de los supuestos vuelos de las brujas.
En otra de sus obras, escrita en el año 1859, recopiló información de autores anteriores y designó un demonio para cada Pecado Capital. Su idea era que éstos eran la personificación del mal y los que inducían a los hombres a seguir sus malos instintos. Consideraba que además de los demonios asignados a cada pecado, existían muchos más que podían influir en los actos de las personas. Creía que los servidores del maligno eran numerosísimos.
Lujuria
La lujuria, es el deseo desordenado de recibir placer sexual. Se es una persona lujuriosa, cuando buscamos el placer sexual en sí mismo, sin importar si es antes o fuera de una unión matrimonial, sin importar que estás ofendiendo por ello a tu pareja, y haciendolo únicamente por disfrute, sin intención de que la unión sea para lograr el embarazo.
Asmodeo es el demonio de la lujuria. Asmodeo se enamoró de Sarah e impidió 7 veces que contrajera matrimonio. Más tarde fue amante de Lilith, la primera mujer de Adán, con la que engendró miles de demonios.
Gula
Pecar de gula implica beber y comer sin medida, comer por el puro hecho de comer, pese a que cuando lo hagas ya no te encuentres hambriento, y cuando todo el día estás pensando únicamente en comer. También implica beber de forma excesiva hasta llegar a un punto de embriaguez.
El demonio de la gula es Belcebú. Conocido también como “el señor de las moscas”, nombre que al parecer utilizaban los hebreos para burlarse de las ofrendas cárnicas de los idólatras que se pudrían y se llenaban de moscas. Otros historiadores creen que realmente su nombre es: “señor de la gran morada”. Es uno de los príncipes de las tinieblas.
Avaricia
La especial maldad de este pecado, consiste en la búsqueda continua de obtener propiedades, dinero y demás, con el único objetivo de vivir por y para eso.
El de la avaricia es Mammón. La palabra hebrea “mammón” puede traducirse como dinero, tesoro o riqueza. La encontramos en la Biblia en Mateo, 6, 24 “No podéis servir a Dios y a Mammón” o en otras traducciones: “No podéis servir a Dios y al dinero”.
Pereza
La pereza implica que una persona descuida sus obligaciones, es la falta culpable de esfuerzo, ya sea este físico, espiritual, acedia u ociosidad.
A la pereza le correspondió Belfegor. Belfegor tienta a la humanidad a través de la pereza atrayéndola con descubrimientos que le proporcionarán riqueza sin esfuerzo. Es uno de los siete príncipes del infierno.
Ira
La Ira implica enfadarse sin medir dicho enfurecimiento, y tener deseo de vengarse por actos en los que se ha visto perjudicado.
Amon es el demonio de la ira. Este demonio conoce el pasado y el futuro y es el encargado de vigilar a los que han pactado con el diablo. Se cree que está inspirado en el dios egipcio Amón al que los hebreos odiaban, ya que tuvo sometido a su pueblo.
Envidia
La envidia es la tristeza o el rencor que padece el envidioso, motivado por que las cosas le vayan bien a alguien, junto al deseo de que dicha fortuna le acompañe a uno mismo. Se trataría de uno de los 7 pecados capitales, oponiéndose al décimo mandamiento que afirma “No codiciarás los bienes ajenos”.
La envidia le pertenece a Leviatán. Es una especie de monstruo marino, posiblemente la reencarnación de la serpiente del paraíso de Adán y Eva. Fue Santo Tomas de Aquino el que lo describió como el demonio de la envidia.
Soberbia
El orgullo o la soberbia, es la estima en uno mismo, o amor propio que no debería producirse, en busca de la atención y el honor hacia la propia persona, siendo esto contrario a Dios.
Y por último, a la soberbia le corresponde a Lucifer. Es el “portador de la luz”. El ángel caído que dotado de gran belleza y sabiduría, por su tremenda soberbia, fue arrojado a los infiernos convirtiéndose en Satanás.