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La historia detras de El Exorcista
como todos recordaran esta película de El Exorcista fue una de las películas que más miedo le dio a uno de pequeño.
El Exorcista: El Miedo de Dios
Llegados a una época en el que el único aliciente del género de terror ha sido la autoparodia para desmitificar las bases del género y resucitar una tradición más cerca del splatter que de cualquier otro ámbito o vertiente psicológica, la opción más preferible es engrandecer el clásico más aterrador que haya dado el cine en su ya longeva existencia. Aquélla que ha permanecido en nuestra memoria como el prototipo del 'miedo' en estado puro, cercano, cotidiano, sabiendo que lo que se cuenta no es mera fantasía, está conviviendo con nosotros desde nuestros ancestros.
Si nos preguntaran cuál es la película de terror que más conmoción y miedo nos ha causado durante la Historia del Cine, probablemente responderíamos que El exorcista, no por un sentencioso sofisma pragmático que tenemos aprendido para resultar congruentes. Seguramente aquellos que la citen lo hagan porque en realidad la película sobrecogió realmente su sentido de la angustia. Aunque los gore hounds le otorgarían el privilegio a La matanza de Texas, Hellraiser, Halloween o Viernes 13 (si bien es cierto que no corresponden al mismo tipo de terror) y algún vetusto y viejo conocedor del género designaría Nosferatu, de Murnau como la más destacada, El exorcista (The Exorcist, 1973) sigue indefectiblemente ligada a los miedos más profundos del ser humano, a las pesadillas existenciales del hombre... La película de Friedkin es, por derecho propio, una obra que se distingue de sus procedencias terroríficas en el modo en que innovó, en la forma visual y temática con la que el filme recreó aspectos cinematográficos que hasta el momento sólo correspondían al cine clásico. El exorcista de William Friedkin permanece eterna en nuestro recuerdo reminiscente, entre otras cosas porque está basada en un hecho real y porque así la vendieron en su día.
Su realismo y crudeza, inscritos claramente en el género del docudrama, son el evidente signo que nos lleva a la conclusión de que el filme no es frecuente en este digno arte. Por eso, aún en nuestros días, sigue estremeciendo y horrorizando a todo aquel que la descubre o revisita con la intención de pasar un mal rato. Dada la diversidad de lecturas que posee esta pieza clásica, El exorcista sigue manteniendo un interés analítico con sublecturas realmente apasionantes...
Simpatía por el demonio
La época en que se gestó e hizo realidad el sueño de El exorcista es de lo más recurrente. A la era del liberalismo y de la reivindicación de la libre independencia y libertades de todo tipo (el hippismo en estado puro), se unió una descontrolada vocación y fascinación adjunta por la figura de Satanás y los iconos religiosos. Todo ello convirtió a Estados Unidos en un país ecuménico abierto a todo tipo de ritos, sectas y credos que utilizaban muchas veces la figura del Diablo como efigie a la que adorar. La rebeldía del momento acabó por imponer una libertad que permitía todo tipo de aberraciones en todos los ámbitos (ya sea sexual, político y social). Unido al éxito de la polémica y reivindicativa Easy Ryder, de Dennis Hooper y la brutal agresión por parte de los temidos 'Ángeles del Infierno' a una comunidad afroamericana, hay que asociar la multitud de grupos musicales que entonaban estruendosas odas a la figura del Maligno, encabezados por sus 'Satánicas Majestades', los Rolling Stones de Mick Jagger.
El momento en que llegó el filme de Friedkin supuso una nueva perspectiva al servicio del espectador de la iconografía de un tema tan ambiguo como es el fascinador universo del Mal representado en su forma más espeluznante, es decir, en Satanás (o en este caso en Belcebú, protagonista total de El exorcista). Con tanta provocación y pantomima alrededor de Baphomet y toda su tradición malévola, se llegó a un momento en que su figura pasó a ser más un producto de merchandising y provocación publicitaria de grupos musicales que lo que realmente significa. Satán pasó a ser una leyenda poco religiosa y demasiado folclórica. Por eso esta obra magna del género supuso una auténtica y clarividente resurrección del género (y del Mito) que siguió el camino abierto cinco años antes por la espléndida cinta de Polanski La semilla del diablo, una cinta a la que se acusó directamente de provocar la Masacre de Cielo Drive cometido por la sanguinaria Manson Family.
Algunos sucesos raros que acontecieron en la filmacion:
Pero lo que no todo el mundo sabe es que detrás de la filmación de la misma un grupo de cosas extrañas comenzaron a suceder...
- Lo primero es que en la misma casa donde a un joven le hicieron un exorcismo (fuente de inspiración para el libro y la película) fue donde se hizo la filmación.
- El padre Dennings (al primer padre que visita a la pequeña) se muere después de filmar todas sus escenas de pulmonía y la madre del padre Karros (al que el demonio se le mete dentro) muere naturalmente, todo esto sucede antes del estreno de la película.
- Después se produce un incendio y que las causas del fuego nunca fueron descubiertas, que arrasó con un set del filmación durante un fin de semana y retrasó el estreno por un mes y medio.
- La mama de la pequeña (Ellen Burstyn) sufrió una lesión espinal permanente durante la película. Que fue nada más y nada menos que cuando la niña poseída le dá un zumbón que la mandó al piso y entonces la protección que tenia, tras varios intentos, le dio un jalón más fuerte de lo esperado y calló sobre su coxis (parte baja de la columna vertebral)
- También la niña (Linda Blair) se lastimó la espalda cuando un mega sprint del colchón se salió al tiempo en que la lanzaban a la cama.
- Cuando se revisaban las escenas, se escuchaban ciertas voces que durante la filmación no ocurrieron...
- Algunos rollos de película se desaparecían misteriosamente y luego aparecían justamente donde se habían dejado (como así !!! )
- Ah durante el famoso fuego, se murieron 4 personas,
- El director murió de un ataque al corazón
- La versión teatral fue protagonizada por Mary Ure quien murió al otro día de estrenarse la obra.
- Tuvieron que llamar a un padre para bendecir la filmación.
- Todo el que trabajó en esa película ha dicho que su vida dió un giro drástico después de esa filmación.
A todo esto, en el 2004 se rodó El exorcismo: el comienzo, que también tuvo un grupo de fenómenos paranormales:
- El primer director murió.
- Se perdieron un grupo de objetos que se utilizarían en la película.
- Varias personas sufrieron accidentes.
El descubrimiento de un mito de doce años
Sin duda alguna, aparte de la perfección narrativa, de la labor de un equipo que se dejó la piel en el rodaje y del global de todo lo que supuso en la época El exorcista, el filme de Friedkin encontró una joya para la posteridad. La pequeña Linda Blair tampoco era ajena a la dureza del rodaje, pero siempre respondía al director con una hermosa sonrisa. Al casting se presentaron más de 500 niñas (tampoco es que muchas madres quisieran que sus 'hijitas' se metieran en la piel de Satanás), y cuando Friedkin vio a Blair se le encendió la lucidez que otrora le caracterizara. La joven allí presente había nacido en Connecticut, el 22 de enero de 1959 (es decir, que tenía 12 añitos) y había trabajado en pequeños roles de películas como The Way We Live Now (1970), de Barry Brown y sobre todo ejerciendo como sonriente rostro para anuncios televisivos. En la entrevista final nadie podía creer que aquella señorita fuera tan madura para una niña de su edad. Aseguró haberse leído el guión dos veces, aprendiéndose los pasajes más escabrosos del mismo. Blatty y Friedkin fueron más allá y le preguntaron sobre el argumento.
Blair, sin ninguna vergüenza o recelo aseveró "...sobre una posesión diabólica. Sobre una niña poseída a la que le pasan cosas malas por tener el Diablo dentro..." o del estilo de "yo creo que es una deliberada exposición de la pérdida de la fe en la actualidad...". Esto puede llevar a la reflexión sobre cuál era el grado de aprendizaje que la madre imponía en los monólogos que le pasaban a su hija en los castings. Pero cuando Friedkin le preguntó acerca de la secuencia del crucifijo, la pequeña Blair le miró a los ojos y le concretó: "...¿la de la masturbación?...". Friedkin atónito le replicó: "...¿sabes lo que es masturbarse...?", la actriz dijo: "...Oh, claro, se hace para llegar al orgasmo...". Blatty batió su puntilla al inquirir: "...¿y tú te masturbas?..." y Blair se ganó a los dos con una personalidad abrumadora al responder: "...Por supuesto, ¿y tú?...". Linda Blair iba a hacer una de las mejores interpretaciones infantiles que se recuerden en la historia del cine. Durmiendo cuatro o cinco horas al día ante la exigente actitud de Friedkin, la pequeña nunca se mostró cansada o caprichosa, jamás se quejó. Recuerdan que un día, tras 17 horas de rodaje, Linda no pudo más y cayó dormida, siendo luego recriminada por Friedkin. Enseguida, la actriz le dio una de las mejores tomas de la película. La profesionalidad que mostró en todo momento era incomprensible para una actriz de su edad. Ellen Burstyn la recuerda como "un cielo de persona. Trabajar con ella fue lo mejor de un rodaje brutal. No sé cómo aguantó, siempre con aquella sonrisa angelical...".
Producción le asignó un psicólogo a Blair. Pero en vez de trabajar con la niña, tuvo que atender a los demás miembros del equipo porque a la joven no le hacía falta. Incluso embutida en el pesado maquillaje de Dick Smith y profiriendo toda clase de improperios y barrabasadas, la pequeña Linda afirmaba: "Es el papel que interpreto, Regan no es ella, es el Demonio y éste actuaría así...". El aguante que toleró la actriz no se vio recompensado con el Oscar al que fue nominada en 1974 por su labor como actriz secundaria. Paradójicamente lo perdió frente a Tatum O'Neal por Luna de papel, de Peter Bogdanovich. O'Neal tenía 11 años. "Me lo merecía más, pero ha sido maravilloso. Otra vez será...", respondió a los medios de comunicación tras la entrega de las estatuillas.
Pero nada iba a estar más lejos de la realidad. Sus futuras películas no fueron ni mucho menos exitosas, todo lo contrario. Su meteórico estrellato le hizo caer en el lado oscuro del éxito a edad temprana. Con 20 años fue acusada de tenencia de estupefacientes y nunca más volvió a levantar el vuelo. Filmes como Nacida inocente, Las dos caras de Julia de Wes Craven o breves papeles en películas como Aeropuerto 75 o Victoria en Entebbe no sirvieron para devolverla al estrellato que se había ganado con sólo doce años. De hecho, cuando en 1977 John Boorman la llamó para hacer un papel secundario en la archimaldita (pero reivindicable) El Exorcista II: El hereje, la Blair era ya una atractiva mujercita que era recordada por su papel de Regan en la película de Friedkin. Nunca se pudo quitar de encima un personaje que, a pesar de darle la fama, también coartó para siempre una carrera con posibilidades, ya que el talento de Linda Blair sigue siendo innato. Convertida en los 90 en actriz de culto, la hemos podido ver últimamente haciendo cameos autoparódicos en la primera parte de la saga Scream de Craven y protagonizando telefilmes (donde es una de las reinas norteamericanas) como Walking After Midnight. Lo último ha sido la esperada Famous, de Griffin Dunne.
El terror cotidiano
El exorcista continúa casi tres décadas después siendo una indiscutible obra maestra que todavía hoy guarda su frescura y magnificencia. La película de Friedkin irrumpió en un periodo en el que el género de terror estaba perdiendo su sentido, realizando una mixtura entre el género clásico en su ápice más psicológica, el splatter de vómitos, sangre y cabezas viradas y, sobre todo, y he ahí la mejor baza del terror constante, una invariable estética y narración muy inspirada en el docudrama, contiguo a la realidad más abrumadora, siguiendo todo el proceso de posesión como si de un documento gráfico se tratara. Expiando los demonios que cohabitan con la conciencia humana, El exorcista combina una historia de terror donde se yuxtaponen, de forma ejemplar, un contexto existencial amenazante con un ambiente cotidiano y diario.
La historia real: El 20 de agosto de 1949, William Peter Blatty, un estudiante de la Universidad de Georgetown publicó un impactante artículo en el Washington Post. Dicho artículo hacía una breve reseña de un supuesto caso de posesión demoníaca ocurrido en Mount Rainer, Maryland. El poseído era un chico de 14 años llamado Robbie Mannheim.
Robbie era un niño normal que vivía con su familia en Bunker Hill Road, en Mount Rainer, según Thomas B. Allen, autor del libro Possessed publicado en 1993. Robbie tenía una excelente relación con su tía que era médium y que juntos realizaron regularmente sesiones de Ouija para entrar en contacto con espíritus. El 15 de enero de 1949 empezaron a producirse fenómenos extraños sin causa aparente. Se empezaron a escuchar misteriosos pasos y rasguños en las paredes que darían algún que otro sobresalto a la familia, pero esto sólo era el principio. Once días más tarde, la tía de Robbie muere de manera inesperada en St. Louis, y Robbie intenta inmediatamente entrar en contacto con ella a través de la Ouija.
Semanas después en la habitación de Robbie se empezaron a escuchar fuertes ruidos, el chico empezaba a mostrar comportamientos muy extraños. La familia no tardó en consultar con un médico y un psiquiatra lo ocurrido, pero Robbie no mostraba tener ninguna enfermedad mental y se encontraba bien físicamente.
El jueves 17 de febrero Robbie pasó la tarde en casa del reverendo Luther Miles Schulze, después de ver esa misma noche lo que ocurría, no dudó en recomendar a la familia que acudiese a un sacerdote católico. El reverendo pudo ver esa misma noche como la cama donde dormía Robbie se movía violentamente de forma inexplicable.
Entre el 27 de febrero y bajo la supervisión del padre Hughes, Robbie experimentó un primer intento de exorcismo en el hospital de Georgetown, donde éste atacó brutalmente al padre Hughes; se liberó de las ataduras y con un muelle que arrancó del colchón comenzó a golpear violentamente al sacerdote provocando varías heridas en su brazo.
Pero las manifestaciones no terminaron ahí, sobre el cuerpo del muchacho empezaron a aparecer cortes aleatorios y de su piel surgían palabras con letras de sangre como sábado,Louis y odio. Mientras esto sucedía, el obispo de Raymond y el padre William Bowdern investigaban la autenticidad de la posesión demoníaca, mientras según la familia Mannheim la presencia demoníaca que habitaba en el cuerpo de su hijo era la tía de Robbie.
Finalmente el miércoles 16 de marzo, el padre Bowdern realizó un exorcismo en el hogar del tío de Robbie en St. Louis. Durante el ritual aparecían cardenales y señales con las palabras infierno y rencor. Robbie también escupía en las caras de los presentes, realizaba movimientos obscenos, insultaba a los sacerdotes e intentaba llamar su atención constantemente con provocaciones sobre relaciones sexuales entre curas y monjas. Incluso en algunas ocasiones pronunció frases en latín, una lengua que desconocía y que nunca había estudiado.
Robbie regresó a su ciudad natal donde lo internaron en una residencia mental segura para él; fue en este lugar donde el domingo de pascua se realizó un nuevo exorcismo y donde posiblemente se produjeron los hechos más brutales. Durante el ritual la palabra “salida” apareció en el pecho del niño acompañado de una flecha señalando hacía abajo, concretamente a su pene. Después, según el obispo, Robbie hablaría con la voz del mismísimo diablo. El aspecto físico del niño se había convertido en siniestro y la temperatura ambiente de la habitación caía bruscamente
El 18 de abril a las 11pm, se realizaba un trigésimo intento de exorcismo, Robbie se revolcaba y gritaba, “¡Satán!”, “¡Satán!”. Soy Michael, y ordeno a Satán y a los otros espíritus malignos, que dejen este cuerpo, en el nombre de Dominus. ¡Inmediatamente!, ¡Ahora!, ¡Ahoraaa!,¡Ahorraaa!.
La reacción de Robbie hacía éstas palabras, fue violenta, sus espasmos aumentaron drásticamente hasta que de pronto se tranquilizó de repente. Elevó la mirada hacia los sacerdotes y dijo: “Se ha ido”.
Este impresionante caso de posesión interesó a William Peter Blatty, que le hizo replantearse su vocación de sacerdocio, esta historia podría probar que existen los espíritus malignos y demonios, así pues, también cabía la posibilidad de la existencia de los ángeles.
Veinte años habían pasado y William Peter Blatty era un célebre escritor de comedia. A finales de los 60, la comedia había decaído y entonces recordó el caso de 1949 y decidió escribir algo sobre el exorcismo de Maryland. Su primer paso era contactar con el envejecido padre Bowdern; para pedirle ayuda y así fue. Pero la familia de Robbie no quiso que aquel libro se publicara, sólo querían olvidar.
Pero Blatty no se dio por vencido y no abandonó la idea. Por fin decidió escribir una historia ficticia basada en el exorcismo de Maryland. Años más tarde y después de muchas investigaciones empezó a escribir las primeras páginas de “El Exorcista”. Para separar la historia real de Robbie, él hizo que el protagonista del libro fuese una niña de 12 años.