¿Estar solo te predispone a enfermar?
Una nueva investigación vincula la soledad a problemas en la respuesta del sistema inmune. Entre otras cosas, las personas que viven en soledad muestran niveles muy elevados de proteínas relacionadas con la inflamación, indicadoras de enfermedades crónicas como patologías coronarias, diabetes tipo 2, artritis o enfermedad de Alzheimer. Además, quienes pasan la mayor parte de su vida sin compañía muestran mayor reactivación de herpes virus latente, que según se sabe está asociado con el estrés, lo que indica que el sistema inmune de las personas solitarias se defiende peor de las agresiones externas y de las situaciones de estrés crónico.
La mitad de las personas infectadas por el virus del herpes nunca manifiestan la enfermedad, pero el virus se mantiene “dormido” dentro del cuerpo y puede reactivarse en cualquier momento. “Este tipo de investigaciones es importante porque nos permite entender de qué manera la soledad y las relaciones humanas afectan a la salud -y contrarrestarlo, si es posible-“, aclara Lisa Jaremka, investigadora del Instituto de Medicina del Comportamiento de la Universidad Estatal de Ohio (EE UU) y coautora del trabajo.
Descubierta la cuádruple hélice de ADN
En 1953, James Watson y Francis Crick, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), pasaron a los anales de la historia de la ciencia tras publicar un artículo describiendo la estructura en doble hélice del ADN, el código químico universal común a todas las formas de vida en la Tierra. Sesenta años después, científicos de la misma universidad acaban de identificar estructuras en cuádruple hélice en el genoma humano. Según publican los investigadores en la revista Nature Chemistry, se trata de estructuras formadas en regiones especialmente ricas en uno de los “ladrillos” del material genético, la base nitrogenada guanina (G).
El hallazgo de esta estructura es fruto de diez años de investigación, y apunta a que las cadenas cuádruples son imprescindibles para el proceso de replicación del ADN y para la división celular. Según ha explicado Shankar Balasubramanian , coautor del trabajo, las nuevas estructuras son especialmente abundantes “en los genes de las células que se dividen rápidamente, como las células cancerosas”. De ahí que Balasubramanian y sus colegas no descarten que la estructura de la cuádruple hélice pueda conducir a nuevas estrategias terapéuticas para detener la proliferación celular descontrolada que caracteriza al cáncer.
Las diez personas vivas más inteligentes del mundo
La organización estadounidense Super Scholar ha elaborado un ranking con las diez personas vivas más inteligentes del mundo. En ella aparece Stephen Hawking, el conocido físico teórico, con un cociente intelectual de 160, 14 premios y 70 años de edad (y experiencia). Según afirman los autores de la lista, con los 7 libros que ha publicado hasta la fecha “ha conseguido que los simples mortales entendamos el universo”.
Otro de los escogidos para este peculiar “top ten” es el ex niño prodigio Kim Ung-Yong, que con un cociente intelectual (CI) de 210 aparece en el Libro Guinness de los Récord y que a los dos años de edad ya hablaba cuatro idiomas; además de que empezó a estudiar en la NASA cuando acababa de cumplir ocho.
También muy populares son otros personajes de la clasificación como Garry Kasparov, el con 190 de cociente intelectual y ganador del título mundial de ajedrez a la edad de 22 años; el matemático británico Andrew Wiles, que demostró el último Teorema de Fermat, considerado “el más difícil del mundo”; y por supuesto Paul Allen, cofundador de Microsoft, que ha sabido utilizar su inteligencia (su CI es de 170) para hacer dinero y figura también en la lista de las 48 personas más ricas del mundo.
Completan la lista el actor James Woods (CI, 180), que antes de entrar en Hollywood estudiaba Álgebra Lineal y fue alumno del prestigioso instituto MIT; el físico Cristopher Hirata (CI, 225), que a los 14 años trabajaba en Caltech; el investigador Terrence Tao (CI, 230),con más de 200 artículos publicados; la niña prodigio del ajedrez Judit Polgar (CI, 170); y el guionista televisivo Rick Rosner (CI, 192).
La felicidad y la inteligencia se pueden transmitir a través de una bacteria
En la última década, los científicos han descubierto que el comportamiento, el estado de ánimo e incluso la memoria pueden verse modificados por la acción de microbios externos. Un claro ejemplo son los efectos que nos provoca estar en contacto con Mycobacterium vaccae, una bacteria que vive en el suelo y que inhalamos cuando damos un paseo por el campo, jugamos un rato en el parque o podamos las plantas del jardín. Según un estudio publicado hace unos años en la revista Neuroscience, este microbio estimula a las neuronas de la corteza prefrontal del cerebro humano para que liberen serotonina, el neurotransmisor de la felicidad y el bienestar, lo que nos pone de muy buen humor. Lo que es más, Christopher Lowry, neurocientífico de la Universidad de Bristol (Reino Unido), ha comprobado que inyectando la bacteria en ratones de laboratorio ejercía un efecto antidepresivo muy similar al popular Prozac.
Por si esto fuera poco, Dorothy Matthews, investigadora de The Sages Colleges de Nueva York (EE UU), ha llegado a la sorprendente conclusión de que M. vaccae también puede mejorar la capacidad de aprendizaje. En experimentos con roedores alimentados con la bacteria viva, Matthews y su equipo comprobaron que los animales “infectados” se movían más rápido por los laberintos y sufrían menos ansiedad. “Podemos especular que sería positivo programar en las escuelas un tipo de aprendizaje al aire libre para adquirir nuevas habilidades”, sugiere Matthews. A la vista de estos resultados, tampoco parece descabellado imaginar que, en un futuro no muy lejano, podamos tomar un puñado de estas bacterias para convertirnos en personas más felices e inteligentes. De hecho, en 2003 Rook y Lowry ya dieron el primer paso en este sentido al obtener una patente para el uso de M. vaccae y derivados para tratar la ansiedad, los ataques de pánico y los trastornos alimentarios.
¿El exceso de azúcar causa cáncer?
Investigadores españoles de la Universidad Rey Juan Carlos han demostrado que el exceso de azúcares aumentan la actividad de una proteína llamada b-catenina, íntimamente relacionada con la progresión tumoral. Se explica así por qué los datos epidemiológicos reflejan que la frecuencia de ciertos tipos de cáncer puede llegar a ser el doble en poblaciones con niveles elevados de azúcar en sangre, como los obesos o los diabéticos.
Custodia García Jiménez y sus colegas han identificado que mientras niveles normales de azúcar no causan ningún efecto, cuando están excesivamente elevados inducen cambios en la proteína b-catenina que promueven la proliferación celular en células tumorales de intestino delgado, mama, ovario, páncreas, colon, etc. “Los resultados nos sorprendieron porque implican que los cambios metabólicos promovidos por la dieta impactan directamente sobre el riesgo de padecer cáncer”, expone García-Jiménez. “La dieta es una de las formas más fáciles y baratas de prevención que puede ahorrar mucho sufrimiento y dinero al Sistema Nacional de Salud”, añade. Uno de cada tres cánceres podrían prevenirse modificando la alimentación y el estilo de vida.
La noticia es positiva teniendo en cuenta que los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para España son demoledores: uno de cada seis niños padece obesidad infantil, lo que supone una de las tasas más altas de Europa.
Distinguimos las emociones por la expresión del cuerpo, no por la de la cara
¿Es más fácil adivinar el estado de ánimo de una persona mirando la expresión de su rostro o la de su cuerpo? Aunque parezca que las caras transmiten mejor las emociones, lo cierto es que el cuerpo se expresa con mucha más fiabilidad, según revela un estudio publicado en la revista Science.
Los autores, de la Universidad de Princeton, mostraron a un grupo de voluntarios una serie de fotografías en las que debían evaluar la intensidad de las emociones de tenistas profesionales al ganar o perder puntos en un partido. En primer lugar se les mostraba la cara, después el cuerpo, y por último la imagen completa del deportista. "Para nuestra sorpresa", explican los autores, "cuando los voluntarios vieron únicamente las caras de los jugadores no pudieron distinguir la expresión de los ganadores frente a la de los perdedores". Sin embargo, si que pudieron hacerlo al ver el cuerpo o la fotografía completa de cuerpo y cara.
En un segundo experimento, los científicos usaron el retoque fotográfico para combinar los rostros de perdedores con el cuerpo de ganadores, y viceversa. En este caso, los participantes identificaban la expresión positiva o negativa en función del cuerpo, y no de la cara. Para explicar estos resultados tan sorprendentes, los investigadores argumentan que "es posible que los músculos faciales no sean los más adecuados para mostrar una expresión intensa". Además, creen que cuando las emociones son muy fuertes se puede producir una distorsión similar a la que se da cuando un altavoz está a todo volumen: "la calidad de la señal se degrada y se vuelve ruidosa", explican.
¿Por qué el queso es un alimento adictivo?
Uno de los alimentos calificados como los "más deseados" es el queso, ya sea suizo, manchego, provolone, roquefort, brie, cheddar, gruyere, parmesano o gorgonzola. Gran parte de su atractivo, según los expertos, se debe a que contiene casomorfina, una sustancia estructuralmente parecida a las endorfinas, presente también en la leche materna, y que genera una agradable una sensación de bienestar.
Su efecto adictivo, aunque potente, es diez veces inferior al de su hermana mayor, la morfina.
La afición por el deporte depende del tamaño del cerebro
Que seas o no una persona atlética y deportista podría estar ligado al tamaño de ciertas zonas de tu cerebro, según un estudio de la Universidad de California coordinado por Tehodore Garland. Usando imágenes de resonancia magnética funcional para analizar el cerebro de roedores criados durante generaciones para seleccionar a aquellos “amantes del ejercicio”, los investigadores observaron que su cerebro medio tenía un tamaño un 13% mayor de lo normal. En esta zona del cerebro residen los centros de control de los sistemas motor, auditivo y visual. Además, es esencial para el aprendizaje con recompensa y la motivación.
“Estamos ante la primera evidencia de que seleccionar un comportamiento en mamíferos -en este caso la predisposición de los rodeadores a dedicarse a correr voluntariamente en una rueda durante varias horas al día-, deriva en un cambio de tamaño en una estructura cerebral”, puntualiza Garland, que ha dado a conocer sus conclusiones en la revista The Journal of Experimental Biology.
En cuanto a las implicaciones para el ser humano, los autores argumentan que es posible que las diferencias individuales en la predisposición hacia el ejercicio puedan estar relacionadas con el tamaño del cerebro medio, e incluso que el volumen de esta zona pueda heredarse de padres a hijos, aunque habría que llevar a cabo estudios más específicos para poder extraer conclusiones.
¿A qué se denomina "ciclogénesis explosiva"?
Cada invierno, en el Mediterráneo es bastante habitual que se produzcan las llamadas ciclogénesis explosivas como resultado de la convergencia de masas de aire frío con masas de aire cálido inestable. También conocidas como “bombas meteorológica” o “bombogénesis”, consisten en la formación a gran velocidad de un nuevo ciclón, es decir, un sistema de baja presión. El fenómeno es extraordinariamente rápido, ya que la presión atmosférica baja en torno a 24 milibares en 24 horas o menos.
La última ciclogénesis explosiva registrada atravesó la península Ibérica el pasado sábado y fue bautizada con el nombre de “Gong”. El fenómeno alcanzó rachas huracanadas por encima de los 140 km/h.
Una explosión de rayos gamma golpeó la Tierra en la Edad Media
Una colisión de agujeros negros, de enanas blancas o de estrellas de neutrones podría haber sido responsable de una enérgica Explosión de Rayos Gamma que golpeó la Tierra en la Edad Media, según señala un estudio elaborado por astrónomos alemanes, del Instituto de Astrofísica de la Universidad de Jena y publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Según el trabajo, los habitantes de la Tierra en aquel entonces no se enteraron.
Los análisis de dos isótopos, Carbono-14 y Berilio-10, han revelado que, en el año 774 o el año 775, una explosión muy corta (unos dos segundos), a una distancia de entre 3.000 y 12.000 años luz, habría liberado energía en forma de rayos gamma, que son la parte más energética del espectro electromagnético que incluye luz visible. Sin embargo, parece que pasó totalmente inadvertida para nuestros antepasados. Según los investigadores, todo apunta a que cuando la radiación llegó a la Tierra fue absorbida por la atmósfera, y, por ello, no hay signos evidentes de un evento masivo. “Si el estallido de rayos gamma hubiera sido mucho más cerca de nuestro planeta, podría haber causado un daño significativo a la biosfera”, según han explicado Ralph Neuhӓuser, coautor del trabajo, que añade que, según tenemos constancia gracias a los registros de los árboles, "algo así solo ha sucedido una vez en los últimos 3000 años".